CULTURA

Tras la pista sevillana de La Concepción

El profesor de Historia del Arte de la Universidad hispalense Francisco Javier Herrera atribuye la escultura de Betancuria a los talleres de Jorge Fernández, autor del retablo mayor de la Catedral de Sevilla

La talla de Nuestra Señora de la Concepción de Betancuria recuerda el estilo del retablo mayor de la Catedral de Sevilla. Foto: Carlos de Saá.
Eloy Vera 0 COMENTARIOS 03/10/2020 - 09:25

En 2011, el profesor de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Francisco Javier Herrera descubrió un documento notarial en la Biblioteca Capitular Colombina de la catedral de Sevilla donde se citaban los trabajos escultóricos de una virgen con el niño para Fuerteventura.

La imagen, realizada en 1520, pertenecía a Jorge Fernández, encargado de realizar las esculturas del retablo mayor de la Catedral de Sevilla. Tras cotejar las características escultóricas de Fernández con las imágenes de las iglesias de la Isla, el investigador se atreve a plantear que la talla de Nuestra Señora de la Concepción, de Betancuria, sea obra de Fernández.

El historiador sevillano lleva décadas rebuscando en antiguos documentos datos que le ayuden a aclarar autorías, encargos de obras y cualquier otra pista que le sirva para seguir aportando información a la historia del arte español.

En las notarías del siglo XVI, suele encontrar documentación de temas relacionados con Canarias, algunos de Fuerteventura, pero siempre vinculados con aspectos económicos y contractuales.

Sin embargo, un día se topó con el nombre de Fuerteventura enlazado a un encargo artístico. El hallazgo se produjo en los fondos documentales del historiador, empresario y artista José Gestoso Pérez. En ellos localizó un documento fechado el 3 de febrero de 1520, procedente de los legajos protocolizados en la escribanía número 6 de la ciudad de Sevilla.

En el texto, Fuerteventura aparece vinculada a un trabajo escultórico de una virgen con su niño bajo la advocación de la Virgen de Antigua, que debía viajar desde la ciudad del Guadalquivir a la Isla.

Francisco Javier Herrera explica que, “gracias a este documento, pude determinar que la imagen fue encargada desde Fuerteventura por el vicario Gómez Sidión, del que no he podido encontrar nada más en archivos. Tras revisar estudios hechos en la Isla, sigo con la incógnita de saber quién fue este personaje de principios del siglo XVI”.

Gómez Sidión encargó hacia 1518 ó 1519 una imagen de una virgen con el niño, bajo la advocación de la Virgen de Antigua, al escultor activo en Sevilla Ruy Pérez. Sin embargo, su fallecimiento le impidió cumplir con el encargo. Será su suegro, Jorge Fernández, quien se encargue de realizar la talla para cumplir con el encargo de Fuerteventura.

Tras leer una y otra vez el documento, el investigador pudo reconstruir la historia de la talla. En el texto, aparecen una serie de declaraciones del escultor Jorge Fernández, del pintor Juan Sánchez, responsable del estofado, y del carpintero Francisco Guerra, que se encargaría de hacer una caja de madera en la que trasportar la imagen hasta la Isla.

En el documento, también se notifica lo que cobró cada uno por su trabajo. El carpintero asegura haber recibido 770 maravedís por “las tablas, clavos, rejones y cerrojo, que costó dos reales, más otros tres reales que se abonaron a otros dos hombres que transportaron la caja de la escultura hasta el río”.

Por su parte, el pintor Juan Sánchez, al que se le ha atribuido la autoría de la Crucifixión de la catedral hispalense, el Varón de Dolores del Museo de Prado o el Descendimiento de la cruz del Museo de Bellas Artes de Bilbao, recibió por sus trabajos 11.000 maravedís. El escultor Jorge Fernández cobró 7.000 maravedís, más 400 en costas, por “la tardanza” en recoger la imagen.

Pero ¿quién es Jorge Fernández? El historiador Francisco Javier Herrera, desde Sevilla, nos traza una breve biografía de este escultor nacido en Castilla, que debió de tener como maestro a “algún autor del norte de Europa, la escuela flamenca, quizás del área borgoñona”. Gracias a estos conocimientos, el imaginero desarrolla “un estilo flamenco muy similar al que abundan en las iglesias canarias”, apunta Herrera.

“La imagen es una maravilla dentro de la generalidad de tallas populares con factura canaria que hay en Fuerteventura”

Durante los primeros años del siglo XVI, Fernández trabajó en los bancos del retablo mayor de la Catedral de Toledo. Años más tarde, se le localiza en Córdoba, realizando esculturas de crucificados o trabajando en el retablo, ya desaparecido, del monasterio de Córdoba.

También recibe encargos desde otras ciudades como Jaén. En 1508, se desplaza a Sevilla y, desde esa fecha hasta 1526, “está realizando, junto al pintor Alejo Fernández” toda la escultura del retablo mayor de la catedral, considerado el más grande del mundo por sus dimensiones y por las más de 1.000 esculturas distribuidas en sus distintas calles, cuerpos y encabezamientos...”, explica el investigador.

“Muchas de las esculturas del retablo nos recuerdan a la imagen de Santa María de Betancuria”, apostilla. Mientras realizaba los relieves y esculturas del retablo mayor, Fernández debió de encontrar tiempo para realizar la escultura de Betancuria. Una vez terminada, la imagen se entregó a un tal Simón Rodríguez, que debió de actuar como intermediario. La imagen viajó por el río hasta Palos de la Frontera y de ahí, en barco, hasta Fuerteventura.

Tras leer y releer el documento, Francisco Javier Herrera se puso a localizar imágenes de las vírgenes de Fuerteventura en busca de alguna escultura con rasgos estilísticos comunes a las que confeccionaba el taller del maestro Fernández. El primer paso fue Antigua, donde se venera una imagen bajo la advocación de la Virgen de Antigua. Sin embargo, el estudioso lo que se encontró fue una talla de vestir barroca vinculable a talleres canarios.

En el artículo Flandes-Canarias, a través de los talleres sevillanos. Un encargo escultórico a Sevilla a comienzos del siglo XVI, publicado en un libro homenaje a la profesora de la Universidad de La Laguna Constanza Negrín, el profesor sevillano reconoce que “las menciones a La Antigua del documento que analizamos podrían ser una apreciación del intermediario sevillano y que en la Isla únicamente se pretendiera una imagen mariana sin especial advocación”.

El siguiente paso fue acudir a Betancuria. En su iglesia, Santa María de Betancuria, se conservan algunas de las tallas más antiguas de la Isla. Esta era la parroquia desde la que ejercía como vicario Gómez Sidión, por lo que “sería principal candidata a disponer de una imagen de calidad de la virgen y su hijo”, argumenta.

Saqueos de piratas

Fuerteventura fue saqueada por los piratas berberiscos en el pasado. Destruían iglesias, quemaban esculturas, robaban elementos litúrgicos de plata y, por tanto, “es posible que esa imagen también pudiera ser víctima de esos saqueos, aunque esta está claro que es de esa fecha, en concreto de 1520”, apunta el investigador.

Sin embargo, el hallazgo de una talla de Nuestra Señora de la Concepción, en la hornacina central del retablo mayor de la iglesia, le dio pie a identificar la escultura con la que se hace alusión en el documento notarial. Herrera cuenta que “estudiosos del arte y restauradores la tienen catalogada como una obra de principios del siglo XVI. Es una virgen que encaja dentro de la iconografía de lo que podía ser una virgen de Antigua.

Además, es una de las imágenes, después de la de Nuestra Señora de la Peña, más antiguas que hay en la Isla y presenta un estilo formal en los tipos de pliegues del vestido, en el rosto y en las características del niño, que se puede encuadrar o relacionar con el taller de Jorge Fernández”.

Tras revisar la imagen, el especialista en arte flamenco clasifica la imagen de Betancuria como una talla del gótico tardío, “un estilo que va transitando, poco a poco, al Renacimiento, que ya se manifiesta en la dulzura de los rostros y en el cuidado de las proporciones, aunque el niño tiene unas características muy propias del último gótico y se puede comparar con otras esculturas del taller de Jorge Fernández y de otros autores que trabajaron en él, influenciados por ese estilo gótico que vino del norte de Europa”.

Tras comparar la imagen de Betancuria con otras tallas de Fernández, Herrera encuentra similitudes en las ondulaciones de los mechones laterales del cabello de la virgen con el de otras tallas de Fernández.

Además, “los paralelos de la figura infantil, como los mechones en forma de golondrina sobre la frente, los encontramos en los niños de Santa María de Pilas, Antigua de Santa Olalla de Cala, la Virgen de la Bella de Lepe o en el niño de la Virgen del Pino de Gran Canaria”, a la que el estudioso también relaciona con los talleres sevillanos. Para Herrera, la virgen de Betancuria guarda grandes similitudes con la Asunción del retablo mayor de San Juan de Marchena.

La virgen, aunque muy repintada en siglos posteriores, lo que dificulta su estudio, aporta otros rasgos muy comunes a la obra de Fernández, como los pliegues de la vestimenta con apariencia “un tanto desordenada, abullonados y que dan una sensación de blandura o las bocamangas, cuya caída adopta un perfil periforme, que es también muy común a las vírgenes de Fernández”, indica.

“La comparación de todos estos detalles, con numerosas obras andaluzas salidas del taller del escultor, aporta pruebas que vienen a fortalecer la idea de que esta fuera la talla concertada en 1520 o poco antes, suponemos que llegada a la Isla ese mismo año”, apunta el profesor de arte.

Aun así, Francisco Javier Herrera deja la puerta abierta a nuevas investigaciones y al hallazgo de más noticias sobre la imagen en los archivos sevillano o de Fuerteventura. De momento, sigue atento a cualquier dato que encuentre en los archivos de la biblioteca de la Catedral de Sevilla y concluye: “La imagen es una maravilla dentro de la generalidad de tallas populares con factura canaria que hay en Fuerteventura”.

LAS INCÓGNITAS DEL ARTE SACRO MAJORERO

La mayor parte de las imágenes religiosas que se custodian en las iglesias majoreras siguen esperando en sus retablos el interés de estudiosos que quieran rebuscar en los archivos en busca de nueva información que ayude a confeccionar la historia del arte en Fuerteventura.

Aunque, en un primer momento, la celebración de las Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote, la publicación de Tebeto, Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura y el interés de historiadores locales y de profesores de las dos universidades canarias aportaron nuevos datos sobre los retablos, tallas, pinturas y piezas de orfebrería de las iglesias majoreras, lo cierto es que, desde hace unos años, el interés investigador sobre estos temas ha ido decayendo. Ahora, apenas se presentan ponencias y se publican artículos sobre la historia del arte sacro en Fuerteventura.

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