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Los riesgos de Internet en los menores

Una de las causas que los expertos apuntan sobre el aumento de violaciones por menores y en ‘manadas’ es la hipersexualización: “Nuestros niños no están siendo supervisados”

María José Rubio 0 COMENTARIOS 28/05/2023 - 08:10

Una reciente oleada de denuncias por violaciones en grupo cometidas por menores de edad ha hecho saltar las alarmas. En la Fiscalía se ha alertado de la posible relación entre los delitos contra la libertad sexual en menores con consumo de pornografía desde edades tempranas. Con el acceso a Internet sin supervisión y el uso de teléfonos móviles se va perdiendo el control de lo que ven los niños y niñas.

La psicóloga Beatriz Vidal, experta en las etapas infantil y juvenil, especializada en trauma, apego y disociación, avisa sobre la necesidad de proteger a la infancia: “La única etapa de la vida que no podemos recuperar es precisamente la infancia. Las consecuencias en el desarrollo de las niñas y niños son demoledoras. Se está creando una generación de hombres y mujeres frágiles, vulnerables, sin autoestima y con conductas de comportamiento y relacionales violentas, tóxicas, manipulativas y sin tolerancia”, señala sobre la hipersexualización infantil.

Una imagen habitual en las salas de espera o en un restaurante es que los niños y niñas estén con el teléfono en la mano para que estén entretenidos. “En nuestra generación, nuestra niñera fue la televisión en algunas ocasiones, pero ahora las niñeras son el móvil”, resalta Vidal. “La diferencia radica en que el teléfono lo llevamos a todos lados”, reflexiona. “Un menor siempre va a necesitar algo externo que lo regule y ahora lo estamos regulando con pantallas, no se le enseña a gestionar sus emociones y por eso observamos dificultades en los adolescentes”, expresa.

Vidal señala que a su consulta acuden adolescentes que pagan de su bolsillo la atención profesional, “porque se sienten mal y no saben cómo gestionarlo”. “Que jóvenes de 16 años, de su propia paga, decidan destinarlo a una consulta en vez de irse de fiesta muestra que hay un problema”, apunta. La causa, según Vidal, viene de no enseñar a identificar las emociones y tener herramientas para gestionarlas.

Una realidad es que “nuestros niños no están siendo supervisados acerca de lo que ven en la Red” ni se les explica que lo que observan tras una pantalla “no es la realidad”. “Acceden a información y contenidos que, muchas veces, puede llegar a corromperlos, como puede ser la pornografía o las extorsiones”, indica la psicóloga. “No dejan de ser niños entrando en un mundo de adultos”.

Las nuevas tecnologías han traído grandes avances sociales, laborales o educativos, pero la Red tiene también sus riesgos, especialmente a edades tempranas. ¿Por qué un menor está más expuesto a engancharse a la pornografía? “Llegan accidentalmente a una imagen o un vídeo en el móvil y eso les genera un torbellino de emociones y no saben gestionar lo que están sintiendo. El cerebro les genera dopamina, oxitocina y cortisol. Están entre lo prohibido y la curiosidad”, explica Vidal. La dopamina es el “azúcar del cerebro, lo que nos da placer”, y el cortisol “el que genera estrés”. “Este primer acceso a la pornografía genera ansiedad y depresión al entrar en un mundo que no entienden”, comparte.

Porno y manadas

Beatriz observa varios problemas. El primero se da en el comportamiento. “Con Internet, acceden al porno entre los ocho y los 10 años. La corteza prefrontal del cerebro es totalmente inmadura, porque se termina de formar a los 25 años, por lo que no controlan los impulsos o desconocen las consecuencias que les puede ocasionar verlo, no tienen espíritu crítico”, explica. También les genera ansiedad, depresión o comportamientos agresivos que se observan en las escenas de pornografía.

La prevención debe venir desde la familia, el centro educativo y la sociedad

El segundo problema es el comportamiento adictivo. “Normalizan lo que ven” y, a su vez, crean mitos sobre la sexualidad incorrectos. Como indica la psicóloga, “deshumanizan la sexualidad” al no ver relaciones sanas, ni protección ante enfermedades de transmisión sexual y se desarrolla la percepción de que la otra persona es un objeto únicamente para el placer. Si se comparan generaciones pasadas con la actual, tal vez la anterior “veía porno a escondidas y una vez a la semana en Canal Plus”, señala Beatriz. En cambio, “hoy en día el acceso se produce muy pronto y se puede acceder a ese contenido en cualquier momento del día”.

La psicóloga describe el perfil del menor que “ha aprendido conductas sexuales no apropiadas, que ve que en las condenas por violaciones el menor queda prácticamente impune y que en su vida sus actos no han tenido consecuencias porque el entorno no ha establecido normas”. Un informe de Save The Children aporta datos alarmantes: siete de cada 10 adolescentes consumen pornografía, más de la mitad se inspira es esos contenidos para sus propias experiencias y un tercio reconoce que es su única fuente de información sobre sexualidad. Uno de cada dos menores ha accedido al porno entre los seis y los 12 años.

Desde el conocido caso de violación en grupo de Pamplona, que popularizó la expresión “manada”, los expertos consideran que en ocasiones se ha producido un efecto de imitación. El patrón, señalan, viene dado por el sentimiento de pertenencia a un grupo para “construir la identidad entre iguales”. “Si el menor no tiene autoestima ni un concepto sólido de sí mismo, va a querer encajar en un grupo por supervivencia” y copiará “comportamientos”, explica Beatriz Vidal.

Por ello, la prevención debe venir desde la familia, el centro educativo y la sociedad en su conjunto. El refuerzo positivo es clave para la psicóloga. Hacer sentir válido al menor es clave para mejorar su autoestima. “El niño o la niña tendrá seguridad y se sentirá aceptado por sí mismo, y no necesitará encajar forzosamente en un determinado grupo”.

Fijar normas

Ahora, el teléfono móvil “es el regalo estrella de la Comunión”, apunta la psicóloga. Antes de entregar a un menor un dispositivo con acceso a Internet sin control, según Beatriz hay que preguntarse: “¿Hemos tenido una conversación con nuestros hijos sobre poner normas sobre su uso?”. La realidad es que “se les está dando desde muy pequeños”.

Aunque haya ciertos programas informáticos que controlan lo que se consulta, como el software Qustodio, para la psicóloga no es suficiente y pone el siguiente ejemplo: “Un niño con 12 años no debe tener un móvil si no puede gestionar su uso, porque no controla el tiempo o no sabe qué aplicaciones son válidas para él”. “Si el móvil tiene el control de mí, no debo tener acceso al teléfono”, resume.

Para Beatriz, el menor debe tener unas normas claras: una es limitar su uso con un horario. Otra posibilidad es que el dispositivo esté visible en casa, pero que no esté disponible en los dormitorios. Ni televisión -ahora ya la mayoría con acceso Internet- ni móvil, porque “la habitación es el refugio de uno y se aísla”.

Tener conversaciones frecuentes con los menores y hacerles reflexionar es imprescindible, añade. No todos los casos son iguales: tal vez un menor con nueve años sea “responsable” en cuanto al uso del móvil y otro de 12 no lo sea.

Resulta habitual que las familias den un teléfono al menor para saber dónde se encuentra, pero a veces no se paran a pensar tampoco sobre el uso que hacen de las redes sociales. Los niños y las niñas terminan por utilizar los móviles para comunicarse continuamente con sus amigos y, si no tienen uno, pueden pensar que son bichos raros. Una de las soluciones prácticas, señala la psicóloga, es que utilicen un móvil familiar para quedar o chatear con amigos, bajo supervisión.

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