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La prostitución, un colectivo invisible en Fuerteventura

Alrededor del 70% de las mujeres que ejercen el oficio se encuentra en situación irregular

Eloy Vera 0 COMENTARIOS 13/02/2026 - 07:10

Pasan unos minutos de las doce y media. En breve, María y Rani, dos de las trabajadoras sociales de la organización Programa Oblatas Daniela y Programa Oblatas La Casita (Oblatas Canarias), comenzarán a visitar las zonas en contexto de prostitución (pisos, clubes...) en Puerto del Rosario, para repartir material profiláctico; información de la asociación y asesorar a las mujeres sobre los recursos a los que acudir si necesitan atención sanitaria, jurídica, social, psicológica o laboral-formativa. O puede, simplemente, que la visita derive en una conversación para escuchar a uno de los colectivos más invisibles de la Isla.

Fundada hace más de 150 años, la Congregación Oblatas del Santísimo Redentor está presente en 17 países de Europa, África, y América Latina. Desde 2010 trabajan en Canarias, a través de los Proyectos Oblatas Daniela, en Gran Canaria, y La Casita, en Tenerife, prestando acompañamiento, orientación formativo-laboral, atención social, psicológica, educativa y jurídica a mujeres en contextos de prostitución, trata con fines de explotación sexual y en situación de especial vulnerabilidad social.

Desde 2019, un equipo se traslada a Fuerteventura donde realiza un trabajo de calle con mujeres en situación de prostitución. Es martes y María y Rani tienen agendada para ese día la visita a cinco pisos de la capital.

El trabajo comenzó días antes rastreando páginas webs en las que se ofrecen anuncios de prostitución. “Las llamamos o enviamos un mensaje o WhatsApp. Si contestan, les preguntamos si podemos acercarnos al lugar. Si aceptan, nos trasladamos hasta el sitio donde están el día que visitamos Fuerteventura”, explica Rani.

La Isla no cuenta con ningún  recurso de alojamiento para víctimas de trata

Una vez en el lugar, les entregan preservativos, lubricantes y tarjetas de la asociación con toda la información sobre los servicios que disponen en materia jurídica, social y sanitaria. 

Se centran en Puerto del Rosario, porque es “donde mayor número de mujeres solemos encontrar ejerciendo la prostitución, aunque, desde hace algún tiempo, nos trasladamos a otros puntos de la Isla”, detalla María.

En los últimos tiempos, se están desplazando a puntos de Pájara, Corralejo y las zonas turísticas de Antigua, donde las mujeres se suelen alojar en chalets en régimen de alquiler vacacional.

Las Oblatas mantienen línea directa con otras entidades, vinculadas al tercer sector en Fuerteventura. La organización, aclara María, “no tiene centro específico en la Isla, lo que hacemos es poner a la mujer en contacto con un recurso ya existente, que pueda dar respuesta a su necesidad”.

A través de las dos trabajadoras sociales de Las Oblatas, hacen una radiografía de la prostitución en Fuerteventura, una isla donde la falta de entidades para atenderlas y estudios actualizados sobre la situación del colectivo empujan, aún más, a este grupo a la invisibilidad.

“Las mujeres ejercen en prostíbulos y casas, no en la calle”

La prostitución en la Isla se ejerce en prostíbulos y pisos. “No hemos detectado en calle. En ocasiones, hemos escuchado hablar también de una prostitución relacionada con la llegada de cruceros, pero no es algo que hayamos observado cuando visitamos la Isla”, aclara Rani.

En Puerto del Rosario hay dos prostíbulos activos y el resto son pisos. Las trabajadoras sociales calculan que puede haber, aproximadamente, 32 pisos, en los que se realiza la prostitución y una veintena de mujeres ejerciendo. En el resto de municipios a los que acuden, la prostitución se ejerce en viviendas de alquiler.

Las trabajadoras sociales coinciden en que no existe un perfil concreto de mujer ejerciendo la prostitución en Fuerteventura, aunque, en líneas generales, suelen ser latinoamericanas, sobre todo de Colombia, con edades entre los 20 y 35. También las hay de más edad que siguen ejerciendo el oficio de manera puntual o como única fuente de ingresos. En menor medida, canarias y peninsulares, según la demanda de plazas que haya esos meses.

“Se les deniega la tarjeta sanitaria al no poder acceder al padrón municipal”

En general, explica Rani, “son mujeres que están un tiempo determinado y luego se van a otra isla o lugar de España. Hay algunas fijas, pero la mayoría están en sistema de plaza. Puede pasar que estén en Fuerteventura, coincidiendo con temporada alta turística, y luego regresen a Madrid o Barcelona”.

Tampoco existe, apuntan, un perfil de cliente. Suele ser variado, aunque en la temporada alta turística predominan los extranjeros jóvenes de lugares que coindicen con las nacionalidades que lideran el ranking turístico en la Isla.

Sin sanidad ni vivienda

Alrededor del 70 por ciento de las mujeres que ejercen la prostitución en Fuerteventura se encuentran en situación irregular, lo que se traduce en un obstáculo a la hora de acceder a la vivienda, la sanidad o los servicios sociales. “El empadronamiento es la llave para acceder a todos estos servicios. Sin embargo, la dificultad para acceder a él en España es enorme”, dice María.

Empadronarse en España es un derecho, aun estando en situación irregular. Sin embargo, consistorios de la Isla están impidiendo a las personas migrantes en situación irregular el acceso al padrón.

En Puerto del Rosario hay una treintena de pisos donde se ejerce la prostitución

“Hemos tenido casos de mujeres a las que a la hora de solicitar la tarjeta sanitaria en Fuerteventura se les ha puesto problemas con la documentación por no estar empadronadas”, cuenta Rani. Y agrega su compañera que “estas mujeres se están encontrando con que solo pueden acceder a Urgencias”. “El ejercicio de su profesión supone un riesgo para su salud. Además, es un colectivo que debe tener vacunas, revisiones ginecológicas, etcétera. No tener la tarjeta sanitaria les imposibilita todo esto”, añade.

También se les cierra la puerta de los servicios sociales municipales. Si no están empadronadas, explica María, “sólo se les atiende para orientación en los servicios sociales, pero no para seguimiento”.

“Al no tener acceso al empadronamiento, no pueden acceder, por ejemplo, a la ayuda por alimentos en el caso de que llegaran a necesitarlo de los servicios sociales. Tenemos, entonces, que tirar de recursos del tercer sector como Cáritas”, aclara la trabajadora social.

“No tener papeles hace que tengan dificultades para acceder a una vivienda”

Lograr una vivienda de alquiler en Fuerteventura es una odisea. Si la persona que demanda un techo está en situación irregular se convierte en imposible. “No tener papeles hace que tengan dificultades para acceder a una vivienda”, aclara Rani.

Fuerteventura carece de un recurso de alojamiento público para mujeres que quieren dejar la prostitución y víctimas de trata. Se alojan, la mayoría de las veces, en habitaciones alquiladas. Los alquileres, explica Rani, “suelen ser bastante elevados. En caso de que no lleguen a poder ejercer determinadas semanas, se encuentran con que a final de semana tienen que pagar un arrendamiento sin tener ese dinero. Entonces, corren el riesgo de acabar en situación de calle o aceptando hacer cosas empujadas, en una isla en la que no hay recursos a los que ellas puedan acceder”. “Esto las convierte en más vulnerables de lo que ya están”, denuncian desde Oblatas.

¿Voluntad propia u obligadas? Es la eterna pregunta que aparece en cada debate sobre el tema de la prostitución. Las dos trabajadoras sociales reconocen que no es algo que puedan detectar en una intervención. “Que te lo cuenten precisa de un proceso y crear un vínculo de confianza”, aclaran. En un primer momento, explican, “te pueden decir que están por voluntad propia, pero si se establece un vínculo acaban diciéndote otra realidad. Incluso, ellas pueden que perciban que lo están haciendo por voluntad propia o porque las necesidades las han llevado por ese camino, pero realmente han sido empujadas a ello o forzadas por su situación”.

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