“Muchos turistas van a Dajla y no saben de los crímenes contra la libertad”
José Carmona, periodista y autor de ‘Los despojados’
Tras varias visitas a los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, en Argelia, y un viaje a los territorios ocupados por Marruecos, que acabó en expulsión, el periodista de Público José Carmona (Madrid, 1992) publica Los despojados. Medio siglo de lucha y exilio del pueblo saharaui (Altamarea). Una crónica en la que se entremezcla un relato coral sobre el destierro y la lucha de un pueblo por la independencia con un análisis de un conflicto enquistado desde hace 50 años, cuando España arrió su bandera y dejó en manos de Marruecos a la que hasta entonces había sido la provincia 53 del país.
-¿Cómo surge la idea de convertir sus viajes a los territorios ocupados del Sáhara y a los campamentos de Tinduf en un libro?
-Surge después de haber hecho varias visitas a los campamentos y territorios liberados. En enero de 2025 hice un viaje a los territorios ocupados. Al volver, y siendo consciente de que venía el 50 aniversario de todos los hechos históricos y, sobre todo, teniendo en la cabeza la declaración de la República Saharaui, fue cuando, con la editorial, decidimos hacer una historia breve de lo que es el conflicto en el Sáhara.
-En el primero de los capítulos, narra un viaje a Dajla de donde fue expulsado tras permanecer apenas 30 horas. ¿Qué sucedió?
-CEAS (Centro de Acción Social) tenía la idea de organizar un viaje a los territorios ocupados y aprovechamos el primer viaje que había desde la Península a Dajla. Al llegar, eran muy reticentes a que entráramos en la ciudad y nos hicieron muchas preguntas. Una vez entramos, hubo una vigilancia extrema durante toda nuestra estancia. Aunque nos vigilaban, querían dejarnos tranquilos porque había alguna posibilidad de que fuéramos turistas. Cuando contactamos con saharauis en territorios ocupados y fuimos a la casa de uno de ellos fue cuando, a la media hora de la reunión, entraron a la casa, nos cogieron y nos llevaron al aeropuerto para echarnos de la ciudad. Yo iba como periodista, pero nunca lo dije en la aduana para que no hubiese problemas de entrada. Cuando intenté ejercer el periodismo en la ciudad, enseguida nos echaron.
-¿Qué consecuencias trajo para estos dos saharauis, Hassan y Ahmed, reunirse con ustedes?
-Por desgracia no muy diferentes a las que viven continuamente. Son gente muy señalada en la ciudad porque son saharauis independentistas y eso allí es considerado un delito. Están bastante acostumbrados a palizas de la Policía y a ser vigilados por las fuerzas policiales. Sus vidas son bastante complicadas y nuestra presencia lo único que hizo fue agravarla un poco más.
-¿Y eso?
-Nos contaron, luego, que ese día les pegaron y tuvieron el barrio totalmente acordonado durante todo el fin de semana para evitar disturbios. Fue una situación muy complicada para ellos, pero no es diferente a la que viven continuamente. Por desgracia, ser saharaui independentista en los territorios ocupados se paga muy duro. Hassan nos contaba que estuvo un día detenido en una comisaría sin ningún tipo de pruebas y sin haber hecho nada. Simplemente porque Staffan de Mistura de la ONU estaba en Dajla y quería conocer a los saharauis y para que él no contase todo el tipo de violencia que sufren lo detuvieron de forma preventiva. Cuando Mistura abandonó la ciudad, le soltaron.
“Ser saharaui independentista en los territorios ocupados se paga muy duro”
-En una página del libro escribe que “hay ciudades que respiran seguridad y otras que respiran control”. ¿Qué se respira en Dajla?
-Hay una sensación de control extremo y vigilante y, a la vez, es un sitio que se está intentando turistificar y explotar económicamente a través del turismo. A las afueras de la ciudad, estaba todo en construcción cuando fui. Allí, estaban muy acostumbrados al turismo francés, pero, poco a poco, empezaron a llegar españoles porque los vuelos eran súper baratos y porque se estaba incentivando desde las compañías aéreas. Se respira una mezcla de represión y de turismo inconsciente porque muchos de los que van a Dajla no tienen información de que allí se están cometiendo crímenes contra la libertad.
-¿Qué responsabilidad deben tener los turistas cuando eligen viajar a territorios como Dajla, donde se vulneran los derechos humanos?
-Este viaje me ha hecho reflexionar si yo he participado, sin ser consciente, de la explotación de tierras o de territorios donde no hay libertad de expresión ni de movimiento. En general, los turistas y los ciudadanos no reflexionamos sobre el problema que puede tener nuestro impacto económico en un territorio. Si lo piensas en profundidad, por tener una semana de estancia y relax, estás fomentando la explotación económica y, a lo mejor, un régimen totalitario. Todo esto te hace pensar la responsabilidad que tienes como turista y también que el turista es el petróleo del siglo XXI.
-El Frente Polisario ha mostrado su rechazo a que Ryanair esté volando hacia los territorios ocupados. ¿Qué les diría a quienes usan esta aerolínea para viajar hasta ese lugar?
-Les diría que cojan el vuelo, pero que vayan a conocer a los saharauis y escuchen lo que tienen que contar. La gente va a seguir viajando a menos de que hagamos ruido y nos sorprendamos de la barbaridad que está haciendo Marruecos en Dajla. Si van a viajar, les diría que miren qué pasa cuando van a ver a un saharaui y que se den cuenta de cómo la Policía les va a rodear y espiar y de cómo viven ellos. Hay que hacer todo el ruido posible en estos viajes.
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Campos de refugiados. Foto: José Carmona.
“Hay mucha complicidad del actual Gobierno español con Marruecos”
-¿Qué interés hay en Marruecos para convertir Dajla en una zona turística?
-Me imagino que el fundamental es la explotación económica y, a través de la explotación turística, convertir la ocupación en derecho consolidado. Si al final hay miles de turistas viajando a Dajla a los que se va a hacer ver que están yendo a Marruecos eso, poco a poco, genera un contexto político y cultural que hace inevitable la ocupación. A través de Dajla, consigues dominar todo el Sáhara Occidental y explotar todos sus recursos. Puede ser una estrategia política. A través del turismo, se va a intentar legitimar la ocupación, mientras la Unión Europea y la ONU no hagan nada.
-¿Le sorprendió la reacción del Gobierno de España cuando fue deportado?
-No me sorprendió demasiado porque todos sabemos cuál es la postura del PSOE en el conflicto. El Gobierno de Pedro Sánchez es mucho más cercano a Marruecos que a la República Saharaui. Ese desinterés intencionado por el conflicto no me sorprendió porque se suele poner del lado de la dictadura marroquí. Si me sorprendió, un poco más, que un ministro o ministra de Sumar no dijese nada y denunciara lo que está ocurriendo en el Sáhara Occidental. Hay mucha complicidad del actual gobierno con Marruecos. La izquierda alternativa depende mucho del PSOE. Saben que si hacen un discurso prosaharaui chocan con el PSOE y su día a día en el gobierno se hace más complicado. No aprietan por intereses políticos. Me decepciona, pero no me sorprende.
-Ha viajado varias veces a los campamentos. ¿Qué diferencias encuentra entre los territorios ocupados y los campamentos?
-Muchas. En los territorios ocupados se puede tener libertad de movimiento mientras que en los campamentos es muy difícil salir. Eres apátrida. La situación es mucho más complicada, aunque es verdad que en los territorios ocupados los saharauis se dividen entre independentistas y los que no lo son. Incluso los que no son independentistas, son ciudadanos de segunda con más complicaciones de acceso al trabajo y a buenos salarios, pero aun así es mejor que ser apátrida. La vivencia en los campamentos es complicada, pero al menos allí hay paz cosa que no ocurre en las ciudades ocupadas, donde eres perseguido si eres independentista. En realidad, en ninguno de los dos lados hay una vivencia fácil ni agradable.
-¿Qué pensamiento pasa por la cabeza de los jóvenes que están en los campamentos?
-Un pensamiento de hartazgo. Son muchas generaciones atascadas allí y lo que quieren es una solución o que avancen las cosas hacia alguna dirección. Ya se habla de la guerra del abuelo o abuela y esa lucha cuesta trasladarla. En gran parte están muy mentalizados de que son saharauis y hay una lucha, pero también hay que buscar una solución. Cuando nadie las da, la solución es migrar o pasar a tácticas más violentas. La diplomacia se tiene que poner las pilas: Europa, Marruecos, Argelia, el Frente Polisario y Estados Unidos para intentar buscar una solución al conflicto porque la gente joven está harta.
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“España ha ido pasito a pasito dejando en el olvido al pueblo saharaui”
-Muchos ven la vuelta a las armas como única solución…
-Sí. Unos en volver a las armas; otros en migrar y otros desentenderse del conflicto. Son soluciones desesperadas a las que no se tenía que llegar. El bloqueo existe porque Marruecos no quiere ceder y porque Estados Unidos apoya a Marruecos. Seguro que hay herramientas de presión hacia estas dos partes para conseguir avanzar. Es la Unión Europea la que tiene que dar un paso al frente.
-Las mujeres han sido durante décadas las sostenedoras de los campamentos, pero ¿qué significa ser mujer refugiada en medio del desierto de Tinduf?
-Tiene todos los condicionantes negativos y complicados que puede tener cualquier saharaui más los añadidos al machismo estructural que existe en todo el planeta y del que no se escapa la cultura saharaui. No por ser saharaui sino porque es un mal endémico de todo el mundo. A las mujeres saharauis les cuesta más poder viajar y pedir permiso de trabajo porque las familias son más reticentes a que salgan de los campamentos; les cuesta más tener autonomía y desligarse de las tareas del hogar. Creo que tienen las complicaciones que tienen las mujeres en el mundo añadidas a las del pueblo saharaui. Es un doble conflicto. Es verdad que son muy valientes y conscientes de su situación. Se sienten en confianza para cuidarse unas de las otras y tejen comunidad entre ellas.
-En febrero se cumplieron 50 años de los bombardeos con fósforo blanco y napalm en Um Dreiga. En 2015, la Audiencia Nacional ordenó la detención de once mandos militares y policiales marroquíes acusados de genocidio contra el pueblo saharaui. Once años después de esa resolución judicial, ninguno ha sido juzgado, ni siquiera interrogado…
-No se condenó a nadie. Marruecos no se va a condenar a sí misma. La República Saharaui no tiene capacidad legal para poder juzgar a nadie por crímenes de lesa humanidad y Europa se ha desentendido totalmente. En Europa miramos con muchísima condescendencia a África y a los conflictos africanos. Los miramos con una tibieza y una postura equidistante que, a veces, es repugnante. Vemos cómo en Palestina se está realizando un genocidio diario, está siendo televisado, y Europa no ha hecho nada. Si no hacemos nada con algo que está pasando ahora mismo, qué vamos a hacer con algo que ha pasado hace 50 años. Condenarlos al olvido, algo de lo que Europa es experta.
-En líneas generales, los políticos españoles han mostrado su apoyo a Palestina. Ese posicionamiento, sin embargo, no se ve con el Sáhara. ¿Por qué?
-Porque no tiene tanto impacto. Si la población y la prensa hablasen diariamente sobre el conflicto saharaui y los políticos detectasen que hablando del Sáhara convencen a sectores de la población para sus intereses políticos hablarían más de ello y se posicionarían. No lo hacen porque, por desgracia, España durante estos 50 años ha ido pasito a pasito dejando en el olvido al pueblo saharaui. Cuesta mucho que un político se posicione porque, fundamentalmente, sabe que no tiene nada que perder o ganar haciéndolo. Con Palestina durante estos meses hemos visto que produce mucho interés ciudadano y eso genera interés político. Primero tiene que haber interés ciudadano y eso derivará en interés político. Eso también ha pasado con la vivienda. Ese es el sistema sobre el que descansa el discurso político.
-EEUU parece que está moviendo ficha para llegar a un acuerdo en el conflicto. ¿Cree que se llegará a una solución?
-Creo que lo que hay que hacer es escuchar al Frente Polisario y ver cuáles son los postulados que tienen, aunque es evidente que si hay negociaciones en serio y quieren llegar a algún lugar van a tener que rebajar todos sus expectativas. No puede ser que cualquier opción que proponga Marruecos pase por una autonomía del Sáhara por Marruecos. Tiene que haber más escenarios. Igualmente, el Frente Polisario dice que todo tiene que pasar por un referéndum de autodeterminación y es posible que, a lo mejor, esas pretensiones sean complicadas de cumplirse. Tampoco quiero dar mi opinión porque, además de ser irrelevante, no me corresponde. Corresponde escuchar al Frente Polisario. Creo que si hay ganas de resolver el conflicto todos acabarán bajándose de sus postulados actuales porque, de otra forma, no hay soluciones. De alguna manera, se llegará a un acuerdo que no va a ser, por desgracia, lo que quería el Frente Polisario de 1976, pero han pasado 50 años y hay que ser conscientes de la situación y de la realidad política.
-¿Qué futuro le augura a la lucha saharaui?
-Auguro supervivencia que, sin duda, la va a tener. Va a seguir insistiendo y estoy convencido de que no va a acabarse nunca hasta que los campamentos de refugiados desaparezcan y sean historia. Esa sería la mayor de las noticias porque los saharauis han vuelto a sus casas.
















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