
Espantar a un buitre
Cómo se espanta un buitre. Que alguien me lo diga. Cómo se aleja un buitre de nuestros últimos pedazos, cuando ya casi no queda nada.
Vienen pisándolo todo, hurgando la herida, arrancando carne, capa a capa. Vienen a hacer sangrar donde ya duele y a romper donde ya hay roto. A clavarse, allí donde yace, agotado, el roto más cortante que existe, la herida más abierta, el hueco, el vértigo desnudo, apretándose en lo más profundo del abdomen. Vienen clavándose, así vienen: sobre el dolor ajeno, sobre el dolor que es nuestro, sobre el dolor de todos. Vienen a profanar la herida, a destruir un templo: la intimidad sagrada de llorar a solas, de lamerse una herida inabarcable, de abrazarse lejos de los ojos feroces de lo inhumano, de lo cruel.
¿Quién le abrió la puerta a estas aves carroñeras? ¿Quién los dejó entrar? ¿Quién les dio permiso? Y acaso vamos a permitirlo.
Deberíamos salir a la calle, cargar nuestras flores, cargar nuestras velas. Deberíamos volcar la plaza, ponerla patas arriba, no dejarles un solo hueco para posarse. Deberíamos chillar muy fuerte, sacar a gritos esta rabia, partir el cielo a puñetazos, dejarlo caer sobre sus frentes. Deberíamos no dejarles irse con esa calma, no dejarles limpiarse relajadamente entre las plumas, no dejarles pasar con la sangre en el pico. Ay, esta impunidad.
Deberíamos cortarles el paso, con las manos en alto y agitando los brazos. Invocar a guirres, cernícalos y avutardas, formar un ejército de alas suaves para cubrir el cielo. Deberíamos formar una barrera, con nuestro coraje, nuestra impotencia y nuestra herida, obligarles a irse, no dejarlos volver. Que el dolor de los nuestros no está en venta, que la carne de los otros no es un producto, que en esta isla no hay hueco para ellos: no nos cabe ni una sola miseria más.
Ojalá, Fuerteventura, no olvides. Ojalá no olvides lo que hicieron. Ojalá siempre recuerdes con exactitud portadas, palabras y veneno. Ojalá siempre sepas quién traficó con lo más sagrado, quién clavó una lanza en la carne abierta, quién traspasó todos los límites de lo inhumano.
Que alguien me diga cómo espantar a un buitre, cómo echarlo, cómo enviarlo lejos.
Para comenzar, quitarle el sustento, más allá de nuestra carne, más allá de nuestra herida, parece una buena idea.
Ojalá Fuerteventura nunca lo olvides y de tu mano, con tu grano, nunca alimentes un buitre.











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