“Gaza ya era un campo de concentración en octubre de 2023”
Kayed Hammad, autor de ‘Menú de Gaza’
A través del libro Menú de Gaza, Kayed Hammad narra la supervivencia durante 20 meses hasta su evacuación de Gaza. Kayed estará en Fuerteventura para presentar el libro, acompañado de Anna Surinyach, fotoperiodista y editora gráfica de Revista 5W. El acto está previsto para el 24 de septiembre a las 20.00 horas en la sala Josefina Plá del Centro Bibliotecario Insular, en el marco del ciclo Voces desde la frontera.
Kayed Hammad (1963) nació en el campo de refugiados de Jabalia, al norte de la Franja de Gaza, y durante años ha sido el fixer -guía y traductor- de buena parte de los periodistas hispanohablantes que han trabajado en Gaza cuando Israel todavía permitía la entrada a los periodistas internacionales. Desde su infancia, Hammad ha sido testigo de incontables guerras y ofensivas perpetradas por Israel sobre la Franja. Tras una estancia en Málaga en la década de los noventa, aprendió castellano y posteriormente decidió regresar a Palestina.
Gracias a su dominio del idioma ha trabajado como fixer dentro de Gaza, no solo para periodistas, sino también para personal diplomático u organizaciones humanitarias. Fruto de la estrecha relación profesional y personal que une a la familia Hammad con el periodista vasco Mikel Ayestaran, surgió el proyecto de Menú de Gaza. El libro destina parte de sus beneficios a apoyar a su familia, que ha logrado salir de Gaza y empezar una nueva vida en España.
-¿Cómo surge la idea del proyecto de ‘Menú de Gaza’ y por qué accedió a la propuesta de documentar lo que comía su familia durante los meses más duros del genocidio?
-Hace más de 20 años empecé a trabajar como fixer para el periodista Mikel Ayestaran en sus visitas a Gaza. Nuestra relación va más allá de lo profesional y considero a Mikel como un hermano. Durante los primeros meses del genocidio me preguntaba cada día cómo estábamos y si habíamos comido. Cuando le decía que sí, Mikel no se lo creía y me pedía que le mandara fotos. Yo se las mandaba, pero no le decía para cuántas personas era la ración. Mikel me pidió permiso para publicar las fotos en Instagram y le dije que sí. Gracias a las fotos de los platos que tomaba mi hija Dalia, durante meses contamos cómo sobrevivíamos en mitad de un genocidio para denunciar lo que estaba -y sigue- ocurriendo. La idea tuvo tanto éxito que gracias a una campaña de crowdfunding y a la edición de Revista 5W, Menú de Gaza se convirtió en un libro.
Hammad presenta el libro en Fuerteventura en el ciclo ‘Voces desde la frontera’
-¿Cómo era Gaza antes de octubre de 2023?
-Hay que tener en cuenta que antes de octubre de 2023 llevábamos 17 años sufriendo un duro bloqueo por el cual Israel convirtió la Franja de Gaza en el campo de concentración al aire libre más grande del mundo. Desde 2007 Israel controla y bloquea todo. Cuando recibía críticas internacionales, la respuesta oficial era que dejaban entrar la cantidad de calorías necesarias para la supervivencia. Si pudieran controlar el aire que respiramos, también lo harían. Salir de la Franja era casi imposible, incluso para personas enfermas con necesidad de tratamientos médicos. Mucha gente que trabajaba fuera de Gaza perdió sus empleos. Habíamos llegado a un punto en el que no veíamos mucha diferencia entre ese estilo de vida y la muerte. Estábamos desesperados. Nuestra casa fue destruida en 2023, pero no era la primera vez. Fue atacada en 2003 y en 2008. En 2012 estábamos en la casa de mi hermana, que vivía fuera, mientras arreglábamos la nuestra, y también fue atacada. Lo que ocurrió en octubre de 2023 fue una reacción, no fue el comienzo de nada.
-¿Cómo han sido los últimos meses en Gaza antes de su evacuación a España?
-En esta última guerra perdí a Omar, mi hijo mayor, en un bombardeo israelí. Tenía 24 años. Sin embargo, comparado con otras familias, me considero un afortunado. Las bombas de Israel han borrado del registro civil a familias al completo. Hay decenas de casos de familias enteras sepultadas bajo los escombros. Para los supervivientes, perder una casa no solo es perder las paredes, sino también todos los recuerdos que vivimos dentro de ella. Antes de la pérdida de Omar éramos seis en la familia, pero siempre estábamos rodeados de otros familiares. Como familia llegamos al acuerdo de que, en caso de no poder escapar durante un bombardeo, nos juntaríamos en el lugar más seguro de la casa, pegados uno al otro, para que, en caso de que cayera una bomba, acabara con todos a la vez. Era mejor eso que ver a tus familiares muertos y quedar herido, sin opciones de tratamiento médico. Tuvimos que cambiar de casa un total de 17 veces desde octubre de 2023 hasta que finalmente fuimos evacuados en julio de 2025.
“A los criminales no les gusta que se sepa lo que están haciendo. Es un genocidio”
-¿Por qué decidió permanecer en el norte de la Franja y no seguir las órdenes israelís de dirigirse al sur?
-Nací en el campo de refugiados de Jabalia, al norte de Gaza. Durante la Nakba mis padres fueron expulsados de su pueblo natal, Hamama, situado entre las actuales ciudades israelíes de Ascalón y Asdod. El pueblo fue borrado del mapa por los sionistas en 1948 y mis padres nunca pudieron regresar a su casa. Por experiencia, sabemos que, si ellos te piden que vayas a la derecha, tienes que ir a la izquierda. También hay un componente de orgullo. Me niego a obedecer las órdenes de las fuerzas de ocupación. Mucha gente del norte de Gaza huyó al sur pensando que allí estarían seguros y que podrían volver, pero Israel también terminó atacando y reduciendo a escombros la ciudad de Rafah -al sur de la Franja, en la frontera con Egipto-. Aunque Israel hablaba de zonas seguras, está claro que no existe un solo metro cuadrado que sea seguro en toda la Franja de Gaza.
-Ha sobrevivido a un cerco medieval en el que Israel sigue usando el hambre como arma de guerra. ¿Cómo conseguían la comida?
-La ayuda humanitaria llegaba con cuentagotas y los alimentos escaseaban. Vivimos dos hambrunas muy fuertes en las que mi familia y yo llegamos a tener que comer pienso para animales. También tuvimos que comer plantas cuyos nombres desconozco, pues hasta entonces no se comían, pero era lo único que había. En los mercados los precios se dispararon: un litro de aceite de girasol llegó a 40 euros, un kilo de harina a 60 euros, un kilo de azúcar a 150 euros. Conseguir comida era muy complicado, y cocinar sin electricidad también. Mis hijos salían a por leña y mi mujer, Amal, cocinaba lo poco que conseguíamos para toda la familia. El resultado puede verse en Menú de Gaza.
“Palestina es un territorio ocupado y la resistencia armada es legítima”
-¿Cómo fue su salida de la Franja?
-Mikel me propuso escribir una carta al Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno de España para intentar que me evacuaran junto a mi familia. A mí me entró una carcajada, no pensaba que fuera a funcionar. La carta la firmaron más de 60 periodistas y tras una cadena de gestiones diplomáticas finalmente conseguimos el permiso para salir de Gaza en un autobús de la Cruz Roja Internacional, coordinado con Israel para no ser atacado. El trayecto hasta el cruce de Kerem Shalom normalmente habría durado 20 minutos, pero tardamos dos horas terroríficas atravesando escombros y rodeados de tanques y francotiradores. Al otro lado nos esperaba el cónsul de España en Jerusalén, a quien agradezco su gesto de traernos cinco bolsas con comida. Mi mujer, mi hija y mis dos hijos estamos bien en España, aunque mi cabeza y mi corazón siguen en Gaza.
-Su vida ha estado marcada por la ocupación y la violencia perpetrada por Israel. ¿Qué recuerdos tiene de la Gaza de su infancia y juventud?
-En Gaza no tenemos infancia. Nacer en Gaza conlleva asumir desde muy pequeño las responsabilidades de un hombre mayor. Yo nací en octubre de 1963, y los primeros recuerdos que tengo son con tres años y ocho meses, cuando sufrí quemaduras por napalm en un ataque israelí en la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967. Recuerdo las curas que me hacía mi hermana. Cuando tenía siete u ocho años mi padre entró en la cárcel. Yo, antes de cumplir los 18 ya había entrado en la cárcel, y en total han sido cuatro veces: la más corta, dos semanas, y la más larga, dos años y medio. En esta vida he visto todo lo que uno puede imaginar.
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“El mundo entero es testigo de los crímenes de Israel y eso supone un hilo de esperanza”
-Hospitales, ambulancias, escuelas, mezquitas, edificios residenciales, tiendas de campaña... Israel ha atacado absolutamente toda la infraestructura civil y también ha asesinado a más de 280 periodistas, mientras no ha dejado que la prensa extranjera entrara en Gaza. ¿Por qué teme tanto Israel a los periodistas?
-A los criminales no les gusta que se sepa lo que están haciendo. Hablamos de genocidio porque en una guerra no se bombardean hospitales ni clínicas, no se corta la luz, no se usa el hambre, etc. Israel ha utilizado todo contra nosotros con un objetivo, que es extirparnos de este territorio. Han asesinado a cientos de periodistas y no dejan entrar a los de fuera porque tendrían dos problemas: el primero es que documentarían todo lo que está ocurriendo y conseguirían impacto mediático, y el segundo es que no podrían asesinarlos sin entrar en conflicto con sus países de origen. Por desgracia, el asesinato de los periodistas palestinos está teniendo muy poca repercusión.
-Afirma que el 7 de octubre de 2023 no fue el comienzo de nada. ¿Por qué?
-Podría hablar de 1948, 1956, 1967... o más recientemente de los ataques israelís sobre Gaza de 2008, 2012, 2014, 2021 y 2022. Parece que a Israel se le concede el poder atacar con total impunidad cuando quiere, pero cuando Hamás reaccionó desde Gaza en octubre de 2023, 17 años después del inicio del bloqueo total, el mundo entero centró su atención en Israel como la víctima. No podemos olvidar que Palestina es un territorio ocupado y que la resistencia armada es legítima según el derecho internacional.
“Las bombas de Israel han borrado del registro civil a familias al completo”
-¿Cómo valora el reconocimiento del Estado de Palestina por parte de España en mayo de 2024? ¿Y qué espera de los países árabes?
-Se trata de una declaración sin consecuencias inmediatas sobre el terreno. Los gobiernos tendrían que cortar todo tipo de relaciones con Israel. Aunque el reconocimiento es insuficiente, la reacción del gobierno español es de las mejores del mundo. Si ahora preguntas en Gaza quién apoya al pueblo palestino, la gente piensa en España y en Irlanda. A lo largo de los 78 años que dura la ocupación no hemos conseguido victorias en el plano militar, pero es la primera vez que Israel pierde el relato. Los mantras de que son el pueblo elegido de Dios, la única democracia de la región, o el Ejército más moral del mundo, ya no cuelan. El mundo entero es testigo de los crímenes de Israel y eso supone un hilo de esperanza para Palestina. Del resto de países árabes no espero nada. Con que nos dejen en paz y no apoyen a Israel es suficiente.
“En una guerra no se bombardean hospitales, no se corta la luz, no se usa el hambre...”
-¿Volverá algún día a Gaza?
-Sí, me gustaría volver. Lo más importante ahora es que mejoren las condiciones para los dos millones de personas que quedan allí. Se habla de alto el fuego y del plan de paz Trump, pero yo prefiero hablar de ‘alto y fuego’ y de la trampa de Trump. Aunque el foco mediático se ha desplazado, los bombardeos siguen y el 94 por ciento de la población vive en tiendas de campaña rodeadas de escombros, ratas, y sin electricidad. Hay más de 20.000 personas enfermas de gravedad que necesitan evacuación urgente y la cantidad de comida que entra actualmente no es suficiente para alimentar a la gente que permanece en Gaza. Por ello, mi mensaje es el siguiente: No se olviden de Gaza, el genocidio continúa.
















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