MEDIO AMBIENTE

La joya más espinosa de Fuerteventura: insectos, raras enfermedades y demasiadas cabras ponen en riesgo al cardón de Jandía

Fue declarado por el Gobierno en 1991 símbolo vegetal de Fuerteventura y el dramático descenso de las lluvias es el factor de estrés más importante

César-Javier Palacios 2 COMENTARIOS 20/10/2025 - 07:22

Parece un cactus, pero en realidad es una euforbia, un amplio grupo botánico con más de 2.000 especies repartidas por todo el mundo, lo que le convierte en uno de los más numerosos y diversos entre las plantas con flor. De las ocho euforbias canarias, tan solo dos son pinchudas, el larguirucho cardón canario (Euphorbia canariensis) y el pequeñajo cardón de Jandía (Euphorbia handiensis). Este último, aunque canijo, ostenta el título de la exclusividad: solo crece en la isla de Fuerteventura. Y no en toda la Isla. Tan solo se puede encontrar en estado salvaje en su extremo más desértico, en tres recónditos valles de Jandía donde prácticamente nunca llueve, el azote del viento es constante y las temperaturas pueden superar los 40 grados. No existen en ningún otro lugar del mundo.

Raro, pequeño, blindado con duras espinas que la retranca majorera bautizó como cardón peludo, fue declarado por el Gobierno de Canarias en 1991 símbolo vegetal de Fuerteventura. Pero este rimbombante título, junto a ser joya exclusiva del Parque Natural de Jandía y contar con una larga lista de protecciones, no ha evitado su preocupante declive actual. Porque desde hace más de 30 años sus exiguas poblaciones van a menos, amenazadas por plagas y enfermedades desconocidas a las que nadie busca remedio, por la sequía extrema y el cambio climático que hace aún más duro este durísimo rincón casi extraterrestre donde habita, pero sobre todo por el pisoteo constante del ganado suelto, algo inconcebible en un espacio protegido.

Los estudios científicos más recientes confirman los peores presagios. Sus exiguas poblaciones muestran claros síntomas de debilitamiento, cada vez hay más ejemplares muertos y la regeneración natural es prácticamente inexistente. El botánico e investigador Stephan Scholz, que lleva casi cuatro décadas siguiendo la evolución de esta planta, ha resumido en una reciente revisión publicada en la prestigiosa revista científica Euphorbia World, editada por la International Euphorbia Society (IES), la urgencia de tomar medidas cuanto antes. Concluye su trabajo con una angustiosa frase: “El tiempo se acaba”.

Aunque desde fuera pueda parecer un arbusto fuerte y resistente, el cardón de Jandía está sometido a un doble frente de amenazas que actúan en paralelo. Por un lado, los problemas fitopatológicos, es decir, las enfermedades causadas por hongos, bacterias e insectos; por otro, la presencia constante de cabras en pastoreo libre, que los dañan y alteran de forma decisiva el hábitat.

Enfermedades

Stephan Scholz describe en su investigación cuatro grandes grupos de síntomas que se repiten en distintas poblaciones. Lo más preocupante es que no afectan solo a plantas viejas o aisladas, sino también a ejemplares jóvenes y aparentemente sanos.

El primer signo visible suele ser la coloración rojiza o púrpura de las ramas, a veces también del tronco. A simple vista el cardón puede parecer sano, pero esa coloración es el inicio de un proceso que termina en podredumbre y secado total de la parte afectada. Análisis de laboratorio realizados en Tenerife en 2012 detectaron la presencia de hongos de los géneros Phoma y Coniothyrium, y posiblemente también Phytophthora, un patógeno conocido en plantas agrícolas. Aún no está claro si son la causa principal o si se aprovechan de tejidos ya debilitados, pero en todos los casos el resultado es la muerte del tallo. Scholz señala que este mismo síntoma se ha observado en otras euforbias de Canarias y de África, lo que refuerza la idea de que se trata de un problema generalizado y no exclusivo del cardón de Jandía.

Otro síntoma frecuente es la podredumbre húmeda de las ramas. Al abrir un tallo afectado aparece un tejido blando, descompuesto y maloliente. En muchas ocasiones se han encontrado allí larvas de moscas de la familia sírfidos, conocidas popularmente como “moscas de las colas de rata”. Se sospecha que hongos y bacterias participan en este proceso, pero hasta ahora no se ha identificado con precisión a los responsables. Tampoco está claro si esta fase húmeda es un paso previo a la podredumbre seca o si son procesos distintos. Lo cierto es que el resultado es devastador: ramas que parecían vigorosas acaban cayendo y dejando a la planta cada vez más debilitada.

Un tercer problema afecta a las puntas de las ramas, que empiezan a secarse y mueren desde el extremo hacia el tallo. En algunos casos solo se pierden unos centímetros, pero otras veces el daño se extiende a toda la rama e incluso al tronco principal. Aquí entran en juego distintos insectos perforadores. Se ha confirmado la presencia de una polilla (Denticera divisella) y de escarabajos de las familias Anóbidos y Escolítidos, cuyas larvas excavan galerías en los tallos. Este insecto, de distribución mediterránea, fue detectado en Fuerteventura en 2018 y se alimenta de varias especies de euforbias, consideradas incluso plaga en jardines. Las observaciones de Scholz en campo y en el jardín botánico de Oasis Wildlife muestran que estos insectos no solo atacan al cardón de Jandía, sino también a otras especies cercanas como el cardón canario e incluso la tabaiba amarga. La hipótesis más preocupante es que su expansión puede agravar aún más la situación del cardón majorero.

Cardón afectado por una extraña pudrición interna. Foto Stephan Scholz.

Cabras y conejos

El cuarto grupo de problemas se debe a heridas visibles en los tallos y ramas bajas, provocadas por mordiscos de animales o por roturas y pisoteo del ganado suelto. Los conejos, introducidos hace siglos, y la ardilla moruna, llegada en los años setenta desde Marruecos, son sospechosos habituales. En verano, cuando la falta de agua aprieta, estos animales buscan humedad en el interior de los tallos e incluso los roen a pesar de la toxicidad de su blanca savia.

Es imprescindible regular el pastoreo en libertad y el seguimiento científico

Pero el problema más grave son sin duda las cabras. Es cierto que forman parte de la historia de Fuerteventura desde los primeros pobladores bereberes. Y que durante siglos han sido fuente de alimento y de tradición ganadera. Sin embargo, la permanencia de rebaños en libertad en zonas clave de la península de Jandía se ha convertido en un obstáculo para la conservación del cardón de Jandía que ninguna administración parece dispuesta a afrontar; un tema más espinoso que el propio cardón.

En la población más oriental de la especie, la de Gran Valle, desde finales de los años noventa prácticamente todas las plantas han muerto. Apenas quedan ejemplares vivos. El posible culpable es un pequeño corral con cabras que pastan en un área de unas 10 hectáreas, apenas nada, pero suficiente para arrasar lo que antes era un enclave de miles de cardones. En su lugar, hoy sólo crecen arbustos introducidos y especies asociadas a la presencia de ganado.

No es solo que los animales puedan mordisquear plántulas jóvenes. El pisoteo continuo destruye la capa superficial del suelo, dificulta la infiltración de las escasas lluvias y hace imposible que germinen nuevas semillas. A ello se añade la nitrificación del terreno derivada de la presencia constante de estiércol, que altera las condiciones originales del ecosistema. También se han detectado ramas quebradas por el paso del ganado. Estas heridas, además de debilitar directamente a la planta, actúan como puerta de entrada para infecciones secundarias de hongos y bacterias.

Cardón medio muerto. Foto: Stephan Scholz.

¿Cuántos quedan?

El cardón de Jandía fue descrito por primera vez en 1912 por Oscar Burchard, químico, meteorólogo y botánico natural de Hamburgo, quien llegó a Jandía tras un complicado e incómodo viaje a lomos de dromedario. En esa época, la especie cubría laderas enteras. Durante décadas apenas se supo nada más de él, en parte porque crecía en zonas de difícil acceso, en terrenos privados controlados por Gustav Winter a los que solo se podía entrar con permisos especiales.

Uno de los primeros científicos modernos en observar la especie fue Eric R. Sventenius, creador del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo en Gran Canaria. En 1957 dejó por escrito sus impresiones. Hablaba del “aspecto antiguo” de la planta, de su parecido con especies sudafricanas y de su valor como reliquia botánica. Sin embargo, en aquellos años no existía conciencia de su fragilidad ni se hablaba de conservación.

En Gran Valle, desde finales de los 90 prácticamente todas las plantas han muerto

El panorama cambió en los años setenta, cuando el botánico Günther Kunkel ya alertaba de su rareza y de los primeros signos de amenaza. Poco después, David Bramwell, uno de los grandes expertos en flora canaria, fue aún más claro: el Cardón de Jandía era una planta “muy rara y en peligro”.

A lo largo del siglo XX y principios del XXI se han realizado diversos censos de población con cifras dispares. A comienzos de los noventa se hablaba de unas 50.000 plantas, aunque estudios posteriores corrigieron aquella estimación. El dato más sólido lo aportó en 2016 el trabajo encargado por el Gobierno de Canarias al investigador Miguel Díaz-Bertrana, quien calculó unas 85.000 plantas en total repartidas en apenas 80 hectáreas.

De ellas, unas 76.000 eran ejemplares adultos, poco más de 9.000 juveniles y más de 5.000 individuos muertos. Que toda la especie esté confinada en tres pequeños barrancos hace que su vulnerabilidad sea extrema. Cualquier alteración local, desde una plaga hasta un cambio en el uso del suelo, podría tener efectos devastadores en su conjunto.

Cardonal de Jandía con muchos ejemplares ya muertos. Foto: Stephan Scholz.

Y encima no llueve

Enfermedades, insectos, hongos y cabras pueden afectar a una planta por separado o al mismo tiempo, lo que hace difícil establecer una causa única de su decaimiento. Pero para Scholz, el mayor de los problemas no está en un solo patógeno, sino en la debilidad general del ecosistema. El dramático descenso de las lluvias en Fuerteventura en las últimas décadas es probablemente el factor de estrés más importante que sufre la especie. Plantas debilitadas por la sequía se vuelven más susceptibles a plagas, cabras e infecciones que probablemente han estado siempre presentes, pero que ahora se vuelven letales; un cóctel peligroso que está comprometiendo el futuro de esta especie única en el mundo.

El botánico majorero insiste en su último trabajo publicado en Euphorbia World en la necesidad de acometer urgentemente una investigación multidisciplinar, con parcelas experimentales y seguimiento a largo plazo, para entender mejor cómo interactúan hongos, insectos, sequía y herbívoros. Porque sin ese conocimiento detallado será muy difícil diseñar medidas eficaces de conservación.

La buena noticia es que el cardón de Jandía no está condenado de manera inevitable. Existen poblaciones relativamente sanas, donde la regeneración natural es todavía posible gracias a la cobertura de matorrales y rocas que protegen a las plántulas. Además, en jardines botánicos como el de Oasis Wildlife en Fuerteventura se han conseguido reproducir ejemplares a partir de semillas y mantenerlos en cultivo, lo que abre la puerta a futuros programas de reintroducción. El Banco de Germoplasma del Jardín Botánico Canario también conserva material genético de la especie.

Regular el pastoreo en libertad, establecer zonas de exclusión y garantizar recursos para el seguimiento científico son pasos imprescindibles. El problema es la urgencia: el tiempo se acaba.

Comentarios

Y el polvo de la carretera regada con agua salada no lo dices, la cantidad de turistas con coches motos y demás que transitan la carretera cofete punta de Jandia, también habían cardones por debajo de ella a parte de otras especies de plantas que ya no hay . De la carretera hacia la playa se a convertido en un desierto estéril y no soy botánico para saber qué es ese uno de los problemas también
tantas cosas que no se dicen

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