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“No podemos hacer de Betancuria una estampa al gusto de los turistas”

Sebastián López , doctor en Historia del Arte

Eloy Vera 0 COMENTARIOS 11/07/2026 - 07:51

Sebastián López García es doctor en Historia del Arte, profesor de Arquitectura en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (Ulpgc) en excedencia y director insular de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria. Recientemente, ha participado en el primer Encuentro de Conjuntos Históricos de Betancuria donde se han analizado los retos y amenazas a los que se enfrentan, además de redactarse un documento: la Declaración de Betancuria que pone las bases para unificar estrategias de revitalización de los conjuntos históricos a nivel autonómico. Este experto en patrimonio alerta del pintoresquismo que ha inundado estos espacios, un riesgo del que no se escapa Betancuria con hasta una fuente andaluza en su plaza. “Hay que resaltar sus valores históricos y no convertirla en una estampa al gusto de los turistas”, insiste.

-¿Cuáles son los retos a los que se enfrentan los conjuntos históricos de Canarias?

-Los retos son múltiples porque los problemas de los conjuntos históricos no son ajenos a los de la ciudad contemporánea. El gran reto es adecuar todo lo que es la contemporaneidad a la conservación de los valores históricos y culturales que son los que conforman la identidad. Estos espacios suelen ser donde, preferentemente, se desarrolla la cultura. No sólo en su ámbito del legado heredado, lo que supone la riqueza de la historia del arte en Canarias, sino también la propia creatividad contemporánea. Desde el punto de vista histórico, los procesos han durado siglos y no tienen porqué interrumpirse. La continuidad de la aportación artística tiene que estar vigente para que en un futuro no haya esa interrupción.

“El abandono de las construcciones y la despoblación son amenazas para los conjuntos”

-En Canarias parece estar de moda el término identidad, ¿pero se ha tenido en cuenta a los conjuntos históricos del Archipiélago cuando se habla de identidad?

-Creo que no. Entre otras cosas, hay una idea muy extendida y es la de que las ciudades tienen su fundación hispana. Se insiste en las fundadas después de la conquista, pero eso no es del todo así. Hay de nueva planta, pero hay otras que están en lo más profundo de la canariedad que es cuando llegan los primeros pobladores. Hay conjuntos históricos en Canarias que tienen elementos desde la época prehispánica hasta la actualidad. Hay que tener en cuenta que la canariedad no empieza cuando desembarca Jean de Bethencourt en las islas de señorío ni cuando Juan Rejón lo hace en Gran Canaria. La canariedad es también toda la aportación que tenemos anteriormente. Cada isla tiene un perfil distinto y los valores son diferentes. La canariedad también se nutre de toda esa variedad de las Islas. Hasta ahora, lo arqueológico se ha visto como algo que ya es un ciclo cerrado, pero no es así. Hubo una continuidad que se manifiesta en los conjuntos históricos que son ciudades superpuestas. Estamos en un momento de valoración más integral y mirando más hacia atrás.

-¿Cuáles son las principales amenazas a las que están expuestos los conjuntos históricos?

-Las amenazas son múltiples y muy diferentes según cada isla y conjunto histórico. No es lo mismo un conjunto histórico con carácter rural que uno que forma parte de una gran ciudad. El abandono de las construcciones es una de las amenazas. También la despoblación es un problema grave en unos lugares, mientras que en otros el problema es al revés, con la llegada de más población. Los modelos de arquitectura, heredados en muchos casos para familias muy grandes en el pasado como hay casonas en La Laguna o Las Palmas, no son los modelos de hoy día. Se vacían conjuntos históricos por la expulsión, en parte, de la población local o por la proliferación de restaurantes, despachos, tiendas, etc. Sobre todo, los más turísticos sufren ese cambio de modelo. Pierden lo habitacional para convertirse en lugares de ocio y comercio.

“El convento de San Buenaventura debería tener un uso cultural y público”

-Y en el caso de Betancuria, ¿cuáles son esas amenazas?

-Betancuria es un caso muy particular con respecto al resto de Canarias. Es el municipio menos poblado. El despoblamiento es un factor muy importante y lleva a una descapitalización humana. Por otra parte, lleva a cuestiones muy particulares. Betancuria aumenta población por horas al día. Hay un cambio de uso de lo residencial a lo comercial y de ocio. El principal valor de Betancuria es su carácter cultural, lo que la hace singular dentro de Fuerteventura y Canarias. Hay una buena andadura con la restauración de sus monumentos. Entre ellos, la excatedral. Está el reto de qué nuevo uso puede tener el convento de San Buenaventura como recurso para toda Fuerteventura. También está el Museo Insular de Arqueología que es, sin lugar a dudas, de los mejores de Canarias.

-Acaba de mencionar el convento franciscano de Betancuria. Como doctor en Historia del Arte, ¿qué uso cree que se le debería dar a la edificación?

-Sería un uso cultural y público. La cuestión es qué acepta el edificio y ver qué necesita Betancuria y Fuerteventura. Es un espacio altamente cualificado y muy singular y hay que ver qué actividades acepta y hasta dónde se puede actuar en ese edificio. Hay que ver qué soluciones arquitectónicas se pueden aportar y a partir de ahí qué se puede hacer. Lo que más puede aportar es la iglesia conventual como espacio, pero habría que ver qué soluciones arquitectónicas se pueden aportar. No hay duda de que es un espacio que hay que resolver. Ahora mismo, no es útil. Está para la observación, pero es como si fuera una ruina arqueológica que no tiene posibilidades. Creo que es un espacio recuperable para el uso: conferencias, exposiciones, conciertos, pero hay que ver la capacidad de carga que acepta.

“No podemos desdibujar Betancuria con elementos pintorescos”

-¿Qué se puede hacer para que Betancuria no siga perdiendo población?

-Ese es uno de los grandes retos. Se nos escapa a los historiadores del arte. Habría que ver cómo se fomentan nuevos trabajos que pueden ser atractivos para las personas. No es el trabajo que ahora se oferta, de horas, sino uno que permita tener una población más estable y a la vez sea un lugar más vivo de lo que es en la actualidad.

-¿Qué le parece que se hayan instalado en el casco de Betancuria bancos de hormigón, maceteros por todas partes y hasta una fuente andaluza?

-Esa es la parte negativa del proceso de turistificación a la que asistimos en muchos lugares de Canarias. El pintoresquismo hay que eliminarlo de los centros históricos. En las zonas turísticas de otras islas también se ha tirado por el falso tipismo hasta llevarlo a los conjuntos históricos. Hemos tenido una lucha y en algunos lugares hemos conseguido frenar todo eso. Todos esos elementos no tienen nada que ver con la sobriedad de nuestros conjuntos históricos. Incluso, desdibujan la arquitectura. El pintoresquismo es un grave problema. Hay una falta de control por parte de los organismos competentes. Se supone que si se coloca en un espacio público una escultura de un personaje debe tener el dictamen de la comisión insular de Patrimonio correspondiente.

-¿El turismo es un buen aliado de los conjuntos históricos?

-El turismo bien enfocado sí, pero si ese turismo implica un pintoresquismo y está modificando la imagen del conjunto histórico ya ese turismo tiene una parte nociva.

“Las amenazas son diferentes según cada isla y conjunto histórico”

-Una vivienda en un conjunto histórico puede convertirse en un lastre para los propietarios. ¿Cómo se puede evitar que no acabe viniéndose abajo o convertida en vivienda vacacional?

-Las ayudas facilitan mucho, sobre todo en un momento en el que la vivienda escasea, pero ¿hay realmente un interés por vivir en el centro histórico o por convertirlo en un recurso económico? Esa sería mi duda.

-¿Han quedado libres los conjuntos históricos de las Islas de la presión inmobiliaria a la que fueron sometidos en el siglo XX?

-Creo que están más libres en el sentido de que hay más conciencia y que las reglas de juego ya son más conocidas. El primero en declararse conjunto histórico fue el barrio de Vegueta en 1973. Fue en un momento de fuerte especulación que provocó que muchos lugares no quisieran ser conjuntos históricos. La mayoría de los tinerfeños se negaron rotundamente con La Laguna. Cuando ya estaban declarados todos los importantes de la provincia de Las Palmas en 1982, La Laguna seguía sin estar declarada. Hoy día ya se conocen más las reglas. Incluso, hay lugares donde son conscientes de que hay que hacer una excavación arqueológica y se arriesgan a que les pueda aparecer algo. Hace años eso no pasaba. Se metía el tractor y desparecían los restos. Hoy día eso no pasa.

-¿Cuáles son los conjuntos con más riesgos en Canarias?

-Todos tienen sus riesgos según los perfiles de las Islas. Por ejemplo, Betancuria es muy vulnerable paisajísticamente. Si se permite, por ejemplo, una construcción de dos plantas en una loma, algo normal en cualquier otro lado, aquí tendría su cierto impacto. No es lo mismo una vivienda de dos plantas en Vegueta o La Laguna donde se puede incorporar arquitectura contemporánea y prácticamente no se va a notar a otros lugares donde sí habría impacto.

-¿Cuál es el principal reto al que se enfrenta Betancuria en las próximas décadas?

-El principal reto es la conservación. No podemos desdibujarla con el pintoresquismo. Debe quedarse solemne, austera. Betancuria es el resultado de una secuencia de siglos, pero no podemos desdibujarla con elementos pintorescos. Evidentemente es un recurso que está utilizado para el turismo, pero no es exclusivamente para el turismo. Es un recurso de la identidad de Fuerteventura, de Canarias para las personas y donde también vienen turistas. No podemos hacer una estampa de Betancuria al gusto de los turistas. Tiene que estar primando la conservación con la autenticidad. Si hubiera que poner algo en las plazas, hay que resaltar los aspectos singulares de la historia de Betancuria y de Fuerteventura. Los elementos de adorno público deben ir siempre vinculados a reforzar la memoria del propio ciudadano y de su identidad y el que viene que vea esa aportación concreta de ese lugar.

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