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Los blaps reivindican su lugar sobre el territorio majorero

El escarabajo endémico de Fuerteventura y Lanzarote despierta curiosidad esta primavera, con su mayor presencia tras la temporada de lluvias

María Valerón 0 COMENTARIOS 18/05/2026 - 06:58

En la sala de urgencias del Centro de Salud de Puerto del Rosario, un feliz insecto camina bamboleándose, su trasero en alza. Con gran parsimonia, avanza por el mismo centro de la sala de espera, exhibiéndose alegremente ante la mirada de los divertidos pacientes. Su cuerpo negro mate avanza como de puntillas y el cegador blanco del suelo, paredes y luces del centro médico parece el escenario idóneo para este torpe desfile frente al público. “Pero bueno, ¿...hasta aquí los tenemos?”. La escena se repite esta primavera en todos los rincones de Fuerteventura, después de una inusual temporada de lluvias que, con el regreso de los cielos despejados, deja en todos los bares del interior de la Isla una conversación recurrente entre los paisanos: “¿Y los escarabajos esos, qué?”. Nunca en los bares se habló tanto de insectos.

El gran protagonista de las conversaciones fortuitas no es otro que el blaps canario (Lithoblaps alternans), un inofensivo escarabajo que lejos de ser una especie novedosa en el territorio insular es sorprendente por lo contrario: lleva andando despreocupadamente sobre estos suelos miles y miles de años, puede que incluso millones, lo que le confiere el especial denominativo de especie endémica. Ha caminado durante tanto tiempo que se cree, incluso, que esta es una de las pocas especies lo suficientemente antiguas como para haber estado presente en la pretérita isla única que una vez fueron Lanzarote y Fuerteventura, pues este insecto es un endemismo de los dos territorios.

Lo cuenta el reconocido entomólogo Pedro Oromí, catedrático de la Universidad de La Laguna, que, no obstante, concede divertido que 2026 está siendo un año de muchas sorpresas para la ciudadanía: no familiarizada, en su mayoría, con las peculiaridades de los insectos, esta explosión de la primavera despierta curiosidad. Al otro lado del teléfono, se le nota sonreír: “Sí, eso está ocurriendo. Ha sido un año con muchas lluvias y eso trae mucha más vegetación. Y claro, al haber más alimento todos estos insectos tienen éxito y todos se reproducen más”, cuenta, explicando el motivo de que esta temporada muchas especies sean más visibles de lo habitual, lo que genera extrañeza y la errónea creencia de que estamos ante posibles plagas.

En el particular caso de los escarabajos, el investigador apunta a que Fuerteventura no es territorio exclusivo de los blaps canarios: en total, hay 567 especies de escarabajos diferentes presentes en la Isla, de las que 76 son exclusivamente majoreras (endémicas). Esto podría también ser la respuesta a la impresión general de que este año los pequeños blaps están en exceso presentes: al tener tonalidades parecidas, es común confundir especies que, sin embargo, tienen diferentes características, comportamientos y hábitos alimentarios.

“Hay otros escarabajos también de color negro y que también tienen una presencia más abundante ahora que normalmente. Por ejemplo, no me extrañaría que exista confusión con otra especie que está muy presente este año con las lluvias: el calosoma olivieri. No es endémico, no es por lo tanto exclusivo de Canarias, y se alimenta de orugas. Estas lluvias traen mucha más vegetación, por lo que las orugas de las mariposas y las palomillas se reproducen mucho más. Al haber muchas más orugas también hay muchos más escarabajos”, explica.

En Fuerteventura conviven 567 especies de escarabajos, 76 de ellas majoreras

Estos pequeños predadores, más abombados y de tono brillante, son los conocidos popularmente como escarabajo bombón, una especie estacional que permanece largas temporadas bajo tierra hasta la llegada de las lluvias y que en Fuerteventura ha sido asociado a la buena fortuna.

Por todo ello, el experto descarta que el fenómeno de esta primavera sea una plaga y apunta a una reproducción más visible de todos los insectos, agradecidos con la abundancia que les ha ofrecido el clima. La ciencia pone fin al debate generalizado que puebla todos los rincones de la Isla: no invaden, solo recuperan un poco más del espacio que ya era suyo. Faltaría más.

Pequeños limpiadores

Cuenta Pedro Oromí que en la naturaleza todo juega un papel conjunto, como un enorme engranaje. Por eso, la biodiversidad -esto es, la variedad de vida existente en el planeta en todas sus formas (fauna, flora, microorganismos, ecosistemas)- es en sí misma un escudo: “Está demostradísimo que los ambientes, hábitats o ecosistemas que tienen mayor diversidad de especies son mucho más resistentes a los cambios y a las extinciones. O sea, que cuando en un hábitat determinado de la naturaleza hay pocas especies diferentes es más fácil que un cambio brusco extermine a varias especies, a partir de una cadena de extinción”, apunta. “La pérdida de biodiversidad, por ejemplo, hace que las plagas agrícolas sean mucho más serias porque si hay muchas otras especies naturales que son predadores, eliminan a las plagas, impiden que estas arrasen con la vegetación”, añade.

Por este motivo, además de por un respeto básico hacia la naturaleza, el científico hace hincapié en que se debe tomar conciencia de la importancia de proteger la biodiversidad, también en lo que se refiere a los insectos, a menudo despreciados. En Fuerteventura, los discretos escarabajos blaps, por ejemplo, tienen un papel clave en los suelos: “Su papel en el medio es esencialmente de limpiador, porque se suelen alimentar de materia orgánica muy diversa (comen un poco de todo). Aprovechan materia orgánica ya muerta o desechada y su papel es de limpiadores. Son, un poco, los animales que llevan a cabo el último paso de degradación de la materia orgánica muerta, para que, al final, cuando ya van con sus deyecciones [excrementos] los restos van al suelo. Entonces continúan los hongos y las bacterias a integrar la materia orgánica en el suelo. Ese es su papel”.

Lejos de la creencia generalizada a nivel popular de ser una isla hostil y de escasa flora y fauna, Fuerteventura es, en realidad, un territorio de alta diversidad de especies, muchas de ellas exclusivas del ámbito insular (endémicas). Según datos aportados por el catedrático, en lo referente a los artrópodos (el grupo de animales que abarca a los insectos, arácnidos, crustáceos y miriápodos), Fuerteventura cuenta con 2.042 especies diferentes, de las que 136 son endémicas majoreras: 1.754 especies de insectos (99 endémicos); 234 de arácnidos (30 de ellas exclusivas de Fuerteventura); 40 de crustáceos terrestres (cinco endémicas); y 14 de ciempiés y milpiés (de las que dos son endemismos). “En Fuerteventura hay muchos endemismos, muchas especies exclusivas de Fuerteventura, incluso hay muchas solo de Jandía. Jandía es una joya para el naturalista porque hay muchas plantas e insectos que son endémicos solo de sus cumbres”, señala el académico.

“Muchas plantas e insectos son endémicos solo de las cumbres de Jandía”

Para todas estas especies, el principal peligro puede resumirse en un origen principal: la acción humana. “Todo lo que implique hacer cambios en la naturaleza siempre es un peligro”, señala el investigador, que aclara que no se trata de no poder tomar partido en el entorno sino que hay que hacerlo desde la conciencia.

Así, el experto apunta a que han sido peligros sostenidos sobre la biodiversidad cuestiones tan dispares entre sí como la construcción (bien de carreteras, bien de otro tipo de infraestructuras) o la presión caprina sobre el entorno (en particular, sobre la vegetación natural), muy presente en Fuerteventura por tradición ganadera. Y si bien señala que estos casos forman parte de la evidencia de que “todo el desarrollo humano casi siempre tiene efecto negativo en la naturaleza”, apunta a otros peligros relacionados a la acción humana que podrían tener efectos más generalizados: cambio climático e insecticidas.

“Puede haber un peligro añadido de que haya especies que no sepan adaptarse si en menos de un siglo se produce un cambio de clima muy importante. La evolución de las especies necesita de miles de años, así que no les daría tiempo a adaptarse y podrían desaparecer”, señala respecto al primero de estos peligros; sobre el segundo apunta a que se hace necesario mayor conocimiento sobre los efectos reales de estos productos en el entorno: “Los insecticidas que utilizamos muchas veces se usan para unos fines y no somos conscientes de que afectan a muchos otros animales y a muchas otras especies. Incluidos nosotros”.

En este contexto, la explosión de la primavera en Fuerteventura, con su infinidad de escarabajos, mariposas, arañas e insectos que muchos nunca antes habían visto cerca de sus jardines y cultivos, no es solo una sorpresa: es también una buena noticia.

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