“La humanidad padece incapacidad para contemplar”
Romina Rivero, artista
Sutura. Entra la luz, la nueva exposición de la artista tinerfeña Romina Rivero es, en sus propias palabras, un manifiesto de lo que le gustaría que llegase a ser la humanidad. “Deseo de dignificar, de cuidar, de mirar, de tener un espacio para llorar, para brindar, donde esté el cuerpo y el territorio”, explica. El pasado 28 de mayo inauguró la muestra en el Centro de Arte Juan Ismael, en Fuerteventura, donde permanecerá hasta el próximo 14 de agosto, y donde a través del minimalismo y la sutileza que caracterizan su obra nos invita a reflexionar sobre la herida, el dolor y la transformación.
-¿Qué es ‘Sutura. Entra la luz’?
-Yo tengo la sensación de que es como si los quince años que llevo como profesional hubiesen llegado a un embudo, tanto la investigación, como el formalismo de las piezas, la técnica, mi parte de la medicina tradicional china, todos aquellos tratados o leyes que tienen que ver con la bioética, los derechos humanos, el taoísmo, que es mi filosofía por excelencia y que se acerca mucho a lo que nos han enseñado nuestros abuelos y abuelas, la forma en la que ves el mundo, en la que lo respetas. Y luego mis referentes, que tengo tres muy importantes: Antoni Tàpies, Louise Bourgeois y Doris Salcedo. Y también están Michel Foucault, Silvia Federici o Paul B. Preciado. Es como si hubiese ido añadiendo todos estos ingredientes, se hubiese estado cociendo todo y ahora por el embudo y de forma natural drena a otro nuevo punto dentro de mi carrera, que no sé si llevará diez o quince años pero ya lo veo, ya está naciendo.
-¿Cómo entiende el compromiso ético dentro de una práctica artística?
-Lo es todo. Para mí, mi profesión es justo eso, un absoluto compromiso y deber social, es mi bandera. Hacer apología de los derechos humanos, del cuidado, del bienestar social y de todos los valores que van en pro de la vida, más allá de la experiencia estética. Para mí las instalaciones son fundamentales, es mi medio más natural en el que encuentro esa esencia que intento trasladar. Las personas que visitan las instalaciones pueden conectar con una parte suya que les hace reflexionar, y la reflexión permite la evolución personal y por ende una evolución común.
-¿Cómo dialogan en su trabajo belleza y violencia?
-Ahora que soy mamá lo resumiría en una frase: si yo no hubiese parido, si no me hubiese partido y no hubiese conectado con la posibilidad de morirme, no hubiese dado vida. Es como cuando íbamos del colegio al instituto, una parte era emoción pero otra terror, y para la universidad lo mismo, y para el trabajo lo mismo. Dudo que se pueda conocer la paz sin trabajarla, sin ser consciente de ella, sin ir en pro de ella. Y otra cosa muy importante, a ninguna persona que ha abogado por los derechos, por las libertades, las luchas obreras, las mujeres... a nadie le dan palmaditas en la espalda cuando está luchando. Y sin embargo, estamos aquí porque estaban allí.
“Mi profesión es un absoluto compromiso y un deber social, es mi bandera”
-Sus obras están atravesadas por términos como la biopolítica, la tecnopolítica o la farmacopornopolítica. ¿Cómo transforma estos conceptos en imágenes concretas?
-La generosidad que tiene la pacha mama, la madre tierra. Los materiales nobles y el saber tradicional y ancestral, que ha hecho que haya determinados recursos disponibles, como los hilos que trabajo o la cerámica. Los materiales ya tienen su propio lenguaje simbólico y eso ayuda mucho. Lo que es el cuerpo como piel y la piel como algo limítrofe. Trabajar el tejido, con esa sutura médica. Como canaria, como mujer, como alma que sencillamente nace en este emplazamiento fundamental. Ahora hay una masificación pero yo me crié de otra manera, cuando podías ir a una playa y no encontrarte a nadie. Eso da calma, quietud, silencio y ahí puedes ver los discursos desde el exterior. Porque para apreciar determinadas sutilidades de la vida se necesita contemplación, y lo que estamos padeciendo la humanidad es que no tenemos capacidad de contemplar.
-¿Cree que el arte es un lugar de resistencia real frente al sistema hegemónico o ha sido absorbido también por él?
-Sí lo es, absolutamente. El pulso del conocimiento visual ha permitido avances importantes en la historia de la humanidad que no se hubiesen sucedido sin un dibujo, una fotografía, un dibujo microscópico... Tenemos el poder y la posibilidad de crear una imagen. Es como cuando te dicen que visualices, nosotros creamos las visualizaciones.
-Los cuidados también aparecen constantemente en sus proyectos. ¿Qué le interesa explorar o poner de manifiesto?
-Que son inherentes a la vida, sin cuidar morimos. Un cachorro o cachorra sin cuidados muere, ya sea un lobo o un gato al que el pato acoge porque lo han repudiado. Si no cuidásemos lo que comemos o nuestras casas, moriríamos.
-En alguna ocasión ha hablado de su necesidad imperiosa de embellecer el dolor. ¿Qué significa embellecerlo?
-Supongo que es amar lo que eres, lo que no eres, lo que te duele, lo que has despedido, lo que vas a despedir, lo que has recibido. Es una forma de gratitud a lo doliente y a lo alegre.
-¿Cómo puede el arte ayudarnos a hablar más y mejor del duelo?
-Vietnam, por ejemplo, fue un punto extremadamente crítico de violaciones a niñas, y luego las niñas eran cuidadas en templos en los que se las instaban a escribir para que no recordaran, para liberarse sin poder hablar. Tienes que manifestar lo que quieres dejar ir y tienes que deshacerte de eso. Y no es que tengas que hacerlo como imposición, sino que tienes que hacerlo para seguir viva contigo misma. El punto de formalizar una pieza o un escrito... necesitas mirarlo a la cara, reconocer eso como ser humano, yo lo he encontrado en el arte. Cada almita tiene que encontrar a lo que ha venido, y cuando lo encuentras... hay quien lo encuentra y no se lo cree, quien lo encuentra y lo disfruta o quien lo encuentra y el triunfo es contarlo. Cada quien tiene que encontrar su juguete y jugar con él.
-Sus obras han abordado heridas individuales que remiten a heridas colectivas. ¿Cómo entiende esa conexión entre lo íntimo y lo político?
-Siento que a fin de cuentas todos somos seres humanos y todos portamos emociones que nos pueden dañar y sentimientos que nos pueden sanar. Estamos hechos de la misma pasta. Aunque cada uno conectará con cada uno de sus sentimientos desde su propia esencia. El agua es agua, la tierra es tierra, el sol es sol, el llanto es llanto, el miedo es miedo... Pero cuando hablo de miedo, el miedo mío es uno, el tuyo es otro, mi alegría es una, la tuya es otra. Cada uno lleva una fórmula.
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“Para apreciar determinadas sutilidades de la vida se necesita contemplación”
-¿Le interesa generar algún tipo de incomodidad desde la revisión y el pensamiento crítico en quien se acerca a sus obras como público?
-Para mí es una filosofía de vida. Cuando digo medicina no digo neoliberal, sino el arte de ayudar a recuperar el biorritmo físico, mental y emocional. Desde ese punto, reencontrarte en tu dolor es tomar consciencia del momento presente, de quién eres, qué quieres cambiar y que no, sentarte contigo mismo. Claro que es incómodo. Cuando tú miras hacia la luz hay oscuridad hacia al otro lado, y cuando ese barco va avanzando hacia la luz a veces también hay tormenta. Está preestablecido que va a ser doloroso. La existencia es tan bella y sublime como horrorosa, es inherente a la vida. Si tú no vas en pro de ir, la vida va hacia atrás porque no se detiene. Desde el campo médico siempre decimos que cuando hay una enfermedad o un desequilibrio, o sanas o no sanas. La latencia o esa incomodidad se puede mantener. Un bien común es un bien individual primero. No puedes salir con la bandera fuera si primero no la levantas tú sola.
-¿Considera que crear desde la periferia permite mirar ciertas estructuras de poder con más claridad?
-Hay una frase que me gusta mucho de la cultura amerindia, que he sido bastante lectora de muchos tipos de tratados, y es que para poder estar hay que hacer una vista de pájaro siempre. Y creo que desde un lugar como es el nuestro que sigue siendo una de las pocas colonias a nivel mundial, que se dice muy rápido pero significa muchísimo, claro que nos da el poder primero de tener la capacidad de mirar qué estamos padeciendo. Porque si hablásemos de una jerarquía, Canarias estaría en la parte baja de la pirámide pero con una idiosincrasia que en lugar de convertir esta situación en guerra la ha convertido en algo amable. Y si tienes una forma amable tienes una posibilidad de cambio. Lo hemos hecho de una forma subversiva pero también realista para sobrevivir. Separarte de la hegemonía en la que impera el postureo, claro que está bien salir de ahí. A las canarias y canarios nos enseñaron a saber estar. Lo que está pasando en Canarias pasa en un montón de pequeños sitios en el mundo, donde ha habido paternalismo industrial y una dominación absoluta de la religión, da igual que sea el cristianismo, el islamismo o cualquier otra. Si lo viéramos como un universo, en cada estrella pasa algo.


















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