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Recojan sus platos, hay fuego en la mesa

Chocolate Sexy regresa con ‘Buenos de boca’, un EP que reúne crítica social, ritmo y autenticidad

María Valerón 0 COMENTARIOS 21/06/2026 - 07:59

“Voy a grabar y voy a arrasar con todo” anuncian, como un mantra, en el primer tema de su EP: no es una amenaza vacía. Chocolate Sexy regresa a plataformas (Spotify, Youtube Music, Amazon Music) con Buenos de boca, un conjunto que en seis piezas disecciona diferentes elementos de la actualidad inmediata de la Isla y de su generación artística. La crítica social, económica y política se cuela en una muestra que juega a fingirse irreverente. Tomando por título Buenos de boca, los autores -Álvaro García Álvarez (Reverendo Brown-Dj Keroi) y Guillermo González (Gilo, El Yeti)-  preparan un pequeño menú gastronómico que esconde, bajo la superficie, letras cargadas de contenido crítico, una ya característica sátira musical y unos ritmos magnéticos que parten de una base de hiphop clásico para superponer por capas una diversa, colorida y exigente selección de sampler, scratch e instrumentales.

La conceptualización del conjunto responde en lo estético al juego de un festín (Crema, crema, crema; Banquete de ogros; Aguacate; Gofio de cosco; Grasa de bacon; Praliné) y en lo metafórico a la libre expresión: la buena boca es la que no tiene límites, no se reprime y no se autocensura. Por eso, el EP planea sobre distintas temáticas críticas: la supercomercialización del producto musical por parte de los nuevos autores, la transformación del panorama promocional (y sus peligros para la juventud), el fomento social de la fama frente al arte, la autenticidad identitaria (elemento presente y transversal en toda la trayectoria musical de Chocolate Sexy) y, como crítica central del EP con Gofio de cosco, un posicionamiento firme contra la masificación turística del territorio y sus consecuencias medioambientales y sociales.

“Juego siempre tiene que haber uno, y en este caso fue Buenos de boca: que somos buenos de boca, en el sentido socarrón que se le da en Canarias, eso es indiscutible, lo somos; pero que las canciones fueran un trampantojo es el juego”, explica Guillermo González, y coincide con él Álvaro García que apunta a ese cambio de concepto de “ser bueno de boca” como un elemento que también los define en lo musical: “Lo entendemos desde el doble sentido de la habilidad del rap (porque para hacer rap mínimo algo de boquita tienes que tener). En ese juego de palabras nos hemos representado: buenos de boquita, en los dos sentidos, también el del piquito de oro”.

Con esta fórmula, los artistas se posicionan en resistencia, frontales y antagonistas de una tendencia palpable del mercado. Frente a una identidad superficial y casi estética fomentada por la industria y las redes sociales, y que funciona como envoltorio comercial de mensajes no arraigados a la realidad inmediata, Chocolate Sexy ofrece lo opuesto: una apariencia trivial y liviana, representada en títulos ligeros que se relacionan con un menú de degustación, en la que esconden, como particular caballo de Troya, su contenido crítico. Con un tono humorístico que ya es reconocido por el público como su sello, el dúo lo expresa discretamente en su tema Aguacate, que funciona como conector ligero entre temas: “Tiene más rollo que película / más semilla que aguacate/ más papel que caramelo/ pero ellas quieren Chocolate”.

Lo hacen, dicen, desde la liviandad: “Nos encontramos juntos, conectamos, en eso. Eso hemos sido siempre. Creo que se trata de ser capaces de poner lo divertido al servicio del mismo mensaje que en otros casos se lanzaría más agresivo o solemne”, apunta Guillermo González.

Masificación

El manifiesto central del EP, por su posición en el conjunto, su solemnidad y su trato protagonista hay que buscarlo en la pista cuatro: Gofio de cosco, una pieza que pone el foco en la masificación turística de Fuerteventura. “Fui a abrir la puerta y ahora no hay sitio en el sillón. Me siento en la horca y el nudo me lo hice yo”, repite el estribillo de una pieza de denuncia contra el actual modelo turístico y la crisis medioambiental, identitaria, territorial y económica ligada a una masificación turística que ya es protagonista indiscutible de los contenidos críticos del panorama artístico de Canarias.

“Si desapareces lo local, desapareces la cultura porque las cosas se harán para una cámara”

“Ahora lleno la cartera/ de una cadena hotelera forastera/ antes picaban la cantera/ En Fitur dijeron que aquí no nieva/ que en esta playa se enrollaron Adán y Eva / Se olvidaron de decir que en esa furgo/ en el borde de la carretera/ está viviendo una enfermera/ que le piden dos salarios por una ratonera”, o “Será siempre, entonces, hotel y fiesta/ que el otro goce/ los doce en la misma cesta/ Que el turismo te hará rico, Ayoze, la 3,14/ A la que almuercen no se ponen el corsé”.

El carácter de crítica (y de autocrítica, como sociedad) de este tema central del EP se entrelaza con un sentido emocional, que traspasa lo más cruento de la crítica del hiphop para conectarlo en lo afectivo (personal, íntimo) a lo identitario (público, colectivo) a través de dos voces, que suponen la única colaboración de este EP: la de Álvaro García y de Guillermo González, padres de los artistas (casualmente herederos, ambos, del nombre de sus progenitores), que funcionan como nexo, cable a tierra, con el sentido del duelo identitario.

“La única colaboración es The CrossFathers: hacemos un guiño poniéndole ese título a los colaboradores porque nos referimos al mismo tiempo a una pieza que se toca para poder hacer scratch (crossfader) y a esa colaboración, que son nuestros dos padres cruzados. Es algo en lo que habíamos pensado hace tiempo y era algo importante para nosotros, nos emocionará siempre escucharla por lo que representa, y es un testimonio que teníamos muchas ganas de que quedara en un tema”, explica Álvaro.

Así, Guillermo González, que es además conocido en la Isla por su conexión con el folclore, corea el puente de estribillo junto a su hijo (“Mira que lo vi venir, ahora soy un souvenir”), mientras Álvaro García apunta a la necesidad de protección de la Isla como ejercicio de amor, con un texto en prosa de lectura dramatizada (“A Fuerteventura no solo debemos quererla, sino que debemos enamorarnos de ella”).

Superficialidad

Ligada al discurso contra la sociedad del consumo, pero en este caso conectada al sector creativo, la otra gran protagonista que sobrevuela las letras de distintas canciones del EP es la crítica a la superficialidad y la irrupción de la industria en el autoconcepto de los creadores más jóvenes. Chocolate Sexy coloca aquí en el punto de mira una tendencia generalizada y muy ligada a las redes sociales: modos comerciales y marketing digital, por encima del contenido artístico; fórmulas musicales repetitivas, letras sin conexión real al contexto del artista y la estandarización en las formas, frente a la búsqueda del tono y voz personal de cada momento y cada personalidad artística.

Este rechazo a una deriva social que permea distintas áreas creativas, queda reflejado como una constante en todo el EP, especialmente en Grasa de bacon donde pasa a convertirse en temática principal, con frases como: “Ahora me hablan de nicho, de tener despacho/, de hacerme cuatro selfies vestido de mamarracho/ Escribo con Yeti, necesito un buen catch-up/ no es la hoz y el martillo: son la pala y el sacho”, o en “My stezz, my skills, no caben en tus reels/ Ni tampoco este talle, ni mi longo piñatil (...) Me ahorro tragos y bots que no pago/ Pásame tu estudio de mercado por el rabo”.

El EP juega a combinar el contenido  irreverente con la crítica social

“Estamos muy lejos de ese marketing, que además quiere proyectar la imagen de que el artista promedio ya nace siendo algo extraordinario, de forma que si tengo dos o tres cosas publicadas, ya puedo hablar desde este púlpito. Es un discurso contra el que hay que ir: la música y cualquier arte se basa en la trayectoria, en el ensayo error, en arrugar papeles”, señala Álvaro García, que apunta en este sentido a la paulatina pérdida de calidad del producto musical en favor de la recompensa inmediata que ofrecen las redes sociales a esa apariencia de calidad, algo especialmente alarmante en relación a los jóvenes creadores: “Muchas veces, con un poco de atención, puedes ver que lo que venden con estos mensajes promocionales no son sus canciones: son otros discursos. Lo menos protagonista, desgraciadamente, es la música. Además hay un ultraindividualismo implantado a nivel social, no lo pienso como algo generacional, sino algo que se fomenta desde el contexto: les están enseñando que es matar o morir”.

Guillermo González añade que para los jóvenes esto supone, además, una doble presión: “Hay un gasto de energía tan grande en mantener esa pose, un gasto de dinero también (porque todo esto exige una inversión en ropa, fotografías etc). Además, se vende una mitificación del proceso, cuando el proceso de crear realmente es feo, es trabajoso, a veces es farragoso”, señala.

Para González, el peligro real al que se enfrentan los más jóvenes no reside solo en la deriva de autopromoción comercial que promueven las redes, que implica un coste psicológico y económico, sino que está en una individualidad que no favorece a la creación. En el centro de este problema, apunta a la desaparición de los pequeños festivales locales y los espacios de conexión entre creadores: “Mira que llevamos años dando la tecla con la desaparición de las bandas y la importancia de fomentar esas ganas de hacer música en el underground. Eso no son los millones de visitas o los millones de repercusiones. Así que tenemos un problema real: no hay campos de tierra en esta área, no hay segundas divisiones porque desaparecieron. Los chiquillos tienen que pasar desde grabarse en su cuarto a un festival de tres o cuatro estrellas porque no hay nada intermedio, nada local. Si desapareces lo local, no quedará nada, desapareces la cultura porque la mayoría de las cosas se harán para la cámara. Equivocarse en el escenario (no montar una pose en un vídeo para redes) y ver la reacción del público, es parte del proceso, como también lo es que en ese proceso se apoyen unos a otros, porque comparten espacios”, señalan.

Chocolate Sexy lanza en el cierre de Gofio de cosco un testigo: “A mí me gusta que tu viento deshilache las banderas/ Más puntales pa’ la lucha, no pasividad en la brega”. Territorio, medioambiente, identidad, justicia social y, sobre todo, (desde aquella jovencísima asociación RIMA) defensa de la creación cultural desde lo local, de lo underground como oportunidad para el desarrollo creativo de los jóvenes frente a un mercado cultural terrorífico. Esos han sido sus terreros: puede que sea hora de escuchar a los músicos, mirar fijamente a la arena y, con mucho respeto, lanzar una moneda.

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