DESTACAMOS

“Apenas están llegando migrantes porque se dan muchos millones a Mauritania”

Juan Luis Rod, fotógrafo especializado en conflictos sociales

Eloy Vera 0 COMENTARIOS 13/01/2026 - 07:18

Juan Luis Rod es fotógrafo free-lance especializado en conflictos sociales y crisis humanitarias. Con la mirada puesta en África, Rod publica desde hace años en el periódico El País y ha colaborado con medios internacionales como Al Jazeera o The Guardian. El pasado mes de diciembre visitó Fuerteventura para participar en las XII Jornadas Migración con Dignidad organizadas por la Asociación Entre Mares. Junto al periodista Pepe Naranjo dieron a conocer Tres fronteras. En el corazón de la guerra del Sahel, un proyecto fotográfico y audiovisual sobre el conflicto que azota esta zona de África, situada a escasos cientos de kilómetros de Canarias.

-Visita Fuerteventura para presentar ‘Tres fronteras. En el corazón de la guerra del Sahel’. ¿Nos puede explicar en qué consiste?

-Comencé con Tres fronteras en 2019 junto al periodista Pepe Naranjo. Fuimos a Burkina Faso con la intención de empezar a cubrir la región y el conflicto, que se estaba intensificando cada vez más. El proyecto expositivo y audiovisual surge tras ver cómo publicábamos reportajes sobre lo que estaba aconteciendo en el Sahel, pero veíamos que el recorrido de un artículo en el periodismo es muy efímero. Lo que se publica hoy se ha olvidado pasado mañana. Con la pretensión de seguir hablando de todo lo que estaba pasando en el Sahel, aquí tan desconocido, planteamos hacer una exposición que aunara todos los trabajos de reportajes en Burkina Faso, Malí y Níger.

-¿Y cuál fue el enfoque?

-En Burkina Faso nos enfocamos en cubrir la crisis de los desplazados internos y refugiados malienses; en Malí nos centramos en la problemática que hay en la educación, con más de 2.000 escuelas cerradas a causa del conflicto. Hay toda una generación sin acceso a la educación y eso se verá en las próximas generaciones. Será gente sin formación y con menos oportunidades, todavía, cuando tengan que acceder al mercado laboral. Por último, Níger, donde mostramos cómo estos países están afrontando la guerra contra los grupos yihadistas. Ahí pudimos seguir a la gendarmería y ver cómo estaban intentando repeler los ataques.   

-¿Cuál es el origen del conflicto en el Sahel?

-El conflicto surge en 2012 con la rebelión tuareg, al norte de Malí. Este primer conflicto se fue extendiendo progresivamente a los demás territorios. Primero a Burkina Faso y luego a Níger. Es muy complejo de explicar, con muchas aristas y vertientes diferentes. No es solo un problema de los grupos yihadistas de Al Qaeda y JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes), sino muchas otras cosas que hacen que deriven en este gran conflicto. También hay conflictos intercomunitarios entre las diferentes etnias. Por ejemplo, la población fulani está siendo acusada, por parte de la sociedad, de estar dando apoyo logístico a parte de los grupos. Esta población está siendo muy estigmatizada. La base de todo es la pobreza y el abandono de las zonas rurales de estos tres países por parte del Estado, lo que hace que la incursión de estos grupos sea más fácil. Durante años, ahí no ha habido presencia del Estado. Han estado muy abandonados.

“En Mauritania se están haciendo redadas y soltando a los migrantes en la frontera”

-Trece años después de que se iniciara el conflicto, ¿en qué situación se encuentra en estos momentos?

-Diría que peor que nunca. Empezamos con el proyecto en 2019 y hasta 2022 teníamos, entre comillas, acceso a las zonas donde están ocurriendo los hechos. En Burkina Faso pudimos viajar a Dori, la región centro norte que es la más afectada, y ver qué estaba pasando. En Malí ir a Mopti y Ségané. Recuerdo que los primeros viajes a Burkina Faso los hacíamos en coche. Pudimos acceder a campos de desplazados. Hoy es totalmente imposible. No tenemos acceso a la información. Hace unas semanas, estuvimos en Bamako, Malí, para hacer seguimiento al conflicto, pero nos encontramos con que no pudimos salir de Bamako. La situación de inseguridad se ha deteriorado muchísimo en los dos últimos años y ahora solo podemos viajar a las capitales de estos países. No podemos movernos libremente por el territorio para seguir documentando lo que pasa.

-¿Y eso qué supone para un fotógrafo especializado en documentar conflictos y crisis humanitarias?

-En el último año apenas hemos trabajado en la región del Sahel. Como fotógrafo no tiene sentido hacer un viaje a Bamako, Niamey o Uagadugú, las capitales de estos tres países, si luego no puedo desplazarme por el resto del territorio y recoger imágenes. Se pueden coger testimonios porque hay muchos desplazados en las capitales, que aportan el contexto y te dan muchas pistas de lo qué está pasando. Sin embargo, a nivel de fotografía lo que tenemos es una gran frustración porque no podemos movernos para ver y documentar visualmente lo que está pasando.

“Las llegadas de malienses son consecuencia del conflicto en el país”

-Alrededor del 61 por ciento de los niños que han solicitado protección internacional en Canarias proceden de Malí. ¿Cuál es la situación ahora en ese país?

-Podríamos decir que Malí es el país más afectado ahora mismo. Es el que más ataques yihadistas está sufriendo. Por eso estamos viendo ese repunte. Estas llegadas son una consecuencia del conflicto. La región de Kai es, principalmente, la más afectada y de donde más chicos están viniendo. Es una zona muy rural, con muy pocas oportunidades laborales, asediada por los grupos yihadistas. En Malí todo el que puede se va.

-Se informa de Ucrania y de Gaza, pero da la sensación de que el Sahel es un conflicto que no existe a pesar de haber dejado cuatro millones de desplazados de sus hogares y más de 30.000 muertos. ¿Por qué no interesa?

-Es una pregunta que me sigo haciendo hoy en día.  Seguimos sin poner la vista en ese territorio a pesar de que está mucho más cerca de lo que nosotros creemos. Históricamente hemos vivido de espaldas a África y eso lo que hace es que no queramos ver lo que está pasando en esa frontera. Es un conflicto que se ha enquistado. Hay una cierta fatiga, incluso a nivel de la cooperación internacional y humanitaria. Los donantes, que durante años han estado financiando los proyectos de ayuda humanitaria, ven que el conflicto está enquistado y sin vísperas de que mejore. Han dejado, en parte, de financiar la ayuda humanitaria. Hemos visto recientemente el corte de la cooperación americana y eso se está viendo en la población civil que, de la noche a la mañana, se han visto sin la ayuda que recibían.

“Canarias debe estar muy atenta al Sahel para entender por qué llegan”

-¿Por qué Canarias no debe perder de vista el conflicto del Sahel?

-Canarias, especialmente, debería tener mucho más interés en lo que está pasando en esa zona porque son los primeros receptores de estas personas que están llegando a las costas. Es un continente que está a un pie de salto de Canarias. Debemos estar muy atentos a lo que está pasando allí para poder entender también el motivo por el que esta gente viene aquí y explicar bien el contexto, por qué están huyendo la mayoría de ellas y su falta de expectativas. Así entenderemos mejor a estas personas que llegan a las Islas.

-Al conflicto se unen las consecuencias del cambio climático, un fenómeno que se ha cebado especialmente con estas regiones...

-Es un conflicto con muchas aristas y una de ellas es el cambio climático. Cada vez se habla más de los desplazados, exclusivamente, por el cambio climático. En estos países hay mucha población que vive de la agricultura y la ganadería. Se están viendo forzados a moverse, cada vez más, en busca de pasto. Cada vez llueve menos o lo hace de forma torrencial y, de repente, la cosecha se va al garete. Son consecuencias directas que está sufriendo la población y que contribuyen a que la crisis alimentaria aumente.

“Es un conflicto con muchas aristas y una de ellas es el cambio climático”

-Sorprende que lleguen malienses a Canarias huyendo del conflicto y no nigerinos y burkineses. ¿A qué cree que se debe?

-Ellos migran a nivel interno. La mayor parte de las migraciones se producen dentro del propio continente. Lo que llega a Europa es un porcentaje residual respecto a la gran cantidad de migraciones que hay dentro del continente. Creo que tiene más que ver con un tema cultural. Ellos han optado por migrar a diferentes países dentro del continente. Sin embargo, los malienses tienen claro que prefieren llegar a Europa como sea.

-Burkina Faso tiene dos millones de desplazados dentro de su territorio. En 2015 llegaron un millón de refugiados a Europa. ¿Por qué se tiene desde Europa la percepción de avalancha?

-Creo que, en parte, esa percepción viene provocada por parte de los medios. Hay muchos medios convencionales que llevan años propagando estereotipos y cifras alarmantes como si estuvieran llegando en masa y como si fueran invasiones. La forma en la que nos expresamos a la hora de hablar de estas personas construye el relato que, durante muchos años, los medios convencionales nos han estado vendiendo. Se ha creado un relato erróneo. Si vas a las cifras y los datos, ves que el porcentaje mayor de emigración se produce dentro del continente africano.

-¿Qué futuro les espera a estos tres países tras los golpes de Estado?

-No lo sé, pero sí puedo decir que las situaciones evolucionan muy rápido en estos tres países. Desde 2019 hasta ahora se han producido tres golpes de Estado. Ahora mismo, hay juntas militares en todos los gobiernos. Por lo que veo y escuchamos de la gente, creo que, al final, estas juntas militares caerán. Es cierto que todavía conservan la mayoría del apoyo popular. Han conseguido echar a los franceses del Sahel; han prometido que iban a crear empleo y que el país iba a cambiar, que se iban a unir y conjuntamente podrían cambiar las cosas. Han pasado los años; han entrado los rusos, pero el conflicto no ha ido a menos, sino que cada vez hay más muertes y desplazados. Llegará el momento en el que la gente se canse y vea que las juntas militares no son la solución a sus problemas. Creo que antes o después caerán.

-Ha estado reportajeando la salida de cayucos desde Mauritania hacia Canarias.  En los últimos tiempos se ha intensificado la vigilancia en la zona, pero siguen llegando personas al país para intentar subirse a una embarcación que les acerque a Europa. ¿Estos controles cómo están afectando a los migrantes que se encuentran en la zona?

-Trabajando allí, hemos coincidido con visitas de Marlaska y de otros políticos que han ido a soltar millones de la UE y de España para externalizar las fronteras. Se están inyectando millones al Gobierno mauritano para que ellos se encarguen de parar las salidas. Hace poco, leía que habían expulsado a 30.000 personas, entre ellos senegaleses y malienses, que estaban viviendo en Mauritania a la espera de poder dar el salto a Europa. Se están haciendo redadas masivas; los cogen y los llevan a la frontera y allí los sueltan. Les da igual que sean de Guinea, Gambia o Malí. Esta gente llega a Mauritania sin nada y hasta que no consiguen el dinero para pagar el cayuco pueden pasar meses o años. Ahora, se han visto bloqueados en Mauritania. Algunos se han vuelto a Senegal, otros se han quedado por Malí y muchos de los jóvenes, que tenían la intención de migrar, han abortado la misión de irse a Mauritania. Cuando estuvimos en Bamako, algunos nos contaban que lo han intentado hasta seis y siete veces y que la Guardia Costera los había devuelto a Nuakchot. Algunos estaban empezando a pensar en venir por Argelia. Cuando una ruta funciona todo el mundo migra hacia ella. Cuando se bloquea o se cierra se abren otras rutas.

-Se cierran unas y se abren otras, pero cada vez más lejanas y peligrosas…

-Ese es el problema. Estuvimos en Guinea Conakry para localizar a la familia de Adama Keita, una de las mujeres que falleció junto a su hija tras el naufragio de La Restinga en El Hierro. Esa es una de las grandes consecuencias nefastas que ha pasado con el cierre de Mauritania. Ahora le gente sale de países situados más abajo y con mucha más distancia para llegar a las Islas. Las rutas se complican más. La gente que sale de Mauritania nos cuenta que tardan cinco o seis días en la patera para llegar a Canarias. Los que lo hacen de Gambia o Guinea Conakry están diez o doce días navegando para poder llegar. Eso hace que muchos lleguen exhaustos o mueran en el trayecto.

-Y mientras tanto el Gobierno central se toma como victoria la reducción de llegadas...

-Esa es la hipocresía de la política. Ellos implementan unas medidas que, si te paras a analizarlas, son incomprensibles a nivel humano. A ellos solo les preocupan las cifras y los datos. Esas políticas funcionan porque apenas están llegando migrantes en los últimos meses, pero es a costa de darle muchos millones al gobierno mauritano. Eso deriva en una consecuencia directa: la población civil está recibiendo palizas, redadas, vulneración de los derechos humanos y metiéndolos en centros en los que solo pueden estar retenidos de 24 a 48 horas. Sin embargo, están muchísimo tiempo hasta que los expulsan.

Añadir nuevo comentario