Su llegada tuvo importantes consecuencias directas en la demografía, la sociedad, el urbanismo, la economía y la vida política de la Isla

El impacto de la Legión en Fuerteventura: unos 3.000 militares en una isla tranquila
Su llegada tuvo importantes consecuencias directas en la demografía, la sociedad, el urbanismo, la economía y la vida política de la Isla
Entre diciembre de 1975 y enero de 1976, más de tres mil legionarios procedentes del Sáhara desembarcaron en Puerto del Rosario ante la perpleja mirada de los habitantes de una isla que hasta entonces estaba acostumbrada a la más absoluta calma. Tras la Marcha Verde y la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid, el avance de Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara propició que el Ejército español ejecutara la precipitada Operación Golondrina, poniendo fin a la presencia militar de España en su antigua colonia.
El historiador Carmelo Torres, coautor junto a Felipe Bermúdez Suárez del libro Asamblea Majorera. 25 años de historia, señala que, a finales de 1975, la ocupación marroquí del antiguo Sáhara español situaba a Canarias como territorio de frontera frente al Gran Magreb. ¿Por qué llegó la Legión a Fuerteventura? Entre otras cosas, Torres afirma que el hecho de que Fuerteventura doblara a Lanzarote en superficie, y que además fuera un lugar muy poco poblado, hicieron de la isla majorera un lugar idóneo a ojos de Madrid para destinar a la Legión.
Originalmente llamada Tercio de Extranjeros, la Legión es una unidad militar española creada por José Millán-Astray en 1920. Este cuerpo de soldados buscaba exaltar el espíritu y el sentimiento de pertenencia al grupo, a semejanza de la Légion étrangère francesa, y se creó como respuesta a las derrotas militares del Ejército español en las guerras coloniales del norte de África. La Legión participó en la guerra de Ifni (1957-58), y desde entonces se instaló más al sur, en las dos provincias del Sáhara español, hasta que España abandonó a su suerte a la población saharaui en 1975.
Entre diciembre de 1975 y enero de 1976, el Tercer Tercio de la Legión, el Don Juan de Austria, desembarcó en la Isla con alrededor de tres mil efectivos uniformados. Torres apunta que “los 3.000 legionarios procedían de 45 países distintos y que algunos tenían un historial delictivo y estaban perseguidos en sus propios países”. Guillermo Martínez Soto, alcalde de Puerto del Rosario desde 1968 a 1976, tuvo que acatar las órdenes del Gobierno y encargarse de la bienvenida oficial.
Explosión demográfica
Según el censo de 1970, la población de Puerto del Rosario era de 6.680 personas. Una década después, el censo de 1981 cifraba en 13.878 personas la población de la capital majorera. Para entender ese crecimiento, a los cerca de 3.000 legionarios hay que sumar la llegada de toda una serie de personas asociadas al Tercio, entre las que destacan las prostitutas y los comerciantes que se instalaron al abrigo de las demandas de la Legión. Otro factor muy importante es el retorno de las familias que habían emigrado al Sáhara español y que se vieron obligadas a regresar atropelladamente.
El desembarco del cuerpo militar se produjo en un territorio de unos 20.000 habitantes
El investigador Alejandro González Morales, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha estudiado en profundidad la demografía de Fuerteventura. “Las dos islas con mayor contingente retornado del Sáhara fueron Gran Canaria y después Fuerteventura. A Gran Canaria fueron todos los relacionados con Fos Bucraa. En cambio, otros comerciantes y el sector que estaba más vinculado a la Legión en el Sáhara es el que llegó a Fuerteventura. Calculo en torno a 1.000 la cifra de civiles retornados”.
¿Dónde están las 2.000 personas que faltan para explicar el crecimiento de la capital majorera? Para González, esas cifras salen del crecimiento vegetativo que Fuerteventura empezó a experimentar en aquellos años, junto a la llegada de alemanes y británicos, ya no solo como turistas, sino como residentes inversores con un alto poder adquisitivo.
Impacto social
La Legión era vista por la sociedad majorera como un cuerpo impuesto que contaba con una enorme cantidad de efectivos. “Hubo choques con los representantes políticos e incluso episodios de confrontación con los jóvenes majoreros”, explica José Curbelo, investigador predoctoral especializado en la época de la Legión en Fuerteventura y en la creación de Asamblea Majorera. “La conflictividad y la tensión fueron la norma desde el primer momento, hasta 1983 y 1984”.
La instalación en Fuerteventura tampoco resultó fácil para los propios legionarios. Un aspecto crucial para entender el historial que dejaron en la Isla es el de los desertores. “La deserción era algo habitual en el Sáhara, pero allí tenían todo un continente para correr”, explica Curbelo. “Con la llegada a Fuerteventura, los desertores se vieron atrapados en una isla, y armados”.
La presencia militar aceleró la expansión urbana de Puerto del Rosario
Este factor propició que aumentaran los episodios violentos, como asaltos y robos, y algunos más dolorosos, como el asesinato de Pablo Espinel, alcalde pedáneo de Guisguey, en abril de 1976, cometido por tres legionarios. En mayo, el presidente del Cabildo, Santiago Hormiga, sufrió un grave accidente de tráfico provocado por un legionario que circulaba a 140 kilómetros por hora cuando embistió a la comitiva oficial. Tras dos semanas muy grave, Santiago Hormiga falleció, conmocionando a la sociedad majorera. El episodio más sonado ocurrió en agosto de 1979 y tuvo alcance internacional. Tres legionarios desertores protagonizaron en el aeropuerto de Fuerteventura el secuestro de un avión DC-9 operado por Iberia. Tras una escala en Lisboa, finalmente aterrizaron en Ginebra y se entregaron a las autoridades suizas.
En el contexto de la transición hacia la democracia surgió Asamblea Majorera (AM), un partido que hizo frente y superó a la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez en los primeros comicios de la nueva era democrática. Sus éxitos se explican en gran medida por hacerse eco de una de las principales demandas de la sociedad majorera: el rechazo a la Legión.
Curbelo apunta que la situación se fue suavizando a medida que pasaban los años. “Por un lado, los partidos políticos y la población majorera suavizaron sus demandas, y por otro, los propios actos de los legionarios se fueron moderando. La Legión sufrió cambios internos para adaptarse a los nuevos tiempos, y acató los principios democráticos. La Legión que se marchó mucho dista de la Legión que llegó”, concluye Curbelo.
Tras muchos años de rumores en la esfera política majorera, en diciembre de 1995 el Tercio Don Juan de Austria se marchó definitivamente rumbo a la base de Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), poniendo así fin a dos décadas de presencia en Fuerteventura.
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Publicaciones en prensa de la época sobre la Legión / Jable ULPGC.
Crecimiento urbano
“No había casas para tanta gente”. Según explica Torres, los legionarios se instalaron principalmente en el cuartel de la capital majorera, que tuvo que ampliarse. “Quienes no se instalaron en el cuartel lo hicieron en viviendas, fundamentalmente en el barrio de El Charco. También se aprovecharon otras infraestructuras pertenecientes a Defensa en lugares como Betancuria o Tefía”.
Torres añade que hubo que construir barracones de hojalata y de tipo jaima en un espacio anexo al propio cuartel. “También se hicieron casas prefabricadas de hierro”, añade. La ampliación del cuartel supuso para Puerto del Rosario que sus conexiones empeoraran notablemente debido a la longitud de este, que impide que pueda ser atravesado por ninguna calle. En 1979 se construyó el Campamento Teniente Coronel Valenzuela, en El Matorral, para albergar la Unidad de Instrucción de Reclutas (UIR) del Tercio Don Juan de Austria.
La ampliación del cuartel supuso para Puerto que sus conexiones empeoraran
Otro aspecto relevante es que algunas personas en Puerto del Rosario se beneficiaron a la hora de alquilar viviendas a legionarios y sus familiares. “El propio cuerpo de legionarios se quejaba de la especulación que hacían algunos vecinos de la capital al alquilar porque decían que elevaban bastante los precios, sobre todo teniendo en cuenta la baja calidad de las viviendas”.
Fuera del plano estrictamente militar, los expertos coinciden en señalar a Playa Blanca como uno de los lugares que sufrió mayor transformación. “Entre el Parador y la ciudad se creó un barrio de prostitución y en ese entorno proliferaron viviendas y casas asociadas a pequeñas cafeterías y bares”, explica González. Además, añade que “el gran crecimiento de Puerto fuera de sus límites históricos se produjo fundamentalmente en Fabelo, junto a la carretera que unía Tetir con el casco de la capital. Allí se instaló población procedente de otras islas y de otros municipios majoreros, principalmente clases humildes con poco poder adquisitivo. En cierto momento el crecimiento de Puerto se frenó en favor de otros lugares como Tefía o Casillas del Ángel”.
En el plano económico, cuando la Legión desembarca en Fuerteventura, la Isla estaba atravesando un proceso de transformación vinculado al turismo, según explica González. “Corralejo, Pájara y, en menor medida, Caleta de Fuste fueron las zonas que más se transformaron en ese sentido. Puerto del Rosario también se benefició porque el aeropuerto vio incrementado el número de vuelos, mientras que el puerto capitalino y su infraestructura no pararon de crecer durante la década de 1970”.
En ese contexto llegó la Legión a la Isla, y Torres señala que, ante la perspectiva de recibir a más de 3.000 nuevos residentes, “los empresarios se frotaban las manos”. En los primeros meses ingresaron mucho dinero. Sin embargo, los expertos consultados coinciden en que las expectativas de los negocios locales, especialmente en Puerto del Rosario, fueron mucho más altas de lo que la realidad les deparó finalmente. Debido al precio de los productos, la Legión terminó abasteciéndose en gran medida del economato militar de Las Palmas, donde compraban los productos esenciales que luego transportaban a Fuerteventura. A pesar de ello, es indudable que la llegada de tantas personas supuso una inyección para la economía local.
Campo de tiro
La creación del oficialmente denominado como Campo Nacional de Maniobras y Tiro de Pájara fue un ingrediente más dentro de la historia de la Legión en Fuerteventura, aunque su existencia no está directamente vinculada al Tercio Don Juan de Austria. Curbelo matiza que “la idea de establecer una suerte de bastión en Canarias ya estaba arraigada dentro del Ministerio de Defensa, en Madrid. Se planteó la creación del campo de tiro para la ejecución de maniobras, y aunque es cierto que fue usado por la Legión, es importante matizar que no pertenecía a la misma y que estaba abierto a cualquier ámbito militar”.
La creación del Campo de Tiro de Pájara abrió un largo conflicto social y judicial
Se encuentra en un terreno árido y desértico oceánico, entre el barranco de Garcey, al norte, y el barranco de Ugán, al sur. Al oeste limita con el litoral majorero y al este con la carretera que une Pájara con La Pared. Sus 4.025 hectáreas suponen un 10,5 por ciento de todo el suelo municipal de Pájara, y un 2,4 por ciento de la superficie insular.
La expropiación forzosa comenzó en 1976 y afectó directamente a familias majoreras que hasta entonces vivían de sus plantaciones de tomate y de millo, privándolas también del uso de las fuentes de agua potable. El Ayuntamiento de Pájara, gobernado por Asamblea Majorera, presentó numerosos recursos en una batalla judicial en la década de los ochenta que llegó hasta el Tribunal Constitucional, aunque finalmente falló a favor de Defensa.
En 2012 el Gobierno declaró la zona de interés para la Defensa Nacional, para garantizar su uso por parte de las Fuerzas Armadas. “El campo de tiro ha privado a los vecinos de Fuerteventura de disfrutar de un valor paisajístico incalculable, y también a los arqueólogos de acceder a numerosos yacimientos que aún están por estudiar. Hay cazadores que, a modo de protesta y de reivindicación, se han arriesgado a saltar la alambrada y han cazado conejos. También han encontrado restos cerámicos, pero es arriesgado entrar porque todavía hay proyectiles sin explotar”, concluye Torres. El campo de tiro sigue perteneciendo a Defensa y su cierre sigue siendo una reivindicación histórica de la población majorera.

















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