El artista multidisciplinar Francisco Javier Cabrera Sánchez presenta la exposición ‘Ese algo +’, una serie de 19 piezas en la que invita a volver a lo esencial

dFranzy: un paisaje donde volver a encontrarse
El artista multidisciplinar Francisco Javier Cabrera Sánchez presenta la exposición ‘Ese algo +’, una serie de 19 piezas en la que invita a volver a lo esencial
En un mundo lleno de ruido, el artista multidisciplinar Francisco Javier Cabrera Sánchez (dFranzy) ha hecho una propuesta: explorar una nueva forma de mirar. En 19 piezas, la serie Ese algo +, presentada en el Espacio de las Artes Pepe Dámaso de Pájara, invita a volver a lo esencial. Con obras combinadas, el pintor y también fotógrafo, arquitecto y músico propone regresar a la matriz de la fotografía y el trazo para hablar desde el arte, pero, sobre todo, con uno mismo.
Desnudando la imagen hasta su mínima expresión, el píxel, y simplificando el trazo para volver a la esencia, dFranzy busca en cada una de las piezas esa riqueza oculta en el paisaje, capaz de mover corazones, de aportar paz, de reencontrarnos y de movernos de dentro hacia afuera en un diálogo de tú a tú.
El proceso comienza con un espacio que despierta una emoción: lo fotografía y lo recorta, dejando lugar al “vacío” y, con él, al diálogo entre la fotografía y el trazo pictórico. Esta conexión representa para el artista una forma de recuperar el silencio, una necesidad cada vez más urgente en una sociedad saturada de imágenes. Es en ese silencio donde volvemos a escucharnos.
dFranzy no se ha ido muy lejos para encontrar ese refugio al ruido, sumergiéndose en ese paisaje sencillo, árido y callado de su Fuerteventura. En Ese algo +, el paisaje se torna protagonista, explica el artista. “Esta serie busca descubrir este paisaje al resto de las personas, no es la Fuerteventura de las playas o volcanes, es esa de montañas redondeadas, de piedras calcáreas” que, a su juicio, “no se ha valorado lo suficiente”. En este momento, confiesa, “hay tanto ruido que necesitamos volver a encontrar lugares de silencio, conectar con nuestro interior y este paisaje lunar y de puestas de sol nos da ese recogimiento interior”.
Durante meses, dFranzy recorrió los mismos caminos una y otra vez. Observó cómo las lluvias transformaban temporalmente la aridez en un mosaico de verdes inesperados e integró todas estas emociones dentro del propio proceso creativo. “A mí me ha servido muchísimo caminar por estos lugares”, reconoce, porque fue en esos paisajes aparentemente austeros donde encontró una capacidad para generar silencio, y de él nació la oportunidad.
“La Isla de montañas redondeadas y de piedras calcáreas no se ha valorado”
“La pintura siempre ha estado conmigo”, explica, pero algo cambió cuando la pandemia de Covid alimentó la necesidad de dedicar tiempo a lo que lo urgente había silenciado. Este paréntesis dejó espacio a la pregunta sobre la que pivota la obra: quiénes somos. dFranzy buscó la respuesta a su inquietud en “un baño de paisaje” donde pudo “redescubrir algo que estaba tan cerca, sin saber que estaba allí”, como nuestra propia identidad. En los meses de confinamiento, esta pregunta adquirió una dimensión completamente nueva.
Ese algo + es solo la puerta de entrada a conocer el paisaje, a poner en valor la belleza de lo cotidiano, a atender al silencio en un mundo que va demasiado deprisa. En estas obras de dFranzy “el paisaje de Fuerteventura se transforma en un refugio sensorial donde el espectador puede detenerse, respirar, sentirse parte del universo y reactivar su propia percepción de lo revelador en lo cotidiano”, hallando en este espacio “un lugar de encuentro entre el interior del espectador y el exterior natural infinito”.
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Quiere “elevar el paisaje de la Isla a este punto de recogimiento interior”
Aunque en esta serie dFranzy se presenta como pintor, su relación con la creación artística comenzó mucho antes de esta selección de obras y nunca estuvo limitada a una sola disciplina. La música ha pasado a formar parte de su proyecto, avanzando en paralelo, pero pivotando en la idea común de volver a encontrarse con uno mismo.
En una prolongación del mismo discurso, el artista entiende la arquitectura, la fotografía, la pintura y la música como distintas herramientas para abordar una misma inquietud, que ya tiene nuevo reto. Después de esta primera exposición, ya piensa en el siguiente paso y en llevar la serie a nuevas salas, sacar el proyecto fuera de Fuerteventura y continuar desarrollando las líneas de investigación que han dado origen a estas 19 obras. Al mismo tiempo, prepara nuevas composiciones musicales y trabaja en otra serie pictórica que ampliará el recorrido iniciado hasta ahora.
Con su primera visita guiada, la exposición ha cobrado vida, llenando el Espacio de las Artes Pepe Dámaso de ojos ávidos y decenas de interpretaciones nuevas. dFranzy se confiesa satisfecho porque “la gente reflexione” con él y poder “elevar el paisaje de Fuerteventura a este punto de descubrimiento interior”.
Lo esencial
La obra pictórica de dFranzy investiga la relación de la fotografía y la pintura para que convivan en equilibrio, revelando aquello que la fotografía sugiere, pero que la pintura logra descubrir. En este camino conecta con artistas como Gerhard Richter, por su relación entre imagen fotográfica y gesto pictórico, o Peter Doig, por su manera de transformar el paisaje en un territorio de memoria y emoción.
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“Hay tanto ruido que necesitamos volver a encontrar lugares de silencio”
Su trabajo bebe de la reducción a lo esencial, ya que a través de pequeños fragmentos del paisaje de Fuerteventura, elimina lo superfluo para dejar que permanezcan la luz, las formas, las texturas y el vacío como elementos de contemplación. Esta búsqueda enlaza con la tradición del paisaje minimalista japonés, especialmente con Hasegawa Tōhaku, donde la simplicidad y el silencio adquieren una dimensión espiritual.
Para dFranzy, el territorio no es solo una realidad física, sino una geografía emocional. Las montañas, las piedras y la luz de Fuerteventura se convierten en elementos capaces de transmitir energía, memoria e introspección, en diálogo con la conciencia paisajística de César Manrique y con artistas como Karin Daymond, que estudió la relación entre paisaje y emoción.
En sus obras, el paisaje se transforma en un lugar donde el espectador puede detenerse y conectar con su propia memoria. En esta mirada cercana a la visión romántica de Caspar David Friedrich y a los estudios de luz y esencia de Joaquín Sorolla, la naturaleza se convierte en una experiencia emocional que busca ir más allá de la representación.















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