Julia Rodríguez extiende las alas
La majorera consigue tres galardones de los Premios Canarios de la Música apenas un año después de su debut con ‘Hacia la vida’
La música ya estaba allí. Por los pasillos, en los rincones; estaba entre las luces, en su familia, a dos orillas. Julia no recuerda la primera vez que tuvo un timple entre las manos porque el timple siempre estuvo allí; tampoco la primera melodía, el primer ritmo, los primeros acordes. La suya es una sangre que late, antigua, con un compás viejo que respira el mundo: de La Palma a Fuerteventura dos ramas de música vienen a través del tiempo, de generación en generación, para abrazarse en ella; una vorágine de sonido que aprieta, en su centro, un Archipiélago entero. Julia nació allí, en el centro mismo de la música.
“Tuvimos suerte”, dice ella, y enumera la cuerda de su padre, las lapas y la voz de su madre, la estela de sus tíos, la voz de su abuelo materno. La música, dice, es su casa: “Es la historia de mi vida. Es una compañera de vida. Es una forma de entenderme”, reflexiona. Es, también, el camino que ha escogido cultivar en lo profesional, una cosecha que, hasta el momento, se salda con alegría: tres galardones en los Premios Canarios de la Música, celebrados el pasado mes de diciembre, fueron el recibimiento del sector musical del Archipiélago a la artista majorera, que recorrió la alfombra del Teatro Leal de La Laguna a recogerlos con expresiva sorpresa y gratitud.
“¿Qué está pasando? ¿Pero qué está pasando?”, repetía para sí al recibir el tercer galardón con humilde sencillez y tímida alegría. Artista Revelación, Mejor Disco de Músicas Raíz y Mejor Videoclip (por el tema Marioneta de la luna, dirigido por Maite Artajo) han sido el caluroso aplauso del sector a la autora en su regreso a las Islas tras sus estudios de Canto de Jazz en la Escola Superior de Música de Catalunya (ESMUC), donde se ha formado durante los últimos años y donde, asegura, se gestó este primer álbum, Hacia la vida.
Álbum conceptual
En Hacia la vida, un álbum que vio la luz en septiembre de 2024, Rodríguez explora sonoridad, ritmos y versos en busca de un concepto común: el viaje, entendido como una filosofía vital para algunos, entendido como un viaje literal, de supervivencia, para otros. “El lema del disco es para el viaje vital y necesario. Quería profundizar en ese viaje que todos tenemos que recorrer o que ya hemos recorrido. El viaje que recorrieron nuestros abuelos, bisabuelos, nuestros padres, que tuvieron que salir de casa para buscar una vida mejor”, apunta la autora y señala a la importante impronta que este viaje figurado deja, además, en la cultura de los pueblos, algo que también quiso reflejar en su disco.
“Siento el timple mi casa de infancia, el sonido de quien soy hoy”
“Me interesaba componer todo en base a eso, componer canciones en base a la temática y a la sonoridad que buscaba, uniendo diferentes elementos: quiero hablar del viaje, pero no solo físico, sino también musical, mental, cultural, conectando todo lo que he estudiado y aprendido. El folklore en Latinoamérica, el folklore de Canarias, el de la Península, y a partir de ahí ir completando el puzzle. Siento que un disco es un puzzle en el que debemos conectar todo lo que queremos contar (y cantar)”, explica.
En este sentido, también las letras cuidan el concepto, con figuras literarias que recurren a lo paisajístico y que hacen pensar en la travesía (la luna, el viento, el mar) e, incluso, en el caso de la pieza principal, recurriendo a una métrica buscada para conectar tres orillas: “En el tema principal, Hacia la vida, tenía claro que quería usar la décima, porque me interesaba la conexión entre España y América Latina, en ese viaje migratorio. Hay una riqueza lingüística increíble y la tradición de décima tan fuerte que hay en Canarias está conectada. Me interesaba ese guiño”, explica la autora, que añade sobre el cuidado en la composición de este tema en particular en relación al continente americano: “Está presente Argentina, Venezuela, Cuba. Quería que la música tuviera que ver también con el concepto que evoca la letra”, señala.
Para la joven artista, el álbum parte de un proceso de desarrollo de su propia identidad artística, abandonando, apunta, miedos y lanzándose a la escritura, enfrentándose a entender que “la creatividad no es para unos pocos”: “Todos podemos componer”, asevera. “Irme a Barcelona me permitió conectar con una parte de mí que no sabía que estaba. La composición, la forma en la que hago música, conectar con el jazz... Pero también conocer otros folklores. Todo eso me ayudó a encontrar una esencia mía que no sabía que tenía”, señala.
“Quería profundizar en ese viaje que recorrieron nuestros abuelos para buscar una vida mejor”
En esta esencia, el timple revisitado desde la lejanía al Archipiélago adquirió para la autora un nuevo matiz y, asegura, con el paso de estos años el instrumento, claro protagonista de su primer álbum, representa un todo del que, siente, ya no puede desligarse: “Puedo sentirlo como casa, como el sonido de mi infancia, como el sonido de todo lo que recuerdo. Pero, al mismo tiempo, puedo sentirlo como el sonido de lo que soy ahora mismo, de quien soy ahora mismo”.
Cuenta, con sencillez, que en estos años ha aprendido a encontrarse. Cuenta que en la escritura de música ha encontrado a otra Julia, una más introspectiva, una menos explosiva, extrovertida, una más reflexiva y cercana a los paisajes que atesora.
Sobre ellos planea con las alas bien extendidas, al ritmo de los sonidos que la vienen construyendo desde dentro. Desde abajo, nosotros, nosotras, disfrutamos su vuelo.
















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