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Calabazas para escolares con sabor a sobresaliente

Foto: Carlos de Saá.
Eloy Vera 0 COMENTARIOS 27/09/2017 - 07:02

Obdulia Alberto ya ha comenzado a cultivar las matas de calabazas que alimentarán a miles de escolares durante el curso. Junto a tres agricultores ecológicos más, forma parte del proyecto del Gobierno “Comedores Escolares Ecológicos de Canarias Ecocomedores”, una iniciativa que pretende mejorar la calidad de la alimentación en los colegios y donde Obdulia pone su semilla de la misma forma que hace 14 años se atrevió a ser una de las primeras en apostar por la agricultura ecológica en la isla.

En 1998 Obdulia se hizo con una finca en la zona del Morro de La Paredeja, un trozo de tierra en Valle de Santa Inés donde solo había una gavia y dos higueras roídas por las cabras. A partir de 2003, tomó como hobby plantar olivos, parras y plantas endémicas.

Vinculada durante algún tiempo a movimientos ecologistas y con un compromiso firme por todo aquello que tiene que ver con la ecología y el medio ambiente, un día decidió apostar por producir productos ecológicos en una localidad, Valle de Santa Inés, donde la calidad de la tierra suele despertar la envidia de otros pueblos.

Mientras recorre la finca de La Paredeja enseñando las plantaciones de tomates de corazón de buey, lechugas, papas y árboles como manzanos, limoneros, nectarinos… comenta que empezó en el mundo de la agricultura ecológica asistiendo a cursos. Amigos de Gran Canaria y Tenerife actuaron como guías y le iban diciendo el camino a seguir. En Google también encontró respuesta a muchas de sus dudas.

Al principio, le atemorizaba cómo hacer frente a las plagas y cómo conseguir clientes. Lo primero parece que lo tiene controlado después de muchas pruebas y equivocaciones.

Lo segundo lo ha conseguido gracias a la calidad del producto y la constancia. Durante estos años ha tejido una red de compradores entre los que se hallan majoreros y extranjeros residentes en la isla procedentes de destinos como Italia o Alemania. También puede presumir de tener desde hace más de diez años entre su clientela a uno de los restaurantes con mayor reconocimiento en Fuerteventura, el Fabiola, en La Ampuyenta.

Obdulia echa en falta campañas de concienciación entre la población majorera. “La gente tiene que tener clara la diferencia entre comprar un alimento sin productos químicos y valorar la calidad del ecológico y el trabajo que esto lleva detrás”. Lo dice una mujer que se dedica los siete días a la semana a este trabajo. La agricultora se queja de las escasas ayudas al colectivo por parte del Cabildo. “Las que se convocan son para los agricultores convencionales. Se pueden pedir y al ser ecológico sumas unos puntos, pero nada más”, y añade que “en la producción, los costes son muy superiores a la agricultura convencional. Se requiere más agua, hace falta más mano de obra, se está más expuesto a perder las cosechas y las semillas son más caras”.

Precisamente, una de las filosofías de la Finca Ecológica La Paredeja es trabajar con semillas antiguas para que estas no se pierdan. De esta manera, trabaja con semillas de papas de Tenerife o batatas de Lanzarote mientras busca cepas de parras de la isla. En un futuro espera poder producir vino y tal vez se lleguen a ver botellas etiquetadas con el logo de La Paredeja.

Hay 46 centros acogidos al proyecto, en el que participan 96 agricultores que proveen de frutas y verduras a unos 10.000 comensales

Otro de los objetivos de La Paredeja es alimentar sano a las mentes del futuro. Por eso, hace tres años aceptó la propuesta del Instituto Canario de Calidad Alimentaria (ICA) del Gobierno regional y se animó a empezar a participar en el proyecto de Ecocomedores.

En la actualidad, existen 46 centros en el archipiélago acogidos al proyecto, en el que participan 96 agricultores que proveen de frutas y verduras a unos 10.000 comensales. En Fuerteventura hay cuatro agricultores ecológicos en la iniciativa a los que se sumarán dos este año. Participan en el proyecto cuatro colegios majoreros, dos en Gran Tarajal, uno en Pájara y el Pablo Neruda de Puerto del Rosario y también se espera que se incorporen un centro de La Oliva y otro de Tuineje. En 2016, 1.164 escolares majoreros saborearon los productos ecológicos.

Obdulia explica que la invitación llegó por casualidad y decidió probar. Estos años no ha estado al cien por cien produciendo para Ecocomedores, pero ya tiene preparadas las plantas de calabazas y calabacines con los que colaborará este curso.

Reconoce la satisfacción personal que supone el proyecto. “Aporta no solo que los niños coman más sano sino también que a los padres les llegue el interés por la ecología. Incluso, se va a tratar en el futuro llegar a profesores y padres de alumnos para hacer una red y que también sean consumidores de productos ecológicos”.

“El suelo es la vida y la base de la agricultura ecológica”

Obdulia Alberto defiende que “el suelo es la vida y la base de la agricultura ecológica”. Cuando llegó a La Paredeja se encontró con un suelo en muy mal estado. Empezó a trabajar hasta convertirlo en un terreno fértil. Para ello trabaja con compost de estiércol de cabra y humus de lombriz roja de California.

Estos insectos se han convertido en inquilinos de La Paredeja. Los primeros llegaron en un táper desde Tenerife. “Es el fertilizante que más uso en la finca”, sostiene. El humus se obtiene usando materia orgánica que pone en unas pilas donde las lombrices la procesan.

“En la finca hay un aprovechamiento en forma de círculo. No se tira ni se quema nada sino que todo vuelve a la tierra como materia orgánica. Lo primero que hay que mejorar y cuidar es el suelo para tener producciones sanas y productos de calidad”, añade.

Obdulia pone como ejemplo islas como La Palma donde se ha conseguido crear un círculo de colaboración entre ganaderos y agricultores de tal forma que estos últimos aprovechan lo desechado en las ganaderías. “Aquí no se hace nada. Ni siquiera el Cabildo saca el estiércol a los ganaderos para suministrárselo a los agricultores”, lamenta. “El sector primario en Fuerteventura no solo es ganadería, sino también agricultura, aunque a veces no lo tengan presente”, concluye.

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