‘Disco Tabaiba’, o la música como búsqueda del paisaje
El primer álbum de Marina di Maio nace con vocación de conectar con lo natural frente al artificio de la sociedad moderna
En las semanas previas a la fiesta de lanzamiento de Disco Tabaiba, las calles se fueron llenando de carteles: “Leche de camella” y un teléfono; eso era todo. Había carteles por todo Puerto del Rosario. Estaban por las farolas, en las plazas y en los grandes paneles de anuncios entre otras noticias cotidianas. Marina di Maio sonríe ahora por la pequeña trampa: “Muchos en la fiesta de lanzamiento dijeron: ‘¡Yo también vi esos carteles y no sabía qué era. Pensaba, ¿de qué va esto?’. Pues esto iba del disco”. La forma del anzuelo, apunta la artista, fue diseñada por la creativa Camila Sotolongo y la dirección de todos los carteles era un mismo lugar: la celebración de prelanzamiento de este primer álbum, un trabajo que compuso hace casi cinco años y que había esperado pacientemente su momento para salir al mundo.
Disco Tabaiba nace, cuenta la artista multidisciplinar y conocida voz del panorama del jazz insular, desde un “territorio aislado”, en un entorno rural y poco poblado del interior de la Isla, en las proximidades del pueblo de El Roque. Se construye en su narrativa y su conceptualización, señala, desde la conexión con la naturaleza, el paisaje y la interacción hombre-territorio (mujer-territorio), en un juego que en lo lingüístico parte de cimentarse a partir de una frase: “Nadie sabe lo que es una tabaiba, aún así (ella) sigue creciendo en el desierto”.
Di Maio matiza que la estrofa refiere a la mirada externa, a la de quien no conoce la Isla en su esencia misma, y apunta a la tabaiba como elemento singular del paisaje profundo (“Claro que los canarios saben perfectamente lo que es una tabaiba -apuntó durante la presentación de su álbum-. Pero seguro que en Róterdam no tienen ni idea de qué es”). Así, la tabaiba de este álbum sirve como representación de lo hermoso desconocido, elemento de belleza fuera del foco (de lo comercial, lo especulativo, lo observado) y también, apunta, “la adaptación al territorio, la resiliencia, la enseñanza que aporta la armonía con lo natural”.
En este sentido, la metáfora traspasa, indica, el conocimiento o no de la botánica local: nadie, apunta Marina, comprende en toda su dimensión la tabaiba desde esta perspectiva pues la artista sitúa a la especie endémica en un lugar simbólico dentro del álbum, transformándola en una representación espiritual que, señala, se plantea como paralelismo al árbol de la vida.
Disco Tabaiba, que será dado a conocer tema a tema con lanzamientos quincenales, está compuesto por nueve canciones (aunque son 10 pistas, pues una funciona como pieza de apertura y luego, con sonoridad diferente, como pieza de cierre): siete piezas propias, con las que Di Maio se estrena en la composición musical, y dos versiones -Round Midnight, standard de jazz de Monk, y Sicily, de Chick Corea-. En lo musical, la artista se mantiene fiel a estilos fronterizos al jazz (su género de cabecera), aunque señala que en el disco ha tratado de reunir “muchos colores”. “No es nada dramático: hay algo de electrónico, mezclado con jazz, funk”, adelanta.
Respecto a la narrativa del conjunto, la autora describe el álbum como una obra “circular, en el sentido de que su tiempo es circular”, explica. Desde el arranque, con un tema presentación y con la canción que da nombre al disco, es una apertura “que ya incluye la narrativa de todo el disco desde el primer tema. A partir de aquí, se empiezan a desarrollar las diferentes temáticas”, detalla.
“Vivimos en un mundo artificial. La clave para no perdernos está bajo los pies”
En este sentido, Di Maio destaca que en el proceso creativo consideró importante buscar una fórmula que le permitiera abordar el concepto desde los distintos prismas de su interés, pero siempre conectando en lo esencial a la idea origen (el territorio como aprendizaje; la naturaleza como la única certeza y lo natural como la necesidad primordial; regresar a la consciencia de que lo artificial no es necesario, sino un constructo social; revisitar el paisaje y el territorio desde esta perspectiva): “Vivimos en un mundo súper artificial, del que no sabemos nada. Estamos muy perdidos y la clave para no perdernos la tenemos bajo los pies. Este es un poco el tema del disco: la conexión para salvarnos de este mundo del que no entendemos nada y que está cambiando con una rapidez que no es humana. Creo que lo humano y la conexión a la tierra es lo que nos permite salvarnos, mantenernos enraizados y no perdernos en este cambio, en esta rapidez”, explica la autora.
Por eso, la artista señala que este concepto sobrevuela todas las demás piezas, aunque las temáticas aborden cuestiones de carácter vital y, aquí y allá, aparezcan como pinceladas la ironía o el humor, presentes en todo el disco.
![]()
Marina di Maio junto a compañeros músicos, durante un momento de la presentación. Foto: David Martín Hernández.
Tríptico temático
Marina di Maio habla de narrativa circular, como algo que ha medido en el proceso de construcción del álbum. Habla, además, de la “arquitectura del disco”, como un elemento importante a la hora de enfrentarse al hecho de reunir distintas temáticas, canciones y propuestas instrumentales para hilarlas con un mismo concepto. Esta arquitectura tiene en Disco Tabaiba una fórmula esquemática que di Maio describe como un tríptico: “Hay tres bloques diferenciados, distribuidos en tres temas por cada temática”, explica.
En este sentido, Di Maio apunta a la relación entre hombre y territorio como apertura, “la persona y la naturaleza, el aprendizaje del territorio” resume, en referencia a Lava y Sal y Tabaiba, que abren este primer bloque. En esta apertura, la declaración de intenciones queda registrada con versos directos como “No hay planeta que aguante eternamente/ no hay semilla, no hay selva, no hay río/ que alimente un mercado tan voraz y tan vacío” (en Tabaiba).
“No es nada dramático: hay algo de electrónico, mezclado con jazz, funk”
El segundo bloque, formado por Lady Camel, Memoria de Pez y Seagull Flow toma como referencia “el aprendizaje, en este caso, de los animales” como punto de partida para el juego artístico de narrar distintos temas personales. Así, por ejemplo, en Seagull Flow la gaviota sirve para tratar los vínculos afectivos que se forman naturalmente en el azar (“Esta conexión invisible, que conecta personas como el vuelo de una gaviota”), mientras que Lady Camel aporta la nota divertida referenciando con humor la reflexión de la propia Di Maio en torno a lo costoso que es mantener un coche, frente a la divertida idea de volver a desplazarse en camella y tener, al menos, los beneficios que aporta su leche (“While I drive with my car, with my red fast car, while I drive through my mind a thought pass by of a camel [chica pum chica pum]: a big fat lady camel with lots of milk”).
El último bloque, apunta la artista, se dirige al duelo, “aprender a asumir la pérdida” desde distintos enfoques: la pérdida de un ser querido, pero también las rupturas sentimentales, el avanzar del tiempo y los cambios drásticos vitales que exigen aceptación. En este caso, el bloque queda conformado con dos temas propios, La rueda de la fortuna y Out of my mind, y una versión de Round Midnight, de Monk: “La rueda de la fortuna habla sobre el paso del tiempo y de aceptarlo, en confiar en la vida”, explica di Maio que señala que este bloque, concretamente, fue creciendo a partir de reflexiones personales y desde el comprender la complejidad que implica asumir determinados procesos que atraviesan a todas las personas por igual.
"Vivimos en un mundo súper artificial, del que no sabemos nada"
La autora rechaza considerar el álbum como autorreferencial, y apunta a un ejercicio observacional, no solo de sí misma y sus experiencias, sino de las de todo el entorno que la rodea: “No hablo necesariamente de mí en este disco. Por supuesto, a mí también me afecta lo que aquí quiero contar porque formo parte del colectivo, de la sociedad. Pero me interesa en estos temas, principalmente, reflejar lo que nos ocurre y también una realidad transversal a todo que es la del territorio, un territorio que se está degenerando. Se trata de buscar la forma de impulsar una mirada más consciente a esto, desde la ironía, desde observar hacia dentro pero con un trabajo de ir más allá”, apunta.
Este es su primer álbum después de muchos años sobre los escenarios. Marina di Maio se considera a sí misma más un animal de escenario que un animal de estudios y de cámaras. Su casa, dice, es sobre las tablas, delante del público, pero “encerrada, sola con la música, sola con los cascos, produciendo y componiendo como no había hecho nunca antes” empezó a ponerle puertas y ventanas a un nuevo hogar y, asegura, no quiere abandonarlo. Marina di Maio se estrena como compositora y, dice, ya no hay vuelta atrás: ahora tiene una pequeña y nueva habitación propia para retirarse a soñar el futuro.
















Añadir nuevo comentario