La oposición al cuerpo se convirtió en el baluarte de Asamblea Majorera y en una de las principales reivindicaciones de los nacionalistas

Miguel Cabrera: “La Legión nos mantuvo unidos entre la rebeldía y el miedo, porque teníamos miedo”
La oposición al cuerpo se convirtió en el baluarte de Asamblea Majorera y en una de las principales reivindicaciones de los nacionalistas
La llegada de la Legión a Fuerteventura tuvo un impacto directo en la política de la Isla. El rechazo de la sociedad majorera a la presencia de la Legión y al campo de tiro de Pájara fue fundamental para que distintas corrientes ideológicas se unieran bajo unas mismas siglas, las de Asamblea Majorera (AM), que acabó convirtiéndose en el gran partido en los primeros años de democracia en Fuerteventura.
En eso coinciden tanto los expertos consultados como los protagonistas directos de la vida política majorera de la época. Miguel Cabrera (1948) fue fundador de Asamblea Majorera y testigo en primera persona de la historia política de España tras ser elegido senador por Fuerteventura en las primeras elecciones generales de la democracia, celebradas en junio de 1977. Desde Gran Canaria, atiende la llamada de Diario de Fuerteventura para recordar aquellos años.
Para entender los éxitos electorales cosechados por AM, Cabrera se detiene a reflexionar sobre el contexto en el que surge el partido, constituido meses antes de las elecciones generales de 1977. “Asamblea Majorera es hija de un tiempo, en el que España clamaba modernidad para salir del régimen dictatorial franquista, y de un lugar, una Isla cuyas condiciones de partida eran duras. Las sequías y las hambrunas formaban el binomio característico del pasado majorero. Todo eso había hecho mella en el carácter de los hombres y mujeres de Fuerteventura, hasta el punto de que les había hecho profesar la impotencia, la sumisión, el conformismo e incluso el fatalismo. Y, como válvula de escape, quedaba el marcharse de la Isla para huir de esa situación”.
En esas circunstancias, ¿qué era la política para los majoreros? Cabrera opina que era “sinónimo de autoridades, seres distantes e inaccesibles, decisiones lejanas, impuestos sin apenas contrapartidas y hasta temor a la autoridad. Ante esta penosa situación, a los majoreros les sobraban razones para desear un cambio radical de esta desgraciada historia. Solo faltaba un puntito que pudiera canalizar esas ganas colectivas para acabar con ese estado de resignación. Ese botón fue Asamblea Majorera”.
José Curbelo, investigador predoctoral especializado en la presencia de la Legión en Fuerteventura y en la formación Asamblea Majorera, explica que existían inquietudes y pequeñas formaciones políticas previas a la llegada de la Legión. “Se reunían en lugares como Tiscamanita o el molino de Antigua, incluso antes de la muerte del dictador”. La salida de muchos majoreros por motivos de estudios y trabajo también fue determinante.
“Muchas personas que habíamos tenido la oportunidad de salir de la Isla para trabajar o para estudiar empezamos a reunirnos. Había un grupo en Las Palmas y otro en La Laguna, y nos denominamos Grupo Democrático Majorero. Bajo ese nombre comenzamos a salir en la prensa y empezamos a tocar la puerta de personas que nos parecían adecuadas, preparando el terreno hasta que en abril de 1977 Adolfo Suárez convoca elecciones y formalizamos la candidatura de Asamblea Majorera, atropelladamente”, recuerda Cabrera.
“La ley electoral nos daba la posibilidad de presentarnos como agrupación de electores. Había que movilizar a 500 personas y llevarlas a firmar ante notario en Puerto del Rosario para formalizar la candidatura”, añade.
En el clima preelectoral de 1977, la Legión llevaba ya más de un año presente en Fuerteventura. “La magnitud que alcanzó Asamblea Majorera está estrechamente ligada a la llegada de la Legión. Sirvió como catalizador para que todos los grupos se unieran en esa causa abanderada por Miguel Cabrera. Muchas personas dejaron de lado su ideología y se unieron por tener en común ese sentimiento antilegionario”, explica Curbelo.
Surgió así un movimiento político “aparentemente inviable, que hoy cuesta explicar”, en palabras de Cabrera. “AM se conformó como una amalgama que iba desde el independentismo de la izquierda más radical, pasando por una mayoría sin formación política, pero rebosante de sabiduría, y hasta personas que por su estatus económico estarían más abocadas a integrarse en otros partidos conservadores”.
Curbelo señala que desde AM “se recuperan las ideas de principios de siglo de Manuel Velázquez Cabrera de que fuera un majorero el que estuviera en Madrid representando los intereses de la Isla”. Junto al éxito de Miguel Cabrera en el Senado en 1977, AM volvió a cosechar importantes éxitos en 1979 al hacerse con las alcaldías de Pájara y Tuineje, y con la presidencia del Cabildo por mayoría absoluta, con Gerardo Mesa al frente.
De esa manera, AM, a pesar de ser una formación nueva y sin raigambre, se convirtió en el principal instrumento de cambio político en la Isla. “Casi desde el primer momento, Asamblea Majorera no pide el traslado de la Legión, sino que directamente pide la disolución del cuerpo”, explica Curbelo.
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Ejemplar de ‘El Eco de Canarias’.
Contra el campo de tiro
La otra gran batalla política de largo recorrido librada por AM fue contra el Campo Nacional de Maniobras y Tiro de Pájara, que con sus 4.205 hectáreas ocupa más del 10 por ciento de la superficie de todo el municipio. La oposición al campo de tiro impuesto por el Ministerio de Defensa fue impulsada desde el Cabildo y desde el propio Ayuntamiento de Pájara. Cabrera recalca el mérito que tuvo un ayuntamiento tan pequeño por haber llevado el caso hasta el Tribunal Constitucional.
Preguntado por la singularidad de AM en el panorama político canario, Cabrera recuerda que era felicitado por todo el Archipiélago. “Me hicieron recorrer las Islas celebrando una suerte de amanecer majorero. En Lanzarote hubo un intento de replicar un movimiento similar, pero no terminó de cuajar”. Para que eso sucediera tenían que reunirse muchos elementos, y la Legión fue sin duda uno de ellos. “La Legión sirvió como aglutinante de los miembros de Asamblea. Nos mantuvo unidos entre la rebeldía y el miedo, porque es cierto que teníamos miedo. A mí en Puerto me decían: ‘Miguel, no vayas solo para el sur’, donde yo vivía. Yo decía que no tenía por qué esconderme, no había hecho nada”.

















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