Juan Ismael fue el hijo de Emilia Mora, la pianista de la Casa de los Coroneles. Varias fotografías del pintor y su madre permanecen expuestas en los salones de esa gran casona

La pianista de la Casa de los Coroneles
Juan Ismael fue el hijo de Emilia Mora, la pianista de la Casa de los Coroneles. Varias fotografías del pintor y su madre permanecen expuestas en los salones de esa gran casona
Cuando se visita la Casa de los Coroneles en La Oliva llama la atención que en uno de sus muros aparece una fotografía en la que puede verse a un Juan Ismael de niño, vestido de marinero. Junto a él también destaca la imagen de Emilia Mora, su madre. Seguramente una de las personas más importantes de su vida, con la que mantuvo una habitual y deliciosa correspondencia. Sólo al morir el pintor majorero, su viuda Neus Gas entregó esas cartas al amigo de la familia, Carlos Pinto Trujillo.
Esa correspondencia aparece en el libro Cartas de Emilia. La madre envía cada semana una carta a su hijo. Doña Emilia Mora le cuenta a Juan Ismael sus viajes, las visitas que hace, le da consejos y sobre todo lo anima a “ir disipando” sus “pesimismos” para poder “afrontar la vida”. Y al final, una vez más, le envía un abrazo: “Tu madre que te quiere, Emilia”. Las cartas resultan tiernas, acogedoras, bien escritas, con frases llamativas, que dicen mucho de la que fuera pianista de la Casa de los Coroneles.
Doña Emilita, como la conocían en La Oliva, fue una de las pianistas que trabajó para los Coroneles. El investigador Pedro Carreño asegura que fue una mujer muy apreciada y que mantenía una relación de amistad con doña Agustina, la ama de llaves de la casa. De hecho, Juan Ismael nació en unas dependencias que pertenecían a los Coroneles.
“Doña Pepita, la dueña de la fonda de La Oliva”, cuenta Carreño, “se acuerda de ver a Juan Ismael y que desde chico siempre estaba pintando con creyones”.
Con su madre mantuvo una habitual y religiosa correspondencia
La vida de Juan Ernesto González Mora, nombre real de Juan Ismael, resulta bastante azarosa. Pronto su familia deja Fuerteventura y se instala en Tenerife. Allí estudia por las noches en la Escuela de Artes y Oficios. Tras la muerte de su padre se van a Gran Canaria. Con apenas 20 años, Juan Ismael entra en contacto con la Escuela Luján Pérez, donde comparte inquietudes con Felo Monzón, Santiago Santana y Jorge Oramas.
En 1931 decide probar suerte en Madrid y entra en contacto con los artistas de vanguardia que se movían por la capital. Y mantiene una gran amistad con Maruja Mallo. Expone en el Ateneo de Madrid y su trabajo recibe un aluvión de alabanzas. Se habla del pintor majorero como de una figura prometedora.
Además, asiste a clases de cerámica y trabaja en diferentes talleres. También se ejercita como poeta e ilustrador gráfico. El hijo de la pianista de la Casa de los Coroneles se convierte en un artista multidisciplinar.
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El artista nació en una de las dependencias de la Casa. Fotos: Carlos de Saá.
Días antes del 18 de julio de 1936, Juan Ismael se encuentra de vacaciones en Galicia. Como advierte Carlos Pinto, la suerte le juega una mala pasada y el pintor no puede estar en un lugar peor. A partir de ahí sobrevuela sobre su figura una especie de sambenito de artista ‘facha’, y comienza su declive. Cuando termina la Guerra cree que lo van a nombrar director de la Escuela Nacional de Cerámica, pero en cambio el nuevo régimen descubre su relación con la masonería y lo condenan al destierro en Canarias.
Juan Ismael era el hijo de la pianista de la Casa de los Coroneles, Emilia Mora
En las Islas se viven momentos delicados para los artistas. Muchos deciden hacer la maleta y se marchan a Venezuela, entre ellos, Pedro González, Felo Monzón y también Juan Ismael. En este exilio permanecerá hasta 1966. Allí gana dinero, pero la mayor parte de estos ingresos los destina a la clínica López Ibor, donde se encontraba su hija Leonor, que había nacido con síndrome de Down.
De Venezuela regresa dispuesto a instalarse en Madrid, pero una vez más no consigue lo que se propone y debe volver a las Islas. El poeta Eugenio Padorno logra que lo contraten como dibujante en el Instituto de Agüimes. Vuelve a pintar y en los años setenta parece que resurge su obra. Pero como él dijo, su pintura estaba destinada a triunfar en la posteridad. El artista majorero fallece en agosto de 1981.















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