CULTURA

El embajador del timple canario

Fotos: Carlos de Saá.
Itziar Fernández 4 COMENTARIOS 21/01/2017 - 09:49

A sus 84 años, la figura del timplista Casimiro Camacho Rodríguez, de Lajares (La Oliva), es una de las más populares de Fuerteventura. Conocido como el hombre de las mil actuaciones, el rey del timple es un músico sobresaliente y un libro abierto de anécdotas tras medio siglo subido por escenarios de Canarias, Península, Francia e Italia. Casimiro sufre una artrosis que le ha dejado los dedos rígidos y le impide tocar, aunque de vez en cuando se echa una parranda. “Casi he aprendido a tocar de nuevo con los dedos entumecidos”, asegura.

Se crio en el seno de una familia humilde de músicos de Lajares, le gustaba el fútbol y la cacería. Siempre observaba con detalle cómo tocaban los mayores. Su padre fue guitarrista y le apasionaba tocar. Su curiosidad y ganas de aprender fueron sus herramientas y dedicaba horas a afinar, probar y “lo más importante, al rasgueo”, advierte. Casimiro lamenta que los profesores de música no enseñan a los niños a sacar su talento, lo esencial afinar, el rasgueo, coger bien el timple y tocar con la mano abierta como un abanico, pero “ahora todos quieren puntear sin saber tocar”, insiste.

En su vida le quedó una espina: una gira por América, México o Venezuela y conocer a Cantinflas, el simpático humorista de su época. “Tal vez fue mi única pena porque en aquellos años no era fácil salir, pero puedo sentirme muy dichoso al conseguir un reconocimiento internacional del folclore canario y crear escuela con mi particular rasgueo”, añade. Sin entonces apreciarlo, fue el mejor embajador del timple canario en teatros de fuera, donde retumbaban los aplausos llevándose el cariño y las felicitaciones del público.

“Ahora escucho la isa majorera y no me gusta porque se cambia el ritmo y se toca en un tres por cuatro en lugar de un seis por ocho como se hacía antaño”, afirma. Así continúa con chistes, cuentos y miles de anécdotas en las que fue protagonista. “Empecé sin nada, tocaba por 50 pesetas por una actuación y luego medio millón en los años 60”, desvela.

A pesar de su extrema timidez y forma de ser independiente, con su sonrisa, su galantería y calidad musical entraba por la puerta grande de salas y auditorios y nunca defraudaba. “No quise aferrarme a un representante ni quedarme en un local, siempre saltaba de concierto en concierto y de ciudad en ciudad sin ataduras ni obligaciones”, advierte.

El majorero recuerda que fue una suerte formar parte del trío Los Paraguayos: “Eran unos grandes artistas en mi época y con ellos disfruté mucho”. Muy joven se fue a Las Palmas y de allí a Madrid, Barcelona, y Francia e Italia. En sus años de músico conoció a los mejores artistas canarios y famosos españoles con los que compartió galas, como con Rafael. En Las Palmas tuvo buenos maestros y destacó por tener un estilo propio con el rasgueo y formó escuela dejando huella en el folclore canario.

El folclorista majorero Casimiro Camacho llevó su estilo musical por Canarias, España, Francia e Italia a mediados del siglo XX

En los años 50, Casimiro Camacho hizo sonar el instrumento mágico canario en la Feria del Campo de Radio Nacional de España, y difundió el sonido del camellito por todo el país. Ya actuaba en el Hogar Canario de Madrid, compartía escenario con su amiga y folclorista María Mérida y el grupo Los Guanches, y con muchos otros. “Cuando entré a los estudios de Radio Nacional de España oí a un periodista que dijo algo así como una pijada más al ver el instrumento, y cuando empecé a tocar comenzó a acercarse gente por la cristalera del estudio; al final de mi actuación todo el mundo me felicitó y se interesó por el timple”, recuerda emocionado.

Con el trío Los Paraguayos obtuvo un rotundo éxito en Canarias y la Península. Tocaban en Madrid, Barcelona y recuerda hasta tres actuaciones en un mismo día por la costa catalana, Perpignan (Francia), recorrer la costa azul e incluso llegar a Bari (Italia). También actuó en Mahón y muchos lugares. “Hubo unos años, creo que fue por Cataluña, que no me dejaba el empresario irme. No tenía manera de salir de allí así que me inventé que mi padre se estaba muriendo, escribí una carta y me dejaron regresar a Canarias y ya no volví. En el Archipiélago, con la llegada del turismo se ganaba dinero y llovían las actuaciones”, resalta. También recuerda al Trío Los Caballeros y muchos artistas con un estilo propio, como Juan Valerón y el arte del conejero Nicolás Toledo, conocido como Colacho, el zurdo.

“No quise aferrarme a un representante ni quedarme en un local, siempre saltaba de concierto en concierto y de ciudad en ciudad sin ataduras ni obligaciones”

Profesor de música en Las Palmas, dio clases en la Escuela de timple, guitarra y laúd. Enseñó a muchos artistas canarios, entre ellos al reconocido y virtuoso timplista majorero Domingo Rodríguez ‘El Colorao’. “Siempre hubo mucho talento en Fuerteventura y Canarias; de hecho yo siempre digo que el verdadero autor del pasodoble Islas Canarias fue el maestro Batista, de mi época, creo que se la dio a un catalán y quedó registrado a su nombre pero el autor fue canario”, reflexiona Camacho.

“Sólo ha quedado grabado un disco mío en 1968 de Efrén Casañas bajo la dirección del maestro Cisneros con isas, folías y malagueñas en las que toco yo, y hay una anécdota conocida de un disco que grabé con Mary Sánchez pero sin saber bien el motivo no apareció mi nombre sino el del timplista Maso Moreno”, desvela el músico majorero. Entre las anécdotas recuerda la petición al padrino del Hogar Canario en Madrid, el Marqués de Villaverde, para conocer y tocar para Franco. “Me llevaron y toqué isas y folías pero no conservo ninguna foto”, rememora el folclorista.

Aunque en la actualidad reside en la Vega de Tetir con su mujer, con quien tiene dos hijas, cada día visita su pueblo natal de Lajares y comparte un rato de charla con sus amigos en el bar Los Pinchitos, donde cuelgan numerosas fotos del artista como reconocimiento a su trayectoria musical y su persona. Su amigo, el escritor Elías Rodríguez, ha recopilado toda su vida en un libro autobiográfico llamado Casimiro Camacho, el rey del timple.

Comentarios

Un majorero de pura cepa amigo de las parrandas, amenas conversaciones entre Amigos. Le empecé a conocer en la pequeña Moncloa de Puerto del Rosario Osea el bar de Emilio en los años 70.
Para mí el mejor timplista del mundo y un gran amigo
¿Sabe alguien dónde se puede conseguir el libro?
El mejor majorero, como persona, que conocí en mi estancia en Fuerteventura. Viví en su casa terrera de Rosa de la Monja y fuí tratado cómo uno más de la familia. En mi tierra -soy gallego- se le conoce cómo un gran artista que es con el timple. Y con frecuencia recordamos las infinitas anécdotas que nos contó en los años que hemos pasado en esa bendita tierra... Un fuerte abrazo, mi gran amigo.

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