El estudio advierte de que la normativa vigente, que se cumple en los casos analizados, no es suficiente para proteger de estos microorganismos

Una investigación alerta de bacterias resistentes a antibióticos en aguas de riego en la Isla
El estudio advierte de que la normativa vigente, que se cumple en los casos analizados, no es suficiente para proteger de estos microorganismos
El estudio Incidencia de bacterias resistentes a carbapenémicos y otros patógenos emergentes en aguas residuales recicladas utilizadas en la agricultura. Una perspectiva de One Health, que firman varias investigadoras de la Universidad de La Laguna (ULL), ha detectado bacterias resistentes a antibióticos de rescate (esto es: usados para infecciones más graves) en aguas residuales reutilizadas para riego de Fuerteventura, Lanzarote, Gran Canaria y Tenerife.
Los resultados confirman la presencia de sesenta y nueve bacterias, de las que un 78 por ciento se mostró resistente a los antibióticos carbapenémicos, familia de antibióticos de amplio espectro que se reserva para las infecciones más graves, esto es, cuando el resto de tratamientos ha fallado. Son los popularmente conocidos como antibióticos de rescate. Los resultados indican resistencia a este grupo, por lo que el equipo investigador apunta a la probabilidad de que las bacterias que resisten a ellos sean multirresistentes.
En el caso de Fuerteventura, el área de muestreo se ha situado en Gran Tarajal, Pozo Negro y Casillas de Morales, detectándose presencia de estos microorganismos en aguas regeneradas para uso agrícola, es decir: en aguas desechadas del uso humano y, a posteriori, tratadas en la depuradora para ser reutilizadas como riego. Concretamente, los riegos analizados en la Isla se utilizaban en vegetación con fines ornamentales o en árboles frutales (nunca en verdura), indica el estudio.
Casillas de Morales, Gran Tarajal y Pozo Negro, espacios de muestreo
La investigadora María Martínez-Ruiz, del Departamento de Obstetricia y Ginecología, Pediatría, Medicina Preventiva y Salud Pública, Toxicología, Medicina Legal y Forense y Parasitología de la ULL, aclara que se trata de microorganismos que ya estaban presentes de manera habitual en este tipo de aguas, pero fruto del desarrollo de la llamada multirresistencia se han convertido en elementos de riesgo o potencialmente peligrosos.
“Multirresistencia se entiende como bacterias que son resistentes a tres o más familias distintas de antibióticos. Esto supone un gran problema porque tratamientos que antes podían eliminar una bacteria, ahora ya no”, explica Martínez-Ruíz que aclara que “en ningún caso los riegos analizados estaban siendo negligentes con la legislación vigente, la cumplían perfectamente”.
“El problema radica precisamente en que la legislación actual está anticuada, no está adaptada a esta nueva realidad. Se necesita dar un paso más”, matiza. En este sentido, la investigadora apunta a que los resultados suponen, ante todo, una toma de conciencia de la nueva situación de salubridad de las aguas y advierten de la necesidad de una evaluación minuciosa que permita realizar mejoras en el futuro.
“El problema radica en que la legislación no está adaptada a esta nueva realidad”
La legislación actual a nivel estatal y europeo, explica la experta, centra el control de salubridad de las aguas regeneradas a partir de un parámetro: los niveles de presencia de Escherichia Coli (bacteria presente en residuos fecales). Los resultados del estudio demuestran que la realidad actual plantea otros patógenos de riesgo no relacionados con los desechos fecales y que, por tanto, la legislación está obsoleta en relación a los indicadores de seguridad microbiológica.
Por otro lado, el equipo de investigación ha observado en estudios posteriores (hasta el momento, solo realizados en Tenerife) que el origen de la contaminación de las aguas no estaba en las depuradoras, por lo que valoran ahora la hipótesis de que la contaminación se produzca en el flujo o el almacenamiento posterior de las aguas.
No obstante, los datos de esta segunda investigación aún no pueden ser validados como concluyentes, o extrapolados de forma generalizada, pues está aún en activo y con un espacio de muestreo determinado.
“Todo indica que cuando sale el agua de la depuradora es un agua limpia: para obtener agua regenerada, se pasa por distintos tratamientos y hay un tratamiento terciario al final que mata todos los microorganismos. El caso, ahora, es que desde la depuradora hasta el suelo agrícola hay todo un flujo. El problema, creemos, es probablemente cómo se almacena el agua”, indica, si bien matiza que estos tratamientos terciarios (cloración, UV, ozono) están diseñados para reducir la carga de patógenos a niveles seguros, pero no esterilizan por completo las aguas. Esto se traduce en que algunas bacterias pueden entrar en un estado de latencia, sobreviviendo al proceso para después reactivarse.
El mal uso de los antibióticos y la automedicación, centro del problema
La principal hipótesis, por el momento, se sitúa en la posible formación de “biofilms o biopartículas en el agua estanca, esto es: algo parecido a unas colonias de bacterias que crecen, crean un sistema de matriz y allí pueden resistir. Si no se hace el mantenimiento correcto, o se mantiene estanco sin un flujo de agua, pueden proliferar estos microorganismos”. La experta señala que estos biofilms actúan como una comunidad compleja en la que se produce transferencia horizontal de genes, es decir, en el agua estancada, las bacterias intercambian físicamente plásmidos de resistencia: las condiciones permiten que “se entrenen” unas a otras para sobrevivir a los antibióticos.
En este sentido, Martínez-Ruiz acude de nuevo a la normativa y señala que debe ser revisada en relación a los microorganismos multirresistentes también en lo referente al almacenaje de agua, pues no son tenidos en cuenta en el Plan de gestión de riego de las aguas regeneradas, existente desde 2024 y que tiene como objetivo garantizar que las aguas se gestionen de forma segura.
En todo caso, la investigadora defiende la importancia de continuar apostando por las aguas residuales regeneradas para uso agrícola, especialmente en un entorno de estrés hídrico, como es el caso de Fuerteventura, y en un contexto futuro de mayor presión climática, y aclara que la lucha contra las bacterias multirresistentes es un reto científico global y no circunscrito a la particularidad insular.
Un problema global
La resistencia bacteriana, provocada por un mal uso continuado de los antibióticos en todos los sectores, es en la actualidad una de las principales amenazas de salud global, según la Organización Mundial de la Salud. El organismo apunta en su último informe, publicado en 2025, a un aumento de la resistencia a antibióticos en más del 40 por ciento de las combinaciones entre patógeno-antibiótico observadas; también registró un crecimiento anual de entre el cinco y el quince por ciento en este fenómeno. También la Comisión Europea ha determinado, junto a los Estados miembros, este fenómeno como una de las tres principales amenazas prioritarias para la salud, apuntando a una cifra de más de 35.000 fallecimientos anuales en la UE como consecuencia directa de infecciones provocadas por bacterias resistentes a los antibióticos.
“Debemos seguir investigando y ofrecer soluciones de aplicación real”
En este nuevo escenario, la investigadora apunta a la necesidad de mantener el denominado como enfoque One Health (una sola salud), basado en la comprensión de la salud desde una perspectiva que abarca el conjunto natural: “Todo está interconectado y, como ejemplo, este estudio: el agua que estamos utilizando tiene bacterias. El enfoque se basa en que no solo debemos abordar el problema desde la salud humana, sino que debemos atender a que las bacterias viven en el ambiente y todo queda entrelazado, y lo mismo ocurre en relación a cómo se han usado los antibióticos. Por ejemplo, durante muchos años, se han incluido antibióticos junto el pienso del ganado: eso también ha ejercido presión a los antibióticos”, apunta.
“Debemos aprender a gestionar esta nueva realidad, continuar investigando y, paralelamente, ofrecer soluciones de aplicación real”, destaca Martínez-Ruiz, que señala la importancia de continuar concienciando a la población sobre un correcto uso de los antibióticos para evitar agravar la situación y apunta a que el mayor riesgo está en los grupos más vulnerables: “Tenemos un sistema inmunitario que lucha contra esto. Pero el problema está ante situaciones como personas inmunodeprimidas, población mayor, o con tratamientos oncológicos, entre otros casos”, explica.
Para hacer frente a posibles bacterias en los alimentos, especialmente en estos grupos de población, recuerda la recomendación de lavado de frutas y verduras frescas, y lanza un mensaje de tranquilidad, pero de firme rechazo a la automedicación con antibióticos: “Hay esperanza, se están haciendo investigaciones y aplicando medidas. Pero hay que hacer mucho hincapié en la automedicación que hacemos con antibióticos: no debemos automedicarnos con antibióticos porque podemos estar pasando un cuadro viral (que no curan los antibióticos) y, al usarlos mal puedes generar más resistencia. Lo mismo si abandonas el antibiótico antes de tiempo, si no sigues la pauta correcta... también afecta”, señala y hace un llamamiento a la responsabilidad colectiva en este área.















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