ENTREVISTA

“Fuerteventura tiene elementos suficientes para un museo del patrimonio industrial”

Amara Florido Castro, doctora en Historia del Arte por la ULPGC

Gregorio Cabrera 0 COMENTARIOS 19/03/2019 - 07:21

La teldense Amara Florido Castro, doctora en Historia del Arte por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha encontrado la belleza en las antiguas formas de construir presentes y futuros. Máster en Museología y Museos por la Universidad de Alcalá de Henares y experta en arqueología industrial, esta historiadora es la comisaria de la muestra Fábrica de recuerdos. Memoria de la industria en Canarias, que se exhibe hasta el próximo 6 de abril en el Centro de Arte La Regenta, espacio del Gobierno regional en Las Palmas de Gran Canaria que aprovecha las instalaciones de una antigua fábrica de tabaco. Además, ha presentado en la capital grancanaria su libro Patrimonio Histórico Industrial de Fuerteventura, editado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias y que sigue la estela del trabajo realizado por ella misma sobre Gran Canaria, y el que ahora tiene entre manos sobre Tenerife, en su afán por seguir transmitiendo la idea de que cada ciudadano y ciudadana es heredero y responsable del cuidado y protección de este legado.

-Este trabajo sobre el patrimonio industrial de Fuerteventura forma parte de un proyecto que en realidad pretende abarcar el conjunto del archipiélago. ¿Cómo empezó todo?

-Exacto. En 2009 presenté un proyecto al Gobierno de Canarias para hacer los inventarios del patrimonio industrial de las Islas, tema en el que también se centró mi tesis. La verdad es que era un área que no se había estudiado y tampoco existía un catálogo exhaustivo al respecto. Yo no he he cho una historia de la industria, porque tampoco era el objetivo, sino de los restos materiales, tanto muebles como inmuebles, que todavía se conservan en distintos sectores, que son muchos. A raíz de los inventarios, se han hecho ya dos publicaciones que recogen las peculiaridades de cada isla y una parte didáctica, en un primer caso el de Gran Canaria y ahora el de Fuerteventura.

-Además, parece que puede haber alguna novedad legal a la vuelta de la esquina que afecta al patrimonio industrial de Canarias, ¿verdad?

-Sí, a raíz de la revisión de la Ley de Patrimonio Histórico del año 1999, que se aprobará en breve, se va a incluir el patrimonio industrial como figura nueva de protección, junto al etnográfico o el arquitectónico, entre otros. Ya se ha dado un reconocimiento por tanto a todos estos elementos.

-Me comentaba antes que su labor de investigación también señala las particularidades de cada territorio insular en lo que atañe al patrimonio insular. ¿Cuáles serían en el caso de Fuerteventura?

-Cada isla tiene sus especificidades y señas de identidad. En el libro de Fuerteventura se recogen tres bases de la economía de esta Isla y por lo tanto del patrimonio industrial: el mundo del gofio, el mundo de la cal y, evidentemente, el mundo del agua. En este último caso aparecen los aeromotores, pero antes estuvieron las norias y también los molinos de palo. Los aeromotores americanos llegaron en muchos casos de la Aldea de San Nicolás y se reciclaron en Fuerteventura. Hay que reconocer que el Cabildo de Fuerteventura ha llevado una labor meritoria desde hace años porque ha declarado como Bienes de Interés Cultural un total de 23 molinos y molinas, si no recuerdo mal la cifra, y también el Cabildo y algunos ayuntamientos han promocionado la restauración de muchos aeromotores. El tema de la cal está un poco más olvidado quizás, aunque en la última revisión se ha comprobado que los hornos del Charco de Puerto del Rosario ya se están acondicionando como centro de interpretación de la cal, algo que creo que es un proyecto muy importante, sobre todo porque los hornos todavía existen.

-¿Y al margen de estos tres pilares?

-Bueno, también hemos profundizado, como en otros puntos de Canarias, en el mundo de los carpinteros, las herrerías, las panaderías, el patrimonio mueble, sobre todo la maquinaria agrícola, como empacadoras o tractores, los salazones de pescados o las salinas.

-¿Y qué estado de conservación general se ha encontrado en el caso de Fuerteventura?

-En general, y si quitamos los tres sectores principales porque son los que tienen elementos que llaman más la atención a nivel arquitectónico, el resto está en un estado un poquito preocupante. Los molinos de fuego, movidos por un motor, son los grandes olvidados, por ejemplo. Se han inventariado varios molinos de fuego que están perfectamente olvidados. Se conservan, pero es una asignatura pendiente incluirlos como elementos que merecerían una restauración.

“Hay aspectos característicos, sobre todo en maquinaria agrícola, como empacadoras de fabricación artesanal, que no he visto en ninguna otra Isla”

-¿Queda mucho por hacer para poner en valor el patrimonio industrial?

-Pues mira, por ejemplo me sorprendo mucho cuando voy a ver trituradoras de hierba o desgranadoras de millo, que tienen mucha importancia en Fuerteventura por el peso que tuvo el cereal. Hay particulares que tienen verdaderas reliquias, a veces por una razón sentimental o familiar. Lo que me preocupa es que los herederos no le den ese valor y llamen a un chatarrero o cualquier cosa y se desprendan de ellos. Hay veces que llego tarde a los sitios y me dicen: “¡Ay, si hubieras llegado dos meses antes!”.

-¿Y qué se puede hacer por parte de las administraciones para evitar este riesgo y estas pérdidas de elementos del patrimonio industrial de Fuerteventura?

-Por un lado, los inventarios son un punto importante porque queda registrado al menos que existe de una manera rigurosa. Y estos inventarios son, además, una herramienta de gestión. La solución siempre pasa por el hecho de que los organismos públicos y cada ayuntamiento sepa lo que tiene y se adopten medidas para su conservación, aunque no todo se vaya a conservar, evidentemente, pero al menos que los elementos más singulares o más característicos sí se preserven. Yo siempre he abogado por la creación de museos de la industria.

-¿En cada isla? Y, si es así, ¿Fuerteventura reuniría elementos suficientes para ello?

-Sí, sí, sí… Y además con elementos característicos de Fuerteventura, sobre todo en maquinaria agrícola. Hay, por ejemplo, unas empacadoras de fabricación artesanal que no he visto en ninguna otra isla. O por lo menos se podría empezar un centro que lleve un control y que sirva de referencia para las personas que quieran hacer una donación y cuando ya hubiera un montante importante crear un museo, un centro de interpretación o cederlo a algún centro ya existente para que la parte industrial no quede en el olvido.

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