
Matria: cuidar antes que crecer
Ya hacía un tiempito que no me pasaba por aquí a dejar mi opinión. No porque me haya quedado sin ella, sino porque he estado bastante ocupada: he sido madre. He estado gestando, amamantando, acurrucando y acompañando a un nuevo ser. Otro majorero para el mundo.
Lo de ser madre no es fácil de describir. Es una ocupación permanente que se hace sin cobrar y sin plantearse dimitir. Es amor al arte en su máximo esplendor. Ahora es cuando realmente sé el valor de mi propia madre y del resto. Benditas madres. Sin ellas, nada.
Cuando llega el momento de parir, a punto de enfrentarte a uno de los momentos más intensos de tu vida, agradeces enormemente tener una sanidad pública y profesionales que sepan acompañarte. Sientes que todo depende de eso. En mi caso, el equipo de paritorio y maternidad del Hospital Insular de Fuerteventura estuvo fuera de serie. Me acompañaron de manera exquisita.
Necesitamos gente que nos cuide y por eso hay que decirlo alto y claro: no podemos permitir que las condiciones de nuestra sanidad pública se deterioren hasta el punto de perder a esos profesionales. Los derechos que ha costado siglos conseguir pueden empezar a perderse en una sola tarde. Y cuando hablamos de sanidad, no hablamos de números, de presupuestos o de estadísticas, hablamos de personas, de madres, de bebés, de familias, de trabajadores y trabajadoras que necesitan medios, estabilidad y condiciones dignas para hacer bien su trabajo y querer seguir haciéndolo.
Este proceso de maternar es comparable a cómo cuidamos otras cosas. Y quien lee ya me conoce, podemos extrapolarlo muy bien a la tierra que nos vio nacer. Pongamos que hablo de Fuerteventura. Esta Isla, tan bien definida por sus orillas, es como una madre anciana que hay que cuidar, y lo mismo la sociedad que habita en ella. Sueño con unos gestores públicos que hagan su trabajo tan bien como aquellos enfermeros, matrones —sí, hubo de ambos sexos— y ginecólogos que me cuidaron a mí. Administrar, legislar y ser en base a unos cuidados que se dan con amor. Convertir la patria en matria.
¿Imaginan cómo sería esta tierra y su pueblo si fueran tratados con amor? ¿Cómo seríamos si priorizáramos el bienestar colectivo al patrimonio individual? Entiendo que no se puede obligar a nadie a actuar de manera diferente, pero ¿y si al menos votamos a gente que no se mueva por su propia avaricia y que gobierne para buitres? Muchas veces me he sentido huérfana de voto. He votado con una traba en las narices al menos malo y siempre me he sentido arrepentida y traicionada. Pues gente, hay que dar un paso al frente. Si no existe una alternativa digna, nos la inventamos. Tenemos que hacernos cargo de nuestra propia responsabilidad sobre la situación actual y futura. Aún más consciente soy ahora, ya que quiero que mis hijos —y los de todos— vivan en un lugar que les permita tener ilusión y ser felices. Yo me hago cargo. ¿Y tú?
En este tiempo en el que he estado metida en el nido se ha constituido Drago Fuerteventura. Cada vez somos más quienes entendemos que nadie va a venir a salvarnos. Que, si queremos que las cosas cambien, tendremos que organizarnos, participar y trabajar para conseguirlo. Y no, no se trata de tener una varita mágica. Hay que currárselo y podemos incluso hacer ameno el trabajo.
Los que estamos en Drago Canarias estamos de acuerdo en que no queremos seguir creciendo sin límite. No queremos más y más hoteles, ni más viviendas vacacionales, ni más ampliaciones de todo lo que sea para el turista. Mejorar sí, pero también para poder vivir aquí, para salir beneficiados de algún modo. Y no se trata de todo o nada. Se trata de cuidar, de tener cabeza para estar mejor.
Por ejemplo, no decimos que una familia no pueda usar una vivienda extra como vivienda vacacional en un núcleo turístico. Se trata de regular y, sobre todo, de evitar que los fondos buitres se estén quedando con las casas de la gente, y menos aún de personas vulnerables. Una casa es el lugar donde una familia vive, donde una criatura crece, donde una persona descansa después de trabajar. El capitalismo cría cuervos psicópatas, hasta el punto de que parece que lo normalizamos. No podemos caer en eso, y tenemos que poner toda la oposición y resistencia que el cuerpo pueda poner.
Si dejamos que todo lo decida el capital terminaremos viviendo en una isla diseñada para quienes pueden pagarla, pero el resto de los mortales no podremos ni disfrutar de esta tierra ni tener oportunidades, y los que vienen menos aún. Me pongo a imaginar la estampa de lo que quedará si seguimos por este camino y se me erizan los pelos.
Necesitamos diversificar nuestra economía, apostar por otros sectores. Poner atención y financiación pública en actividades que permitan generar empleo, conocimiento y oportunidades. Que nuestros jóvenes puedan desarrollar aquí sus proyectos personales y profesionales sin tener que marcharse por falta de alternativas. Y tenemos que volver a mirar al sector primario. Sin complejos.
Muchas veces en redes, cuando digo que el turismo no lo es todo, me responden que si me voy a poner a plantar tomates. Pues si hace falta, sí. A mucha honra, como hicieron mis padres o mis abuelos. Pero no decimos no a todo ni a nada, estamos pidiendo que haya oportunidades. Si uno quiere amarrar tomates, que también pueda hacerlo. Y alguien tiene que hacerlo porque nos gustan los tomates y la comida es lo primero.
Para cambiar las cosas hace falta organizarse. Hace falta preparar propuestas realizables, aunque con un poquito de idealismo. Porque sin optimismo, sin creatividad y sin atrevimiento no vamos a ninguna parte. Quienes nos hemos sumado a Drago Fuerteventura sabemos que el camino no es sencillo. Crear un proyecto nuevo es mucho más difícil que acomodarse en lo conocido. Pero también sabemos que no podemos quedarnos sentados esperando a que otros hagan lo que nos corresponde hacer a nosotros.
Los partidos que llevan décadas gobernando Canarias han tenido tiempo de sobra para demostrar qué modelo de tierra quieren. Y, desde nuestra perspectiva, han permitido que el territorio se ponga cada vez más al servicio de intereses económicos que no siempre coinciden con las necesidades de quienes vivimos aquí.
Ahora vienen con discursos directamente copiados de los de Drago Canarias. Ahora dicen que quieren limitar el crecimiento, pues… ¡a buenas horas mangas verdes! Ya les advertimos nosotros en las elecciones anteriores, ¿No lo veían? ¿Por qué no cogieron lo que les decíamos y cambiaron la deriva de las Islas y sus pueblos si son ellos los que gobiernan y han gobernado la mayor parte de nuestra historia en democracia?
Recuerdo perfectamente aquellas veces que les pregunté qué pretenden hacer con Fuerteventura y con El Cotillo y me contestaban que "crecimiento sostenible" y yo les decía que si no veían que ya no había lugar para más crecimiento. Ahora dicen que tienen millones para modernizar y paliar la presión que sufren las infraestructuras. O sea, ampliar aeropuertos y asfaltar carreteras. No van a cuidar el territorio. Son títeres del gran capital.
No volveremos a los tiempos de antes pero todavía podemos ir a peor. Siempre estaremos a tiempo de intentar enmendar la situación y meter a camino el futuro. Y lo creo porque ser madre me ha enseñado algo: que los momentos difíciles pueden ser muchos, pero resistir merece la pena. Y también he aprendido de mí misma que tengo mucho aguante y que a mí me mueve el amor.
Así que aquí seguimos. Con sangre fresca, con ganas de aprender y emprender el viaje, con mucho trabajo por delante y con la certeza de que nadie va a hacerlo por nosotros.
Porque cuidar también es hacer política.
* Portavoz de Drago Fuerteventura










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