Dermocosmética vs. Supermercado: Por qué tu piel agradece los productos de higiene de farmacia
Vivir en Fuerteventura, pero un reto constante para nuestra piel. El sol casi eterno, viento incesante y ese salitre que lo envuelve todo, no solo afecta a nuestras casas o coches; nuestra barrera cutánea es la que recibe el primer impacto. Durante años, hemos llenado el carrito en el supermercado con leche, plátanos y el gel de ducha más barato o el que mejor oliera. Sin embargo, en una isla donde la piel está bajo asedio climático constante, la higiene diaria no puede ser una cuestión de azar o de oferta de última hora. La diferencia entre un producto de gran consumo y uno de farmacia no es solo el precio o el envase. Es la diferencia entre higiene o reparar la piel mientras nos duchamos.
El mito de la espuma
Uno de los mayores éxitos del marketing es habernos convencido de que mucha espuma equivale a mucha limpieza. Para lograr esas burbujas infinitas, muchos geles de supermercado utilizan sulfatos agresivos. Estos ingredientes son tan potentes que no distinguen entre la suciedad y los aceites naturales que nos protegen del sol y la sequedad.
Si al salir de la ducha sientes la piel tirante o te pica, no es por limpieza, es que has decapado tu protección natural. En una isla con niveles de radiación UV tan altos, una piel desprotegida por un jabón agresivo es una piel mucho más vulnerable a las quemaduras y al envejecimiento prematuro. Los productos de higiene corporal que puedes encontrar en la farmacia utilizan tensioactivos suaves que limpian sin agredir.
Desodorantes, una batalla contra la humedad y el roce
El clima de la isla, unido a una vida activa de playa, senderismo o deportes acuáticos, hace que el desodorante sea nuestro mejor amigo. En el supermercado solemos buscar el que promete un efecto antitranspirante con fragancias intensas que, a menudo, solo enmascaran el olor y terminan irritando la axila debido al alto contenido de alcohol y perfumes sintéticos.
Para quienes sufren con el sudor continuo, los desodorantes de farmacia son otro mundo. No se limitan a taponar el poro; utilizan activos como el gluconato de zinc o aguas termales que calman la zona. Es la solución para evitar esas manchas rojas y el escozor que aparece tras un día de sol y viento. En este caso, la farmacia no es un lujo, es una necesidad de confort básica.
Pieles cansadas, calima y estrés cutáneo
La calima no solo es molesta para la vista o la limpieza del hogar; esas partículas en suspensión se depositan en nuestros poros y generan un estrés oxidativo brutal. Una higiene deficiente con productos de baja calidad no elimina estas partículas de forma eficaz o, peor aún, las arrastra dañando el tejido. La dermocosmética actúa como un tratamiento preventivo. Al no contener ingreientes innecesarios como colorantes o conservantes irritantes, le damos un respiro al sistema inmunitario de nuestra piel.
El factor del agua dura en la isla
La dureza del agua, con su altísima concentración de minerales, deja residuos que resecan y apagan el brillo natural de nuestro cuerpo. Los productos de higiene de farmacia están formulados teniendo en cuenta estas condiciones extremas. Incorporan agentes quelantes que ayudan a neutralizar los efectos de la cal, evitando que los minerales se depositen sobre la piel y provoquen esa irritación tan molesta que a veces confundimos con alergias..
El orden de los factores sí altera el producto
Solemos gastarnos el dinero en una buena crema solar o un after-sun de calidad, pero descuidamos el paso previo: el jabón. Es un error de base. Si la higiene es agresiva, el resto de tu rutina pierde eficacia. Es inútil aplicar el mejor tratamiento hidratante sobre una piel que acaba de ser asfixiada por un jabón con un pH alcalino que no le corresponde.
La higiene de farmacia garantiza el respeto al pH 5.5, el equilibrio exacto para que nuestras bacterias buenas sigan ahí, defendiéndonos de las infecciones y la sequedad extrema.
Una elección consciente frente al Atlántico
Hoy, gracias a internet, comprar a través de una farmacia online es muy fácil y nos permite leer etiquetas, comparar activos y elegir lo que realmente necesita nuestra piel sin las prisas del pasillo del supermercado.
A veces, el cambio no es instantáneo. Un gel de farmacia no siempre olerá a frutas del bosque de forma artificial, pero en dos semanas notarás que ya no te pican las piernas al quitarte el pantalón o que tus codos no están blanquecinos por la sequedad.
En definitiva, cuidar la piel en Fuerteventura es una carrera de fondo. No se trata de estética, sino de salud. Tratar nuestra dermis con productos pensados por y para la salud cutánea es el mejor agradecimiento que podemos darle al órgano más grande del cuerpo y el que nos protege de los elementos. Al final, solo tenemos una piel y, en esta isla de luz y viento, tiene una memoria infinita.















