OTRA HISTORIA DE CANARIAS

Los corsarios en la historia de Fuerteventura y Lanzarote

Un congreso en Teguise indaga en la profunda huella local e internacional que dejaron los navegantes con patente de corso

Mario Ferrer 0 COMENTARIOS 05/06/2024 - 06:20

Piratería y corsarismo son mundos gemelos aunque distintos. Y es importante entender la diferencia. Los primeros actuaban de forma independiente, atacando y robando según su propio interés, mientras los corsarios hacían prácticamente lo mismo, pero bajo la bandera de algún país. La llamada patente de corso era un permiso especial que daba un reino o un país a una nave para atacar navíos de naciones enemigas.

Los corsarios también fueron usados, aunque en menor medida, para defender zonas o rutas de transporte marítimo. Esta fórmula se empezó a usar desde la Edad Media porque era una opción más barata que costearse la construcción y el mantenimiento de una armada propia. También servían como refuerzo para la flota de guerra de grandes países como España, Francia o Inglaterra, mientras que para los corsarios era conveniente en muchos sentidos tener el apoyo de un reino o nación.

Para los que eran atacados, la diferencia entre piratas y corsarios era escasa. Tras sufrir pillaje, cautiverio y destrucción, la cuestión de si quien te agredía lo hacía con o sin bandera oficial detrás era un tema bastante secundario para las víctimas. Lo que sí era clave era la religión, porque estaba prohibido por el papado que los cristianos vendieran como esclavos a otros cristianos, de manera que el corsarismo berberisco era especialmente temido.

La carga de Indias que pasaba por Canarias era de gran interés para el corsarismo

En 1618, una flota de 36 barcos y 3.000 corsarios argelinos, liderados por Tabac Arráez y Solimán, destruyeron Teguise y Arrecife, saqueando todos los objetos de valor que encontraron y llevándose unos 900 cautivos, la cifra más alta de la historia en Canarias. En aquel momento Lanzarote no superaban los cinco mil residentes, por lo que casi un cuarto de la población fue tomada cautiva en un solo ataque.

Otro episodio célebre fue el que se produjo en Fuerteventura en 1740, cuando la milicia local repelió dos ataques de corsarios ingleses y norteamericanos en las batalles del Cuchillete y Tamasite. En esos siglos, Lanzarote y Fuerteventura sufrieron decenas de asaltos de este tipo.

Torre del Tostón en El Cotillo, ejemplo de fortificación para la defensa de Fuerteventura.

Defensa de Canarias

Canarias ya venía padeciendo piratería desde antes incluso de la conquista castellana-normanda, porque los navegantes europeos comenzaron a frecuentar las islas para conseguir esclavos entre los primeros pobladores del Archipiélago desde el siglo XIV. La situación geográfica de Canarias, como apetecible cabeza de puente para acercarse a la conquista de plazas en África, le daba gran valor, por lo que varias coronas se interesaron en su dominio. Tanto fue así que Portugal llegó a poseer brevemente Lanzarote y Fuerteventura.

El descubrimiento de América añadió aún más alicientes al interés por nuestras islas, ya que pronto se convirtieron en excelentes estaciones de paso en las rutas marítimas. El propio Colón pasó por aquí en sus viajes iniciales. La llamada corriente de Canarias y los vientos alisios hacían casi obligatorio el paso por nuestro Archipiélago. Hay que tener en cuenta que la navegación oceánica era el gran desafío de la época, tanto por la tecnología que conllevaba, como por la valía militar y política que aportaba, así que cualquier ayuda era muy estimada. Además, los puertos de Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma lograron tener permiso para comerciar con América. En esas centurias, la carga de Indias era el gran objeto de deseo para el corsarismo.

El periodo de mayor incidencia de los corsarios en Canarias fue en los siglos XVI, XVII y XVIII, cuando España explotaba las riquezas de América, sin olvidar que entre 1580 y 1640 la casa de Austria también logró anexar Portugal y sus inmensos territorios de ultramar en América, África y Asia.

Dada la enorme amplitud de los imperios ibéricos, que abarcaban los océanos del Atlántico, Pacífico e Índico, además del mar Mediterráneo, los planes de defensa era extremadamente complicados. Más si tenemos en cuenta que la posición hegemónica de España la situaba como principal enemiga de reinos como Inglaterra, Francia, Holanda o el imperio Otomano.

Lanzarote  y Fuerteventura sufrieron decenas de ataques en los siglos XVI, XVII y XVIII

La primera defensa para nuestras islas era conseguir una buena información previa. Felipe II, por ejemplo, tenía uno de los mejores servicios de espionaje de la época, que le avisaba si, por ejemplo, en los puertos importantes del norte de África había rumores o movimientos sospechosos de alguna flota preparándose para atacar Canarias, y especialmente Lanzarote y Fuerteventura, que eran las primeras islas en ser vistas.

La gran apuesta defensiva era la construcción de fortificaciones, aunque en ese terreno tanto Lanzarote (castillos de Santa Bárbara, San Gabriel, San José y torre del Águila) como Fuerteventura (castillos o torres del Tostón y Caleta de Fustes) siempre estuvieron infradotadas. Y por si fuera poco, estas fortificaciones, y otras que terminaron desapareciendo, fueron destruidas en varias ocasiones.

Para Lanzarote y Fuerteventura, el rey era el encargado de designar al Sargento Mayor, quien se encargaba de organizar y entrenar a las milicias locales, formadas por isleños residentes a los que les tocaba situarse en primera línea en caso de ataque. Otras estrategias de defensa consistían en situar las principales poblaciones lejos de la costa (como Betancuria y Teguise) y en crear una red de atalayeros, personas de confianza que eran pagadas por el Cabildo insular para otear el horizonte desde lugares altos y avisar a las autoridades desde que vieran asomarse alguna amenaza.

Imagen de un legajo de la sección Guerra y Marina del Archivo General de Simancas, ejemplo de documentación que recogía información sobre los ataques y la defensa de Canarias, entre otras zonas del Imperio. Foto cedida por Víctor Bello.

Congreso

Entre el 5 y el 7 de junio Teguise, una de las plazas que más ataques sufrió, acoge el congreso titulado El corsarismo atlántico y su repercusión en Lanzarote. La idea del evento es “la de pasar de la generalidad a la particularidad de nuestro caso”, según indica Víctor Bello, archivero, historiador y coordinador del encuentro. Y, efectivamente, las charlas siguen ese orden. El miércoles 5 de junio, las dos conferencias ofrecen un contexto amplio sobre la temática. Primero, con una charla titulada Los mares del Imperio y la historia de un cautivo: Cervantes, por parte del profesor e investigador del CSIC Alfredo Alvar, y luego con la conferencia La globalización de la defensa de la Monarquía Hispánica (siglos XVI y XVII), del catedrático de la Universidad Complutense de Madrid Enrique Martínez Ruiz.

El jueves se combinan las ponencias más generales con un progresivo acercamiento al ámbito canario. A las 18.30 horas, la catedrática Magdalena de Pazzis hablará de La defensa marítima de la Monarquía Hispánica (siglos XVI y XVII), a las 19.15 horas el profesor de la ULPGC Germán Santana tocará el tema de El corsarismo europeo y americano en Canarias y El Caribe; y se finalizará a las 20.00 horas con Víctor Bello hablando de El corso berberisco y la defensa de Lanzarote.

El congreso, que está abierto a todo el público y también permite la asistencia en línea, finaliza el viernes 7 de junio con una charla a las 19.30 horas sobre las últimas excavaciones en el castillo de Guanapay por parte del arqueólogo Jesús Cáceres y la conferencia titulada La población morisca en Lanzarote: luces y sombras, del catedrático de la ULPGC, Manuel Lobo Cabrera. Para más información y realizar las inscripciones: jornadasteguise@gmail.com.

Cartel del congreso que se celebra en Teguise entre el 5 y el 7 de junio. 

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